La Noche Blanca del Flamenco de Córdoba decae en su décimo aniversario por el calor y un programa de muchos nombres desconocidos y poca jondura

Noche Blanca del Flamenco

Noche Blanca del Flamenco

Texto: Sara Arguijo

Fotos: Toni Blanco

Festival: La Noche Blanca del Flamenco de Córdoba Fecha: Sábado 17 de junio Lugar: Córdoba

 

Tuve que vivir en Córdoba algunos años para darme cuenta de la indignación que les genera a los cordobeses que su ciudad sólo aparezca en los informativos nacionales cuando toca hablar del calor. A los que vivimos en capitales se nos escapa a menudo ese tipo de detalles pero lo cierto es que el cabreo está más que fundamentado primero, porque no es el tiempo lo único relevante que pasa en esta preciosa ciudad y, segundo, porque sabemos que las altas temperaturas afectan igual en otros puntos que no salen en las televisiones seguramente por recomendaciones políticas.

Cuento esto porque la alerta naranja o roja con la que abrieron ayer sábado todos telediarios (donde, por cierto, no hubo ni una alusión al evento que reseñamos) tiñó definitivamente la X edición de la Noche Blanca del Flamenco de Córdoba, que lejos de refrendarse como una de las citas flamencas imprescindibles en el calendario jondo estival ha mostrado este año su cara más deslucida.

Claro que no podemos culpar únicamente al sol de la evidente disminución de público que se vio en los espectáculos y por las calles, donde por primera vez se podía andar con absoluta tranquilidad. Primero porque a quienes puede desmotivar más esta circunstancia es a quienes se plantean la visita a última hora, es decir, a los propios cordobeses o visitantes de ciudades cercanas, y un evento de esta índole no debería tener un enfoque local. Y segundo, porque algo ha tenido que ver la programación de un cartel de nombres desconocidos y bastante poco flamenco.

Ya en años anteriores advertimos de la necesidad de que la Noche Blanca del Flamenco se definiera a sí misma. Que hiciera el simple ejercicio que podría hacer un niño de la ESO de plantearse qué es, a qué público se dirige y cuáles son sus objetivos y trabajara a partir de ahí con criterio. Pero, lejos de esto, Córdoba ha desperdiciado la gran oportunidad de su décimo aniversario programando de nuevo un batiburrillo que pretende contentar a todos y que se ha demostrado que no entusiasma a nadie. Guiño a lo local, unas gotas de multiculturalidad, pincelada de baile, y mucho flamenquito, por llamar de alguna forma a la inexplicable presencia de un artista como Mario Díaz en un evento que se apellida flamenco.

Es verdad que es absurdo recurrir a la nostalgia y recordar aquellas noches que abrieron Morente, Manolo Sanlúcar, Miguel Poveda e Israel Galván, o El Lebrijano o esas otras, también con ola de calor africana, en la que el público se emocionaba con el rotundo eco de El Toto. Pero, en un décimo aniversario, hubiera estado bien haber diseñado una propuesta más meditada. Y no nos referimos tanto a más mediática -porque desde luego poco se conoce fuera de Córdoba muchos de los artistas que intervenían este año- sino a más motivadora. También para aquellos no aficionados que decidan lanzarse a las calles a pasar un rato entre amigos acaben descubriendo lo que el flamenco les puede ofrecer.

No vamos a hacer crítica de cada uno de los espectáculos porque las condiciones no permiten aquí valorar a los artistas. Pero sí señalaremos la deslucida apertura en la Plaza de las Tendillas de Marina Heredia, Arcángel y Carmen Linares, o la irregular propuesta que protagonizaron Lole Montoya, El Calli y El Pele, quien remontó un ambiente ya decaído en la Corredera pasando las 3.30 horas de la madrugada. O, por el contrario, la calidez que imprimió la bailaora Ana Morales al entorno de la Calahorra y el entusiasmo y derroche de jondura que dejaron Pedro El Granaíno, Jorque Pardo y Patrocinio Hijo en el Homenaje a Camarón que tuvo lugar en la plaza de San Agustín, en dos de las citas más aplaudidas y valoradas por los aficionados.

En otro estilo, también gustó bastante el recital de Manuel Lombo con la excelente guitarra de Rafael Rodríguez El Cabeza, en la Plaza del Potro, y la apoteosis final que desató Miguel Campello en la Puerta del Puente frente a un público entregado.

Nos perdimos la actuación de los Premios Nacionales 2016 El Currito, José Anillo y El Barullo, en San Basilio; el Homenaje a los guitarreros cordobeses, en el Patio de los Naranjos; el de ‘Mujeres al Cante’, que tuvo lugar en Villarubia; el concierto de Las Migas, el de Mario Díaz y el de Simo Baazzaui. En algún caso por horario y en otros por razones obvias.

 


Salir de la versión móvil