Texto: Estela Zatania
Fotos: Paco Sánchez
A mediodía, tras la rueda de prensa, el cantaor José Valencia recibió de la Federación Local de Peñas Flamencas el premio al Mejor Cantaor de Atrás de la anterior edición del Festival de Jerez, y al bailaor Joaquín Grilo le correspondieron los premios de la Crítica y del Público al mejor espectáculo por su obra “A solas”.

Canela de San Roque
Palacio de Villavicencio. 1900h
El recital de cante clásico ofrecido por Alejandro Segovia, “Canela de San Roque”, apenas llegó a llenar la mitad de las sillas plegables del recogido salón del Palacio de Villavicencio. Triste comentario sobre el estado del cante hoy en día, teniendo en cuenta que no sólo estamos en Jerez, sino que la ciudad está llena de individuos que se consideran aficionados al flamenco.

Cantó por soleá y por siguiriyas, con el acompañamiento sólidamente jerezano del Niño Jero, y algunos estilos que se salían de los habituales en Jerez. Con su decir clásico y voz flamenca también interpretó fandangos, malagueñas y bulería por soleá con el continuo jaleo agresivo de sus dos hijos que se encontraban presentes. A los cuarenta minutos de recital, canta por bulerías, de pronto uno de los hijos suelta su pataíta y se disponen para marcharse todos, pero ante los murmullos del público Canela accede a cantar un par de letras de taranto con las que cierra su paso por el Festival de Jerez con un balance de 45 minutos de cante. Conocimientos, paladar y pocas ganas de trabajar.
Compañía Flamenca Ángeles Gabaldón “Femenino plural”
Teatro Villamarta. 2100h
Baile: Ángeles Gabaldón, Marco Vargas, Leonor Leal. Guitarra: Raúl Cantizano, Daniel Méndez.Cante: David Palomar, Lucía Montoya.Percusión: Antonio Montiel.
En el Teatro Villamarta fue presentado “Femenino plural”, espiritualmente una continuación de lo que vimos la noche anterior: teatro contemporáneo con danza, incorporando referencias prestadas del flamenco. En la rueda de prensa la titular del grupo confesó que no había palos flamencos en el espectáculo excepto por el baile por soleá.

Sólo en contadísimas ocasiones a lo largo de la historia el casamiento del arte y la política ha dado resultados satisfactorios para ambos intereses. Para cada Goya, ha habido un sinfín de artistas dedicados a los temas políticos cuya obra está expuesta exclusivamente en los edificios públicos y plazas del mundo. Y si en los años del cambio el bailaor y coreógrafo Mario Maya rompió los esquemas con sus brillantes obras contestatarias, o José Menese cantó con dignidad las letras igualmente politizadas de Moreno Galván, el peligro implícito en este tipo de empeño queda patente.
Aunque el propósito expreso de “Femenino plural” es el de “agitar la conciencia del espectador desde la sinceridad y el compromiso”, mi agitación como espectadora tomó otra forma: “¡ozú, cuánta pasta en la pista, y cúantos cantaores, bailaores y guitarristas en la calle!” Este tema también ha salido varias veces en la tertulia que tiene lugar diariamente en la Bodega de San Ginés en torno al flamenco en general, y el festival en particular. Pero pensando fríamente, sólo se trata de definir los objetivos públicos. Si la Agencia Andaluza para el Desarrollo del Flamenco de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía que ayudó a financiar este proyecto se llama así, es lógico suponer que es el flamenco lo que se está defendiendo, y no temas sociales, por muy importantes y relevantes que sean, muchísimo menos el teatro experimental internacional, por muy excelente que sea, y menos todavía la carrera de una bailaora que como tantos otros de su generación, no encuentra camino firme a través del flamenco tradicional.
No soy crítica teatral, pero la obra me ha parecido bien hecha a nivel de iluminación, escenografía, música, si excesivamente tétrica a ratos, con algunos detalles interesantes que pudieron resultar sobre intelectualizados o incluso rebuscados. Fandangos cantados en el vestíbulo del teatro antes del comienzo de la función, modelos o actrices vestidas de seudo flamencas que “se infiltran” en el público unos quince minutos antes, tomando asiento entre los espectadores; el espectáculo da comienzo cuando se ponen de pie con sendos focos cenitales. Se proyecta la escena final de Casablanca (con subtítulos tapados por sillas y micrófonos en el escenario), y otros momentos audiovisuales quedan interesantes, si algo huérfanos de relevancia. Ángeles Gabaldón, rígida e inmóvil, es llevada al escenario y colocada, cual maniquí de escaparate de tienda. Un número termina cuando el bailaor “marido” echa un vaso de agua a la cara de la bailaora.
Se expone un feminismo anticuado y confuso que eficazmente trivializa temas de gran envergadura. Imágenes antiguas de sonrientes mujeres militares con sus armas parecen desmentir una declaración anti-violencia, y en el mejor de los casos es la discriminación inversa. Un interludio de guajira hacia el comienzo, con “rap” incluido, otro de tonás sobre colchón tonal y la soleá al completo que aprovecha la imagen convencional de mujer flamenca seductora (¿cómo quedamos entonces?) es el balance flamenco de “Femenino plural”.
Destacable el bailaor Marco Vargas, el primer joven que abierta y exitosamente coge prestados segmentos de baile del difícilmente imitable Israel Galván, y las colaboraciones del coreógrafo Javier Latorre, letrista Juan José Téllez y guitarrista Daniel Méndez.
Inmaculada Ortega
Sala La Compañía. 2400h
Baile: Inmaculada Ortega. Cante: Ezequiel Benítez, David Vázquez, Roberto Lorente. Guitarra y laúd: Amir Haddad. Guitarra: Manuel Cazas.Percusión: Pablo Martín.
En la Sala La Compañía, jerezana Inmaculada Ortega, hermana de Domingo Ortega, ofreció su recital “De la raíz”. Gracias a la colaboración del artista invitado, el músico Amir Haddad de Radio Tarifa, hubo un aroma decididamente magrebí. A los componentes anunciados, se sumó un discreto violín que enriqueció los números y consolidó el exotismo.

Después de un tema instrumental, Inmaculada bailó por taranto. A continuación, inexplicablemente, hubo cuatro números instrumentales o de cante, alrededor de media hora sin la participación de la bailaora. Cuando por fin vuelve, es con bata de cola color naranja y por soleá. Su baile es profesional y pulido, caracterizado por el dominio técnico y una personalidad carismática que a veces roza lo excesivo.
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