Delicatessen flamenco. Reseña de 'Morente sueña La Alhambra' – Enrique Morente

Enrique Morente
'Morente sueña La Alhambra'

Reseña discográfica

Enrique Morente. «Morente sueña La Alhambra»

Texto : Marcos Escánez Carrillo
Fotos: Rafa Manjavacas

 

Se hace difícil reseñar un disco cuando uno puede reproducir cada uno de los sonidos que en él se recogen; entre otras cosas, porque de este escrito podría salir cualquier cosa menos una reseña, pero entendámoslo como un ejercicio necesario, por tratarse, entre otras cosas, del disco que se ha alzado en el 2005 con el galardón al mejor disco de cante de los Premios Flamenco Hoy, el de mejor disco de Flamenco de los Premios Nacionales de la Música y el elegido por los lectores de DeFlamenco.com como el mejor disco de Flamenco del año 2005.

A lo largo de la extensa discografía del Maestro Morente podemos observar una incesante evolución hacia los cantes de compás. Evolución que queda patente también en este trabajo.

Si con «El pequeño reloj» abrió el concepto de la obra pictórica-discográfica, en este disco continúa con la búsqueda del absoluto, como piedra fundamental de cualquier obra de arte. Una búsqueda que esta vez se plantea desde el sueño de la belleza, como si se quisiera dibujar la Alhambra como un pequeño universo a partir de un reflejo personal. Una búsqueda del Yo esencial tal y como ya se ha dicho en infinidad de ocasiones: «La única patria del hombre es la infancia». El candor, la luz de la infancia visto a través del sueño del adulto que intenta descubrirse.

De esta forma, aprendemos que nadie, ni siquiera Morente, sueña en clave flamenca todo el tiempo. Bien lo ha demostrado en su dilatada y prolífera carrera.

Realmente, este disco es la banda sonora de una película con el mismo título. Es decir, que realmente constituye un salto al formato más contemporáneo, el video, donde se conjugan el sonido y la imagen.

Abre el disco un martinete con una base percusiva de voces, compuesta por más de 20 combinaciones desarrolladas por el propio Morente. Probablemente el summum de los coqueteos que ha mantenido en grabaciones anteriores con duplicidad de su propia voz. Una verdadera obra de ingeniería. Una idea que el autor va fraguando lentamente en su cabeza; un día graba una voz, otro día otra, otro día un tercio, y así, hasta que un día hay que juntarlo todo, hay que componer el rompecabezas. Los elementos, en esencia, son sencillos; un compás de seguiriyas, un par de letras populares y mucha imaginación.

Con la clara intención de adentrarse en la ya en desuso estética mística-musical, utiliza para ello recursos como el rever, los fondos de voz y caídas melódicas que se relacionan íntimamente con la música gregoriana. Enlaza esto con una seguiriya inacabada dentro de una gótica estructura, para terminar con un martinete que acaricia el cielo, que atraviesa las nubes como si de un rascacielos que desafía la gravedad, se tratara.

Porque en este martinete de Morente encontramos la dualidad del espíritu más natural, aquel flamenco de los años 50, el más encastado y visceral, inmerso en una estructura artificiosa y urbana, una estructura construida desde la racionalidad más compleja. Como si de forma inconsciente. Esta obra de arte acabe siendo un fiel reflejo de lo que un personaje como Enrique Morente ha acabado siendo : «El retorno constante al flamenco desde lo Universal».

El pequeño universo del martinete construido a partir de pequeños detalles, de una sola voz. Coqueteos con la seguiriya y el canto gregoriano le ayudan a conseguir la intimidad necesaria para la eclosión final del Martinete y donde las voces de fondo situadas al final vuelven a llevarnos a la religiosidad gregoriana, para acabar en la histeria colectiva de una calle de Sevilla en Semana Santa, que se cae junto con su Santa Virgen.

Con las gotas de la fuente del Generalife y sonidos guturales de Estrella Morente recordando los pájaros que habitan estos lindos jardines, empieza la segunda gran obra de arte de este trabajo. «Generalife» se llama y con la ayuda de la guitarra eléctrica de Pat Metheny y los pies de Israel Galván como principal percusión, Enrique Morente nos somete a una extraordinaria tensión «in crescendo» siempre.

Este corte, que no es para nada flamenco, viene a confirmar al Maestro entre los más grandes de la música; porque bien podríamos habernos encontrado un tema como este en cualquiera de los discos de Pink Floyd, Chick Corea o Stravinski.

Con la «Seguiriya de los tiempos» aparece la guitarra de Paquete, que de una forma singular, casi a contracompás, acompaña a un cantaor dolorido y reposado, desgarrado y musical, que se acuerda en este palo de un «montón» de grandes artistas imprescindibles para el Arte. Siempre he pensado que las aportaciones que Morente ha realizado en su discografía al cante por seguiriyas son algunas de las joyas más importantes que le debemos y curiosamente, resultan ser las más desconocidas, seguramente por lo agreste del palo.

Morente, sueña la Alhambra» desde los poetas cultos. «Cristalina Fuente» es un poema de San Juan de la Cruz; y con la guitarra de Juan Manuel Cañizares, el piano de Esteban Ocaña o el violín de Rubén Gallardo, entre otros instrumentos, presenta una preciosa composición, que a buen seguro, el Maestro soñó algún día. Así, en lo que podríamos pensar como bulería por soleá, la voz de Enrique y la de Estrella alternan dos ámbitos de una misma melodía.

