El Güito & El Potito & La Macanita – Septiembre es Flamenco

El Potito

El Potito

Texto: Sara Arguijo

Fotos: Antonio Acedo

Real Alcázar de Sevilla – 11 septiembre 2015

El reencuentro de Sevilla con Potito

Primera Parte. Cante: La Macanita Toque: Manuel Valencia Palmas: Macano y El Chicharito Segunda Parte. Baile: El Güito Cante: Leo Treviño Toque: Basilio García y Jesús Heredia Palmas y baile: Rafael Peral y Miguel Téllez Tercera Parte. Cante: El Potito Toque: José Carlos Gómez Percusión: Ramón Porrina Palmas: Paco Carrasco y Antonio Vargas Fecha. Viernes 11 de septiembre Ciclo: Septiembre es Flamenco Lugar. Reales Alcázares de Sevilla Aforo. Medio.

Definitivamente ni era el sitio, ni era el momento. El espectáculo programado para el viernes en los Reales Alcázares de Sevilla proponía un cartel con tres artistas de edades, intenciones y públicos diferentes que costaba casar en un solo concepto. Por un lado, la cantaora jerezana La Macanita que acudía a esta plaza un día antes de una gala -la de este sábado- dedicada precisamente a Jerez; El Güito, bailaor madrileño de corte clásico al que hay que ver bailar por soleares y El Potito, niño prodigio del cante que se reencontraba con Sevilla después de años sin aparecer en ningún programa.

Por tanto, de partida y usando un término de moda, el maridaje resultaba poco tentador y eso ya complica la digestión. Como comer una tapa de jamón con un zumo de melocotón. Pero el caso es que ciertamente lo que después se expuso sobre las tablas costaba pasarlo hasta con agua (por seguir con la terminología). 

La Macanita cumplió con su habitual recital de tientos-tangos, soleares y bulerías donde defendió su brillo de voz y el carácter de su tierra, acompañada de la flamenquísima guitarra de Manuel Valencia. Sin duda, uno de los respiros de la noche. Trató de empatizar con el público con pataíta y fandango de caracol pero desde el patio de butacas se estaba ya pensando en quién era el siguiente.

Le tocaba supuestamente al Güito de quién esperábamos disfrutar de su soleá inigualable y de su sola estampa. Pero al bailaor prácticamente ni lo vimos aparecer en escena y su intervención quedó reducida al anhelo de lo que fue o de lo que ha sido otras veces.

El Potito, a quién Sevilla añoraba, arregló la cosa y por fin arrancó oles con esa voz rajada y acaramelada que ya se echaba de menos. El cantaor además jugó con el compás, con los tercios y con los tiempos y mostró una madurez donde aún conserva el niño camaronero que es pero a la que ha sumado una seguridad que le permite profundizar en los cantes con soltura. Soleares precisas, unas seguiriyas rotas y tangos y bulerías de enorme eco gitano que sirvieron para que al salir nos quedáramos con el recuerdo del mejor de los platos.


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