Festival de Jerez: Farruquito & Karime Amaya / La Truco

Texto: Estela Zatania
Fotos: Ana Palma

Jueves, 7 de marzo, 2013. Jerez de la Frontera

 

Especial XVII Festival de Jerez – Toda la información

EL FLAMENCO SIN COMPLEJOS

En la recta final del Festival de Jerez, una ráfaga de flamencura en dosis masiva anoche nos despertó de cierto letargo que inevitablemente te invade en estos eventos de larga duración cuando ves tanta obra conceptual, algunas cosas no tan coherentes o de difícil lectura.  Dos espectáculos, sin la privación sensorial de la negrura, sin intelectualismo rebuscado, con abundancia de cante y compás y, a juzgar por las emocionadas ovaciones del público hacia el comienzo de los dos espectáculos ofrecidos, con aquello que la mayoría de los aficionados que acuden al Festival de Jerez anhelan encontrar.

 

FARRUQUITO “ABOLENGO”
Teatro Villamarta, 2100h

Baile: Farruquito. Artista invitada (baile): Karime Amaya. Piano: Jaime Calabuch. Cante: Encarnita Anillo. Cante y palmas: Antonio Villar, José Manuel Doya “Zambullo”. Guitarra: Román Vicenti. Violín: Bernardo Parrilla. Percusión: Luis Amador. Coreografía: Antonio Canales, Farruquito. 

 

El Teatro Villamarta se llenó hasta la bandera por primera vez en lo que llevamos de festival.  Mucho antes del comienzo, la gente estaba en estado de extrema expectación, como un montón de críos esperando la llegada de los Reyes. Y lo que nos aguardaba no fue para menos: la oportunidad de contemplar el arte de dos interpretes descendientes de la realeza flamenca.  “Abolengo” se titula la obra, y por una vez nadie tenía que rascarse la cabeza buscando su significado: Juan Manuel Fernández Montoya “Farruquito”, y Karime Amaya, descendientes de los Farrucos y los Amaya respectivamente, compartiendo el mismo escenario, bailando juntos incluso.  Ni el menos creyente en la teoría del “arte en la sangre” es capaz de resistir tal propuesta.

Farruquito lleva algunos años sin poderse ubicar del todo, sin encontrar la fórmula que le permitiría volver a conectarse con el público.  Con “Abolengo”, y gracias en gran parte a la colaboración de la bailaora Karime Amaya, ha dado con la clave.  Aparte del obvio atractivo de la unión de las dos grandes dinastías de baile flamenco, Karime tiene la suficiente personalidad y capacidad para hacer frente al mega talento de Farruquito. Otras mujeres han sabido emular las formas farruqueras con bastante éxito, pero la sobrina nieta de Carmen Amaya lo hace con entidad propia, y lo hace en mujer.  

En primer lugar, ya podemos darlo por hecho: el baile flamenco de pareja vuelve a circular.  Farruquito es un bailaor de inspiración, la lógica parece indicar que cualquier intento de colocarlo en una coreografía fija con otra persona sólo le puede restar.  Pero no.  Hay química y comunicación entre él y Karime, otra faceta de la personalidad artística del joven bailaor, y ella tiene el nivel técnico para estar a su altura.

Una profunda nostalgia hemos sentido en la breve escena de bulerías al cargo de Karime que realiza una copia casi exacta de la famosa escena de la legendaria película “Los Tarantos” (que este año cumple cincuenta años), hasta las mismas falsetas de guitarra, mismos golpes en la mesa, mismos cantes, cualquiera no se emocionaba al ver a esta joven reproducir con tanto cariño las formas de su ilustre antecedente.  También nos muerde donde duele cuando hace de “Lola” para el “Caracol” de Antonio Villar que le canta “La Niña de Fuego”.

Farruquito hace de lo suyo, lo que esperamos de él: intensidad anímica, el tiempo rebanado, dividido y despachado a voluntad, baile de imaginación y pellizco.  Se deja llevar por los doce tiempos encima de una mesa, y también su baile de alegrías es un pretexto para más de lo mismo, sin que se repita.  Karime se comunica de tú a tú mediante un compás de bulería por soleá con la cantaora Encarnita Anillo (que por cierto, ha madurado artísticamente de forma impresionante), dejando al personal agotado de jalear y aplaudir cuando todavía falta el baile final de Farruquito por soleá para cerrar.  

Con el aire así de espeso de emoción, Farruquito coge el micrófono para dar las gracias, nombrando a su abuelo Farruco y a Carmen Amaya antes de un breve fin de fiesta con rodillazo espectacular del bailaor incluido.

Eficaz puesta en escena (excepto por la colocación del guitarrista Román Vicenti detrás de una gran mesa), buen trabajo de los cantaores Villar y Zambullo, importante la aportación coreográfica de Antonio Canales y bello diseño de iluminación que firma el también bailaor, Óscar de los Reyes.

 


 

 

LA TRUCO “SENTENCIA”
Ciclo: Muy flamencos
Sala Compañía, 1900h

Baile: La Truco, Ricardo Moró, Stefano Domit, Cristián Truco. Cante: José Jiménez “El Bocadillo”, David Vázquez “El Choquero”. Guitarra: Antonio Españadero, Fernando de la Rúa. Flauta: Diego Villegas. Percusión: Manuel Masaedo.

Un par de horas antes, La Truco, bailaora madrileña, dejó claras sus intenciones flamencas en el escenario de la Sala Compañía.  Directamente llega al meollo abriendo con unas alegrías expansivas y dinámicas con olor a salitre, palmas, cante, bata de cola y flor en el pelo, y los del público reaccionan desde el principio con felices “oles” y gritos emocionados, como si hubieran recibido una carga eléctrica.  

El espectáculo sigue en la línea del flamenco tradicional, con algunos detalles contemporáneos, especialmente en las transiciones y en la inclusión de una armónica que recuerda el sonido Paco de Lucía.

Destacables, los tangos “no gaditanos”, es decir, con fuerte aroma a Extremadura, Granada y Málaga, recordando la movida madrileña portuguesa de décadas atrás.  Los tangos se derriten en tientos, dando la vuelta a lo habitual de tientos y luego tangos.  A continuación, tres bailaores, farruqueros sin miramientos, monumento y homenaje a aquella escuela, nos preparan para lo que veríamos a continuación en el Villamarta (ve arriba por favor), con una especie de preludio a la soleá de La Truco.

No todo el mundo es creador, también debe haber intérpretes de lo ya creado.  Eli Truco es una luchadora, una profesional seria que defiende las formas, y una gran artista que si no alcanza la fama absoluta, se merece como mínimo, el mayor respeto de la afición más arraigada.

 


 

 

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