El cierre del Año del Pueblo Gitano consagra a las sagas flamencas en un acto histórico en La Moncloa donde la música fue el motor del reconocimiento institucional.
El pasado 21 de febrero no fue un sábado cualquiera para la cultura de nuestro país. El Palacio de La Moncloa se vistió de gala para acoger «Gelem, Gelem», el acto institucional que puso el broche de oro a la conmemoración del 600 aniversario de la llegada del pueblo gitano a España. Bajo la presidencia de Pedro Sánchez, la jornada no solo fue una reivindicación política, sino una auténtica exaltación del flamenco como columna vertebral de la identidad española.
El momento de mayor carga simbólica para nuestra disciplina llegó con la entrega de las condecoraciones. El flamenco, entendido como alta cultura, recibió el lugar que le corresponde a través de dos nombres propios que resumen la esencia de la transmisión oral y el genio artístico:
- Pepe Habichuela (Gran Cruz de Alfonso X el Sabio): El maestro de las cuerdas, guardián del toque de la dinastía de los Habichuela, fue condecorado por una vida dedicada a la pureza y la innovación del sonido jondo.
- Lolita Flores (Gran Cruz de Alfonso X el Sabio): Un reconocimiento a su versatilidad y a un apellido que es, en sí mismo, una institución del arte gitano y universal.
Asimismo, la Encomienda de la Orden del Mérito Civil recayó en figuras esenciales como Juan de Dios Ramírez Heredia, el guitarrista Emilio Fernández de los Santos “Caracafé” —cuya labor social en las Tres Mil Viviendas dignifica el instrumento— y la gestora cultural Teresa Peña.
Un acto de cante y juventud
La ceremonia, conducida con sensibilidad por la poeta Noelia Cortés, demostró que el relevo generacional del flamenco está en las mejores manos. Las actuaciones no fueron meros intermedios, sino declaraciones de principios:
- Lela Soto y María Terremoto: Representando a Jerez, las dos cantaoras trajeron el eco de sus ancestros a los jardines de La Moncloa, demostrando que el cante de mujer sigue siendo el faro de esta cultura.
- Israel Fernández y Diego del Morao: La pareja artística del momento volvió a evidenciar esa simbiosis perfecta entre la tradición más ortodoxa y la frescura contemporánea que enamora a las nuevas audiencias.
«España no se entiende sin la huella del pueblo gitano», afirmó el presidente Sánchez, en un discurso que resonó con especial fuerza al recordar el 50º aniversario de ‘Persecución’, la obra cumbre de Juan Peña “El Lebrijano” que puso música a los siglos de lucha y resistencia de su pueblo.
Más allá de los focos, el acto sirvió para recordar a los colosos que ya no están, como Camarón de la Isla, cuya sombra sigue proyectándose sobre cada nota que suena hoy en día y a Rafael Amador que murió recientemente. El cierre del Año del Pueblo Gitano deja un mensaje claro para el mundo del flamenco: nuestra música no es solo entretenimiento, es el archivo histórico de un pueblo que, tras 600 años, sigue dictando el ritmo del corazón de España.
Fotografías Paco Manzano
Fotografías Pool Moncloa / Borja Puig de la Bellacasa
