Percusionistas flamencos: músicos del tiento

Percusionistas en el Flamenco

Percusionistas en el Flamenco

Texto: Silvia Cruz Lapeña

Los percusionistas de hoy dan brillo al flamenco: beben de otras músicas y no se conforman sólo con marcar el ritmo.

Modestia y buen oído son dos de las características de todos los entrevistados que aparecen en este artículo. Quizás porque están acostumbrados a ir detrás, quizás porque saben que aún hay quien piensa que lo suyo es secundario, prefieren hacer su trabajo sin ruido pero sin pausa. No están todos los que son, qué más quisiéramos, pero ya ha sido difícil hablar con los que aparecen. Porque estos percusionistas tienen trabajo, bastante trabajo, y ninguno se queja de su caché, aunque sí del IVA cultural y de una crisis que ha permitido que broten muchos advenedizos. 

Desde que Rubem Dantas pusiera en la palestra el cajón peruano de la mano de Paco de Lucía, han pasado casi cuarenta años y el papel del percusionista ha cambiado mucho. Para empezar, cada vez menos gente cree que su papel sea prescindible. “Si es absurdo negar que los pilares del flamenco son el cante, la guitarra y el baile, también lo es negar que la percusión está en pleno auge”, explica uno de los más solicitados, Agustín Diassera. Para el onubense, el trato rítmico es uno de los elementos musicales mas diferenciadores del flamenco en comparación con otras músicas del mundo. “Por lo tanto, no es de extrañar que se añada percusión, es la inercia lógica.” 

No sólo flamenco

Diassera vive un momento de crecimiento. El ejercicio agotador y virtuoso que realizó en la “La tentación de Poe”, de Rubén Olmo, aún se recuerda en Jerez, donde lo presentaron en 2015. Hora y media de percusión en directo, siguiendo los vericuetos y las genialidades del ganador del Premio Nacional de Danza. Casi sin descanso, estrenó la ópera “El público” en el Teatro Real de Madrid y poco después presentaba su colaboración en el último disco del guitarrista Juan Carlos Romero. “Con el flamenco, para mi, no es suficiente. Cuando te adentras en otras músicas, te quitas complejos, te vuelves más honesto con la música en general, y con el flamenco en particular.” Por eso se atreve con jazz, pop, rock o cantautores. 

Esa inquietud se ve también en sus compañeros. Paquito González es un ejemplo. El de Sanlúcar de Barrameda asegura que aunque su trayectoria es muy flamenca, le encanta meterse en los folclores argentino y brasileño, en la música clásica y en la persa. También en el jazz, género que explora con la formación Ultra High Flamenco. “Me gusta mezclarme con otros músicos y degustar los guisos que salen de ello, me gusta compartir y aprender”, explica este hombre al que reclaman grandes como Miguel Poveda o Vicente Amigo.

Más que cajón

Aquel cajón peruano que atrajo a Paco de Lucía, se convirtió en un buen instrumento por ser más pequeño que una batería, más fácil de transportar y porque imitaba, casi a la perfección, los zapateados del bailaor. Esas virtudes se han superado con creces, porque los percusionistas ya no van sólo con sus manos y una caja y porque lo de usar el cajón como sustituto de los pies se ha quedado para los tañedores poco ambiciosos. 

“Yo apuesto más por la sutileza y sólo uso la fuerza cuando lo requiere el momento”, explica Chico Fargas, acompañante habitual de Mayte Martín, que en el estreno de “Al flamenco por testigo” volvió a demostrar lo delicado de su sello. Para él, sin embargo, “aún queda mucho camino por recorrer en la percusión flamenca.” 

Con esa opinión del esteponero están de acuerdo muchos de sus compañeros. “En el rock se habla de que un grupo es tan bueno como sea su batería. En el flamenco no se acaba de superar una línea. Yo creo que un instrumento no es más o menos flamenco que otro pero para asumir eso, al flamenco todavía le queda un poquito.” Habla Javi Ruibal, percusionista que acompaña a Dorantes. Él empezó con 13 años, también de un modo azaroso, y además de bucear por el flamenco, tiene un grupo de rock progresivo, Glazz. La de Ruibal no es una batería al uso, pues la toca sentado en un cajón, con bombos y platos pero también con darbouka y timbal brasileño. 

