Patricio Hidalgo está dotado de dos hermosas capacidades: una
privilegiada visión plástica, y un enorme amor por el
flamenco. Ve en lo jondo todo un universo de imágenes que se
desprenden del movimiento del baile y de la elocuencia gestual en
el toque y el cante. Un universo que también siente conceptualmente
a través del elemento más abstracto que puede haber
en este arte: el quejío. Para Patricio Hidalgo, el quejío
también es una sensación plástica, y de él
emana su torrente de líneas, colores y formas.
El arte flamenco entronca con lo más elemental del ser humano...
Para trasladar esta idea a la pintura , Patricio Hidalgo se fundamenta
en dos conceptos: el dibujo y la mancha. Reivindica el primero como
expresión intelectual (más, incluso, que la propia
pintura) y utiliza la mancha como elemento esencial a partir del
cual poder construir sus mensajes. Lo básico en el flamenco
es el quejío. En la pintura, la mancha. Y si directo es el
quejío, directa quiere ser su pintura, sus manchas: colores
básicos, planos, sin mezcla, sin gama... La expresión
flamenca, para Patricio Hidalgo, no quiere rodeos. Un reto que sólo
puede abordarse con un una visión plástica extraordinaria
y con un profundo y sincero amor por el flamenco.
Manuel Moraga,
M iembro de la Asociación de Críticos, Escritores
e Investigadores de Flamenco (ACEIF) |