Ciutat Flamenco 2015 – Reseña & fotografías

Ciutat Flamenco 2015

Ciutat Flamenco 2015

Texto: Silvia Cruz Lapeña

Fotos: Maud Sophie Andrieux

Mucho arte para tan poco público

El festival que se celebra en el Mercat de les Flors de Barcelona dejó momentos de experimentación interesantes y propuestas más clásicas que tuvieron un seguimiento desigual por parte de la afición. 

El Ciutat Flamenco es un festival de “flamenco sin fronteras” y así se destapó una vez más. Fue en la Sala Pina Bausch, claro, donde tuvieron lugar las propuestas no aptas para los amantes de los reglamentos. Allí presentó Pol Jiménez sus credenciales que, con tan sólo veinte años son: buena escuela, limpia técnica, fino oído y mejor gusto. Su propuesta, “Nu”, tiró de música contemporánea, clásica y flamenca y se acompañó de dos músicos que le dieron todo el contexto que el catalán necesitaba: una guitarra y un chelo, la de Javier Luque y Martín Meléndez, que arroparon con amor y virtuosismo a un Pol que bailó impecablemente. Él mismo reconocía a Deflamenco.com unos días antes que su aportación al baile es la de entenderlo como un solo arte que aglutina varias disciplinas. Y así lo hizo. Fue estatua y escultor con su propios miembros, músico al tocarse a sí mismo y narrador de historias. Por momentos pareció que ese chico, nacido del Institut del Teatre y bailaor del Centro Andaluz de Danza, va a necesitar muy pronto escenarios más grandes para desplegarse. 

De una escuela parecida es Daniel Hernández, que se atrevió con un solo de contemporáneo teñido de danza española, que es lo suyo, aunque siempre la salpique de otras cosas. Su show, “Persona”, fue el reflejo de eso que le gusta a hacer: partir de lo contemporáneo y explorar el cuerpo. Eso mismo fue lo que hizo el maestro de muchos de estos jóvenes que han pasado y pasarán por la sala Pina Bausch: Juan Carlos Lérida, que dejó mudo al respetable con la compañía impagable de Niño de Elche. Lo de menos fue la indumentaria de astronauta que se gastó el sevillano, porque a esas alturas del show ya se habían metido ambos al público más severo en el bolsillo. Tiraron de humor para descomponer los palos, Niño de Elche se ratificó como un gran actor versátil y capaz de todo y Lérida, como un ‘descompositor’ creativo capaz de abrir rendijas por las que ver el flamenco de un modo nunca visto. En “Al cante”, segunda parte de una trilogía en la que explora las tres formas de expresión del flamenco, los dos artistas bailaron, cantaron, interpretaron y sudaron la gota gorda para transmitir al público su mensaje. Impecable de voz y de recursos Niño de Elche, que se atreve con todo, y agudo, intenso y chispeante un Juan Carlos Lérida que en el Mercat de les Flors se le nota en casa. 

 

Los espectáculos gratuitos del hall del Mercat de les Flors también dieron una muestra de la experimentación que se presenta en Barcelona. Fue el caso de Urulario y Gabaldón, de la “Improvisación” de Salao, Albert Quesada
y Zoltán Vakulya y el “A pie de calle” de Daniel Doña. Mientras, en la Sala Maria Aurèlia Campany, pasaban cosas algo distintas. 

 

 

Flamenco sin experimento

En la sala grande del Mercat de les Flors se vio un flamenco más ortodoxo. Arrancó el festival con Belén Maya, que atrajo poco público a verla y escuchar las grandes voces de José Valencia, Gema Caballero, José Anillo y Tomás de Perrate. La obra, “Los invitados”, lleva ya un año girando y está hecha pero acusó las dimensiones de un escenario complicado. El sonido estuvo por las nubes, innecesario con los portentosos tonos de voz de quienes pisaban el escenario. Belén estuvo grácil y serena pero el público del Mercat de les Flors, aunque se puso en pie, no acabó de mostrar el calor con el que suele despedir a los artistas.

Distinta fue la ovación del viernes a David Lagos que presentó su “Made in Jerez” y consiguió que el respetable se hiciera daño en las manos de tanto aplaudir. Lagos se dio entero y cautivó con lo que sabe: su voz. Estuvo perfecto de garganta recogiendo los palos de su último disco, “Mi retoque al cante jerezano” e incluyendo alguna cosa más de su tierra y la minera con la que ganó el Festival de Cante de las Minas de La Unión. Su grupo, perfecto de sal, con Londro tirando de sus tripas, Melchora Ortega de unos encantos que incluyen una voz poco apreciada para lo que vale y Mercedes Ruiz de un baile con el que demuestra que se puede ser visceral sin perder la finura. 

La noche del sábado también generó cierto delirio. Fue gracias a Dorantes que, acompañado de Renaud Garcia-Fons puso en escena un flamenco que se entiende bien en Barcelona. Les acompañaron el sexteto Cordes del món, la bailaora Leonor Leal y el cantaor Salao. Javi Ruibal a la percusión les dio el tono a todos sin perder el suyo: una percusión fina y medida, disfrutada por su ejecutor tanto como por el público que lo aplaudió con ganas durante y al final del concierto. Dorantes mostró temas de sus trabajos anteriores y fue, como suele ser, generoso con sus compañeros. A cada uno le dio su espacio, él se quedó con el justo pero lo hizo brillar. Las piezas que compuso para el sexteto de cuerda emulando los sonidos de los motores de la fábrica donde su abuela La Perrata rellenaba de anchoas las aceitunas fue una delicia. Lo demás, algo a lo que el lebrijano Dorantes acostumbra a su público desde hace años: música hecha por músicos excelentes que tienen talento, intuición y cabeza pero también unas manos preñadas de horas de ensayo.

La clausura corrió a cargo, como el año anterior, de Enric Palomar y unas Bodas de sangre flamencas pero tocadas de jazz. Este fue el único show que se llenó del todo, y la Sala Pina Bausch, que es pequeñita. La grande no consiguió vender todas las entradas en ninguno de los casos. Unos días antes se había celebrado el Día sin Música en protesta por el IVA cultural y es lógico pensar que tal como está el patio, el precio sea un problema. Sin embargo, pasan cosas que dan que pensar: una de las actividades paralelas fue el concierto de Rafael Riqueni en El Dorado y con una entrada de 10 euros, no se abarrotó la sala para ver al maestro sevillano. ¿No será que en Barcelona hay más flamenco que público para gozarlo?

 


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