Intrusismo

¿Cuáles son las cualidades de un buen percusionista? “Sutileza, elegancia y dinámica”, responde Diassera. “Lo primero es el concepto y tener claro el papel que desempeñas”, contesta Paquito González y añade “versatilidad, técnica, sonido y matiz.” Para Fargas, “sentido rítmico, creatividad y personalidad.”. Para Ruibal, la musicalidad, sentido del pulso y del ritmo. Para él “la percusión es el colchón en el que los demás músicos se sientan.” 

El buen momento de la percusión también lo refleja José Manuel “Bandolero”, que ha trabajado con Antonio Canales, Enrique Morente, Chano Domínguez o Carles Benavent, entre otros muchos. Tampoco a él le gusta colgarse etiquetas. “Ahora estoy más metido en el jazz, porque voy mucho con Jorge Pardo, pero no pretendo especializarme.” 

Sobre las condiciones laborales de los percusionistas, Bandolero no se queja, pero asegura que todavía se hacen muchos chistes con ellos. “Aquí estamos los músicos, y aquí los percusionistas…”, explica riendo y asegura que eso cada vez pasa menos aunque él también es de la opinión que un percusionista debe tener claro que el protagonista es el cantaor y debe asumir su rol. Los demás se expresan en el mismo sentido. “No me quejo de lo que me pagan, me quejo más del IVA”, dice Paquito.

 

Las que tocan el cajón

Pero no todo es dulce en el mundo del timbal o los cajones. La crisis de los últimos años no ha mermado el interés por esta disciplina pero sí ha saturado el mercado de gente que no siempre tiene la cualificación necesaria. “Hay musicazos que están sin trabajo y otros, que salen de la nada y con poca experiencia, saltan escalones de tres en tres y no paran”, critica Paquito González para quien esta realidad provoca que haya cierta falta de concepto en su arte. “Hay gente que no sabe sentarse ni en el instrumento y sin embargo, da clases y exigen condiciones que ni gente con 20 años de experiencia”, remata el de Sanlúcar. 

Otra nota desafinada aparece entre las mujeres. Si no son menos que ellos, lo parecen, pues se las ve poco en grandes espectáculos en los que sí están sus compañeros. Algunos casos como los de Eli Maya, que acompaña al bailaor Ivan Vargas o el de Noelia “La Negri” son casos destacados. Pero aún no tienen el reconocimiento que tienen sus compañeros y las que ahora suben constatan que hacerse un hueco no es fácil. 

“A mi me dijeron en una peña que cogiera el cajón y me fuera.” Habla Marta Orive, una percusionista cordobesa de 24 años que también hace sus pinitos en la música house. Ella misma explica cómo una bailaora se la llevó de acompañante a un programa de televisión pero luego no la llamó más. “Es que para la tele queda más elegante una mujer”, le contestó la que la contrató. Paquito González es su referente, aunque Marta cree que las mujeres tienen un punto distinto. “No tenemos la misma fuerza, eso ya es una diferencia, pero lo suplimos dándole nuestro tacto, nuestro sello.”

Marta, que está ahora embarazada de siete meses y medio, ha tenido que aparcar la caja porque la barriga le supone un impedimento físico evidente. Pero no piensa renunciar a su cajón. “A pesar de las dificultades, seguiré, porque esto me tira desde pequeña. ¡No puedo evitarlo!” 

Más que compás

Esa vocación temprana que explica Orive es común a todos los entrevistados. “No fue una decisión sólo sé que a los 5 años me atraía todo lo relacionado con la música y notaba que mi cuerpo y mis manos siempre estaban acompañando con ritmos a los distintos estilos musicales de la época”, explica Fargas. Diassera también lo sintió así aunque asegura que ni sirve sólo el deseo. “En un 50% depende de que alguien te dé opciones de tocar.” Ruibal empezó algo más tarde, a los 13 años, pero también por casualidad. Hoy, con 31, confirma que es una carrera difícil pero que a él ya no le gusta hacer otra cosa. 

Ya no se desprecia la percusión. Gente como Antonio Carmona, que tiene grabados más de cien discos como percusionista, o el mismo Rubem Dantas la pusieron en el foco. Hoy, una generación de músicos jóvenes le da brillo. Gracias a su trabajo, pocos se atreverían a enunciar aquello que dijo Farruco: “El cajón soy yo”, frase con la que señalaba que él no necesitaba a nadie que le marcara el compás. Porque los percusionistas de hoy no se limitan a indicar el ritmo: son músicos. Y música es lo que hacen. 


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