Pregón del 25 Aniversario de la Bienal para voz y septeto flamenco

Isabel Bayón, baile; Juan José Amador, Cante; Juan Ruiz, Percusión; Manolo Franco, guitarra; José Luis Ortiz Nuevo, voz.

Kiko Valle

La
lluvia sirvió de tamiz para las primeras luces de una luna
que decoraba atenta el cielo de Sevilla. Las Reales Atarazanas hicieron
de privilegiado escenario para prestar su eco al “Pregón
del 25 Aniversario de la Bienal para voz y septeto flamenco”.

Tomillo y romero: una alfombra de aromas verdes
para recibir la visita de artistas como Manuela Carrasco, Javier
Barón, Gualbelto, Pedro Ricardo Miño, Calixto Sánchez,
El Lebrijano, El Pipa… escritores, aficionaos ilustres, “magnates”
del arte y críticos o expertos como Manuel Curao, Juan Vergillos,
Alberto García Reyes, Antonio Ortega, Luis Clemente… la
florinata del flamenco sevillano y no sevillano.

“Érase una vez… una ciudad enamorada de sí
misma, y se quería mucho. Le gustaba piropearse una cosa
mala. Y también – pero con exageración –
contemplarse ella por sus cosas de siempre, las cositas buenas,
porque de las malas era olvidadiza…”

Así comienza el Pregón de José Luis Ortiz
Nuevo, el que fuera durante muchas ediciones Director de la Bienal.
Le echó la culpa a Manuel Copete, que ahora asume el cargo.
Él presentó el acto con un discurso que amenazaba
con robarle tiempo al pregonero, pero afortunadamente dijo cosas
que calmaron la impaciencia por degustar los pedacitos de ingenio
que José Luis reparte con su particularísima labia.
Copete condenó también la masacre del 11-M y manifestó
la repulsa del mundo flamenco al terrorismo.

Aurora Vargas, a palo seco, cortó el aire por toná.
Ortiz Nuevo comenzó la disertación e hizo un recorrido
romántico por la historia de la Bienal refiriéndose
a ella como una niña ya casi adulta. Un gran acontecimiento,
una explosión de arte y sevillanía. No faltó
el toque de humor ni el recuerdo de los flamencos fallecidos. El
pregonero clamaba el alivio al doctor, aquejado de revivir en sus
carnes, porque lo lleva dentro, la figura y los momentos de los
artistas que han bordado de emociones tantas y tantas noches de
Serva la Bari, como le gusta a él llamar a la capital hispalense.

El tiempo se para allá por septiembre durante treinta atardeceres
y otros tantos mantos de estrellas desde hace veinticuatro años
en Sevilla. Y “¿cuándo es hoy?”
Recuerdos de aquel manifiesto de la primera Bienal. La ternura teñía
la voz del pregonero y más que el efecto pudo el afecto que
rebosaba cada palabra que sentenció.

Isabel Bayón al baile, Manolo Franco a la guitarra, Juan
José Amador al cante, Juan Ruiz a la percusión, la
voz de José Luis Ortiz Nuevo, “con la colaboración
de dos tocadoras de palmas, una anglosajona y otra japonesa… Y
de estrambote gozoso, Tomasito”
. Un septeto heterogéneo,
con mucha gracia, ilustró el pregón, magnífico
pregón, que aún estará resonando en los arcos
centenarios de las Reales Atarazanas. Un momento para el recuerdo,
otro descanso más para las manillas de un reloj que no mide
el tiempo que pasa sino el que queda para volver a pararse una año
más, cada dos años, ante la imponente demostración
del “negocio” de la Bienal.

¡Y olé!

Kiko Valle

 

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