«Chiquilín de Bachín» es una bonita y triste canción de Horacio Ferrer y Astor Piazzola. Seguramente, al incluir este tema lo que ha pretendido es hacer un homenaje a esa cantidad de personas que en la Alhambra, o cualquier otro sitio que acabe siendo reclamo para el turismo, se buscan la vida al amparo de la generosidad humana, siempre poca y mala.

La «Soleá de la Ciencia» también podría llamarse «Joyas por Soleá». La guitarra de Tomatito sigue siendo un lujo por aquí, y la privilegiada capacidad del granaíno se escapa otra vez de la memoria para crear nuevos sonidos a partir del matiz. Desde la sencillez y la naturalidad de lo conocido. Para prueba un botón :

Presumes que eres la ciencia,
Yo no lo comprendo así,
Porque si la ciencia fueras
Me «hubieas» comprendío a mí;
Porque siendo tú la ciencia
No me has comprendío a mí.

Dos formas distintas de decir lo mismo, que nunca antes oí que se hayan conjugado en el mismo cante, ambas con enorme plasticidad andaluza, y que obligan a matizar la melodía de distinta forma, amén de que el Maestro nos enseña siempre que todo está por aprender: haciendo una pausa en «porque si la», convirtiendo el silencio en parte de la melodía, mientras que la segunda vez que repite estos dos tercios, acelera el desarrollo del primero para hacer recaer el silencio en el segundo tercio, «no me has compren», y recoger la melodía en el mismo tercio para rematar finalmente. Si yo pudiera, ahora incorporaría un silencio a este documento, un silencio que formara parte de este reconocimiento a la Maestría y a la intuición musical…

Y retomemos el hilo con este polo actualizado, que suena a renovado por diversas razones : el compás acelerado; la guitarra de Alfredo Lagos que con extraordinaria originalidad aporta elementos muy interesantes, sobre todo por su carácter incisivo en las respuestas; la incorporación de las voces de Estrella y el más joven de los Morente, José Enrique; y el mix que el patriarca realiza con músicas y composiciones que muchísimos años ha desarrollara. Con refuerzos sonoros de bajos en voces como la que incorpora en la letra «Si unos ojos te miran» o el de la letra «Un pañuelo de lunares», en el que el recurso del rever acaba siendo imprescindible. Todo, finalmente, aporta un cromatismo sonoro extraordinario.

«Donde habita el olvido» es un poema de Luis Cernuda al que más de un cantautor ha dedicado algún que otro pensamiento. Otra vez aparece la guitarra de Pat Metheny con una fuerte personalidad. Realmente se trata de una melodía intimista, de débil estructura. Una especie de búsqueda de la sensibilidad. Así, cuando se encuentra con tan sublime poema, todo se refuerza; y venimos a entender parte de este sueño en el que el artista quiere desprenderse de su memoria para encontrar la libertad plena, porque al desprenderse de su memoria se desprende de todos los prejuicios. En el último tercio del tema, el cantaor asimila y personifica el texto, aplicando una especie de desgana en la vocalización, casi en el abandono, cuando hace referencia a ese sitio «donde pena y dicha no sean más que nombres», donde «cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo», para terminar en un magnífico desarrollo musical en manos de Metheny, Benavent, Di Geraldo, Estrella… allí, donde no podrá habitar el olvido nunca…

El «Taranto Veneno» es una grabación rescatada con la guitarra de Juan Habichuela, con falsetas que en el andar del tiempo se han convertido en una seña de identidad de este palo, y la voz de Enrique, la de hace unos años; la que en definitiva ha constituido un privilegio para el flamenco, y eso sin considerar su particular forma de abordar estos cantes levantinos, en las que siempre ha demostrado una magnífica preparación y un excelente gusto.

Y termina, porque en algún momento tendría que terminar…, con la última carta que Miguel de Cervantes escribió pocas horas antes de fallecer. La crudeza del tratamiento que aplica a la despedida última el más insigne novelista de la historia de la literatura universal es algo poco conocido que el Maestro pone al alcance de los aficionados a la buena música. Con fondo de coros, y percusión, para la cual también se apoya en su propia voz, va estimulando el rever para dar sensación de lejanía.

Vuelve a las apoyaturas de la música gregoriana con un planteamiento estructural, que no musical, parecido al del tema que abre el disco. Morente quiere acercarnos a esa intimidad terrible de asumir la muerte desde las ganas incondicionales e insaciables de vivir que despiertan en todo el que se sabe cerca de la muerte.

Con la elección de este texto para cerrar un disco que se quiere acercar al movimiento surrealista desde la reflexión, se abre una nueva y doble sensibilidad en la discografía de Enrique Morente. Por un lado intenta abarcar la esencia de la vida desde el sueño y por otro intenta proyectar esta misma esencia desde la muerte.

Y ahora sí que podríamos pensar en la desilusión que supondría que su próximo proyecto discográfico pudiera no sorprendernos. Las metas que se va autoimponiendo en cada uno de sus trabajos nos exceden, con mucho, a todos los mortales. Me pregunto si algún día podremos presenciar alguna debilidad, o por el contrario, acabará desvelándonos todos los secretos de la música…

Por lo pronto, sabemos que esta historia, la suya, ya es irrepetible, y nuestro privilegio es ser testigos…

 

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