En su 30ª edición, el Festival de Jerez se enfrenta a una fecha simbólica que invita tanto a la celebración como a la reflexión. Al frente de esta etapa se encuentra Carlos Granados, director de Fundarte y por lo tanto del festival y del Teatro Villamarta, que afronta su tercera edición al frente del certamen —la segunda programada íntegramente por él— con una mirada consciente del pasado, atenta al presente y comprometida con el futuro del flamenco.
En esta conversación, Granados reflexiona sobre la evolución del festival, el equilibrio entre tradición y cambio, la presión de los estrenos, el papel del público, los espacios escénicos y la responsabilidad de abrir camino a nuevas generaciones de artistas.
El Festival de Jerez cumple 30 años. ¿Cómo se enfoca una edición tan significativa?
Más que como una celebración en sí misma, la he enfocado como una reflexión. Una reflexión sobre el festival, sobre la ciudad y sobre el propio sector del flamenco. Partimos de una fórmula creada por Paco López y continuada con enorme acierto por Isamay Benavente, y creo que era el momento de preguntarnos en qué punto estamos, qué papel juega hoy el flamenco en la sociedad y cómo podemos seguir siendo un festival pionero, comprometido con su tiempo y con el futuro.
¿Se puede “tomar el pulso” a un festival con tres décadas de historia?
El pulso de algo que está vivo es muy difícil de fijar. Hay que estar tomándolo constantemente. El público cambia, los gustos cambian, la sociedad cambia… y los artistas también. Incluso cuando son los mismos nombres de hace 30 años, ya no son las mismas personas ni los mismos creadores. Eso es evolución, es vida.
Por eso digo que no tengo el pulso del todo pillado, ni creo que deba estarlo nunca. Hay que mantenerse alerta, escuchar al público y observar por dónde van las creaciones artísticas.
Este año se habla mucho de libertad creativa como eje del festival.
Sí, porque nos interesa que los artistas puedan ser, expresarse y crecer a través del flamenco, y que el público crezca con ellos. Que se identifique, que proyecte su propia realidad en lo que ve y escucha. Ahora bien, programar con libertad total es imposible: Jerez, el propio flamenco y la tradición generan condicionantes inevitables.
El flamenco tiene un público muy apasionado, que lo siente como algo propio. Eso es maravilloso, pero también implica que cualquier cambio, por mínimo que sea, genere críticas viscerales. Forma parte del juego.
¿Cómo se gestiona esa tensión entre cambio y tradición?
El festival es un fluido, se va adaptando a las circunstancias. A lo largo de estos 30 años ha cambiado de espacios, de formatos, de contextos económicos. Este año también hay cambios, algunos por necesidad, otros por convicción.
Intentamos conservar siempre la esencia: si no es el mismo espacio, que al menos se mantenga su espíritu. Y también me interesa que el festival sirva para que el público visitante conozca la ciudad, que recorra Jerez con la excusa del flamenco.
El Festival de Jerez ha sido históricamente un escaparate de estrenos. ¿Sigue siéndolo?
Cada vez es más complejo concentrar muchos estrenos en un solo festival. Hoy hay más citas importantes, como la Bienal de Sevilla, y los artistas deben decidir dónde presentar sus trabajos. A mí no me gusta excluir a un artista porque no estrene aquí.
Los festivales tenemos una responsabilidad con el sector. Crear un espectáculo es un riesgo enorme y luego hay que rentabilizarlo. Si una obra se estrenó hace dos años y sigue viva, hay público que no la ha visto y merece verla.
Exigir un estreno anual a los artistas es insostenible. La cabeza no puede dar para tanto, no puede estar haciendo un éxito cada año.
Esta edición cuenta con doble cartel. ¿Por qué?
El autor, Daniel Diosdado, cierra una etapa de diez años creando la imagen del festival. Ha sido fundamental para dotarlo de identidad visual y me parecía justo cerrar este ciclo con un doble cartel, que dialogan entre sí. Es un cierre elegante y muy simbólico para una edición tan especial.
En los meses previos al festival trascendió la existencia de problemas relacionados con la subvención del INAEM. ¿Qué ocurrió exactamente?
La subvención a la que te refieres corresponde a la convocatoria de 2025, cuya solicitud se presenta una vez finalizado el festival. Nosotros dábamos por hecho que estaba correctamente tramitada, porque toda la documentación estaba preparada con antelación. Lo que ocurrió fue un fallo informático, concretamente relacionado con el sistema de acceso y la caché del navegador, que impidió que la página se actualizara correctamente. No fue un error humano deliberado ni una dejadez, sino una incidencia técnica que ya hemos analizado para que no vuelva a repetirse.
Hablemos de la programación. ¿Qué destacaría de esta edición?
No me gusta señalar espectáculos concretos porque todos están ahí por una razón. Dicho esto, la inauguración con Manuela Carpio es muy especial: un elenco amplio, una propuesta ambiciosa, casi histórica.
También están nombres muy vinculados al festival como Olga Pericet, María Moreno o Jesús Carmona, artistas que forman parte del ADN del Festival de Jerez. Y propuestas que generan gran expectación, como Belén López, que está en un momento de enorme madurez artística.
Habrá también una gala muy jerezana el 28 de febrero, con Mercedes Ruiz, Leonor Leal y Salomé Ramírez, y una apuesta clara por creadores que pisan el festival por primera vez.
¿Existe una “cuota Jerez” en la programación?
No trabajo con cuotas, trabajo con proyectos. Si el proyecto me interesa y encaja, adelante. Evidentemente, Jerez tiene una presencia importante porque aquí hay artistas con una trayectoria y un nivel incuestionables.
Además, creo que es nuestra obligación abrir puertas a creadores que llevan años trabajando y aún no habían tenido espacio en el festival. Algunos funcionarán mejor que otros, pero la oportunidad hay que darla.
El festival trasciende los escenarios oficiales.
Totalmente. El Festival de Jerez es de toda la ciudad. Las peñas, los tabancos, las juergas nocturnas, las escuelas… todo eso forma parte de su identidad. Hay un flamenco escénico y otro que surge de forma espontánea, donde no sabes si hay más arte en el público o sobre el escenario.
Este año, además, el ciclo de peñas incorpora un guiño a la capitalidad gastronómica de Jerez, con degustaciones de platos típicos. Es una forma de celebrar lo nuestro en todos los sentidos.
Dirigir el Festival de Jerez y por lo tanto Fundarte implica una enorme carga de trabajo.
Es un puesto complejo. El flamenco, la temporada lírica, la programación anual, la Fiesta de la Bulería… todo se solapa. A veces cuesta tomar distancia y analizar con calma, porque vas subido a la ola.
Por suerte hay un equipo magnífico. Los recursos son limitados, pero trabajamos para sacar todo adelante con dignidad.
