XV BIENAL DE FLAMENCO. 'EL INDIANO. Bailes de ida y vuelta? Ballet Flamenco David Morales. Rosario Toledo, Javier Ruibal

Resumen: XV BIENAL DE FLAMENCO. 'EL INDIANO. Bailes de ida y vuelta? Ballet Flamenco David Morales. Rosario Toledo, Javier Ruibal

XV BIENAL DE FLAMENCO DE SEVILLA

‘EL INDIANO. Bailes de ida y vuelta’
Ballet Flamenco David Morales

Artista invitada: Rosario Toledo
Colaboración especial: Javier Ruibal

10 de octubre – Teatro Central – 21:00 horas

Texto: Estela Zatania
Fotos: © Archivo Bienal de Flamenco, Luis Castilla

Baile y coreografía: David Morales. Colaboración en coreografías: Javier Latorre, Úrsula López. Baile: Rosario Toledo (artista invitada). Cante: Rocío Bazán, José el Ecijano, Jesús Corbacho. Guitarra: Paco Javier Jimeno, Óscar Lagos. Contrabajo: Manuel Calleja. Piano: Alberto Miras. Percusión: Javi Rubial. Colaboración especial: Javier Ruibal.

A lo mejor soy ingenua.  Seguro que sí.  Pero soy de la opinión de que si pagas dinero para acudir a un teatro, ocupar una butaca y estar hora y media inmovilizado en la oscuridad, rodeado de un montón de desconocidos, y encima, no hay donde aparcar y debes tomar la cerveza “sin”, pues no sé, pienso que esto se hace a cambio de pasarlo bien.  Aunque la obra sea una tragedia de Shakespeare, si no hay catarsis, los mensajes seudo intelectuales y/o políticos corresponden a las ponencias y libros: el arte es para otra cosa.

Lo que pretendo decir es que “El indiano” es más grande que la suma de los elementos que lo componen.  Al protagonista, se le nota totalmente entregado, pero como bailaor, es corriente y sus coreografías huelen a desfasadas.  Las voces, competentes sin más.  El guitarrista Paco Javier Jimeno sí que hace un trabajo estupendo, tiene oficio, y todavía practica aquella costumbre de antes, de mirar al bailaor o cantaor cuando baila o canta (fijaros en los espectáculos, los que no miran al intérprete, están tocando música de partitura mental de la cual el/la artista no puede variar).  Y para hablar de la bailaora Rosario Toledo, no tengo suficientes palabras halagadoras.  Técnica aparte, que la suya es apabullante, tiene un instintivo gusto flamenco, y una personalidad absolutamente original y bien definida.

“El indiano” no es una obra perfecta, pero insisto, el concepto funciona, si algo de lastre se puede ir soltando, y lo que es más importante en esta Bienal de Flamenco, la teatralidad está supeditada al baile, guitarra y cante, un equilibrio que demasiado a menudo se les escapa a otros directores.  La obra está basada en la premisa de un español regresado de las Américas, que desembarca en Cádiz para volver a descubrir su tierra natal, ahora con los sabores y recuerdos de ultramar implantados en su psique: el fenómeno del flamenco llamado “de ida y vuelta”.  La nueva generación defiende su (a veces) dudosa fusión con otras músicas actuales, alegando que el flamenco nace de una histórica mezcla de influencias, y tienen razón, pero hasta ahora no hemos visto una mirada tan clara a aquellas fusiones anteriores que ya han ganado su lugar legítimo dentro del repertorio clásico.

David Morales, “El indiano”, llega a Puerta Tierra, esa estrecha tira de la geografía española que une Cádiz capital con el mundo “exterior”, el perfecto lugar para que tenga lugar la transformación que pretende destacar.  Vestido convincentemente de gaucho, irrumpe en un garito de mala muerte donde suena música, pero sus intentos de bailar desembocan en los brincos del Malambo y otros bailes de las pampas.  Sin embargo, al quitarse el pantalón y espuelas de gaucho, revelando indumentaria normal de caballero, es capaz de bailar flamencamente.  Una mijita obvio, pero lo hace funcionar evitando provocar la vergüenza ajena. 

Sigue una serie de bailes y cantes, vidalita, guajira, milonga, colombianas o la Gota Fría, entre otros temas, con sencillas historietas de amor y desamor, que es cuando Rosario Toledo nos gana el corazón colectivo, en solitario, bailando con Morales o revolcándose en su “borrachera” encima de una mesita de madera.  En la clásica canción Guantanamera, hay un juego rítmico con medidas musicales sobrepuestas que parece representar el momento definitivo de la eclosión fusión de las dos culturas.

Todo acaba con el baile por soleá del protagonista, y un mini fin de fiesta con cuplé por bulería cantado por Javier Ruibal.  Y de alguna manera quedan homenajeados artistas desde Silverio hasta Curro Terremoto, Carmen Amaya o Esteban de Sanlúcar entre muchos otros, grandes flamencos que en su día cruzaron el charco, algunos para no volver nunca.

 

 

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