Texto: Estela Zatania
Fotos: Paco Sánchez
Dentro del marco del Festival de Jerez, una interesante charla a mediodía acompañó la presentación del libro “El Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba” por Agustín Gómez en la tertulia de la bodega San Ginés. Presentado por Manuel Ríos Ruiz, el libro recoge amplios datos y anécdotas del medio siglo de historia del venerable concurso trienio que volverá a celebrarse en mayo de este año.
Rubichi
Palacio de Villavicencio. 1900h
La primera cita del décimo día del Festival de Jerez, y cuarta dentro del discreto ciclo “Los conciertos del palacio” dedicado al cante y la guitarra, fue al cargo del cantaor del barrio de San Miguel de esta ciudad, Diego de los Santos Bermúdez, “Rubichi”. De la familia de los Agujeta, es un anacronismo en los tiempos flamencos que corren: un cantaor que se limita al repertorio tradicional con guitarra.

Ya en la rueda de prensa el día anterior, la voz del cantaor se notó seriamente rozada, apenas pudo hablar. Pero muchas veces eso no impide al cantaor que rompa satisfactoriamente en los tonos fuertes que requiere el cante, y así fue, más o menos. Por tientos con tangos, soleá, siguiriyas y bulerías, con el acompañamiento de Alberto San Miguel, Rubichi logró emocionar con esa tesitura cálida de terciopelo viejo teñido de incontables noches de cante y un sinfín de vivencias. Pero su insuficiencia vocal fue tal, que le impidió dibujar las melodías que tenía dentro de la cabeza, y sólo los incondicionales hemos sido capaces de rellenar y reparar mentalmente los momentos más complicados. Aún así, dio el recital de cante de mayor duración de este ciclo, 70 minutos.
Compañía Rafaela Carrasco “Del amor y otras cosas”
Teatro Villamarta. 2100h
Baile: Rafaela Carrasco, Daniel Doña.Cante: Miguel Ortega, Antonio Campos. Guitarra: Jesús Torres. Violonchelo: José Luis López.Flauta y saxo: Ramiro Obedman.Piano: Pablo Suárez.
La súper dotada Rafaela Carrasco ha basado su carrera en el empleo de elementos sacados del flamenco para plasmar un mensaje decididamente no flamenco. En “Del amor y otras cosas” taconea, da vueltas, hace el típico braceo, hay cantaores y algún cante auténtico, un guitarrista, toque de castañuelas y momentos de compás.Pero gracias a la considerable inteligencia de la sevillana, y su fértil imaginación coreográfica, se logra huir de todo que pudiera insinuar siquiera mínimamente un feeling flamenco, y el resultado es geométrico y árido. Lo que no está claro es por qué motivo no acaba de cortar el cordón umbilical y se libra de las referencias flamencas para profundizar en el baile contemporáneo que claramente prefiere.

Dos cursillistas italianas en mi fila acudieron al espectáculo pensando que el apellido de la bailarina sería una garantía, porque parecía indicar lazos familiares con la bailaora Manuela Carrasco, pero se marcharon decepcionadas a la mitad del segundo número. Rafaela es una profesional preparadísima que hace bailando lo que le da la gana, pero la gana que le da está desaconsejada para los amantes del baile flamenco.
A pesar de todo, el granadino Antonio Campos se destaca con su granaína y sus tonás, y unos fandangos de Huelva con la voz de Miguel Ortega sobrepuesta es un bello interludio flamenco que momentáneamente eleva la temperatura a niveles más cómodos. Pero dura poco porque Rafaela, que se pasa la mayor parte de la obra en un camisón de raso beige, no tolera la indecorosidad de la emoción revelada. Cuando viste un amplísimo capote de papel que parece representar una carta de amor que luego va rompiendo conforme va bailando, es una imagen interesante, pero nuevamente el baile no depende de ninguna forma reconocible del flamenco, y tengo la sensación de que, igual que los chicos que cada noche reparten publicidad en la puerta del Villamarta, Rafaela Carrasco se aprovecha de mi afición para promocionar unos propósitos personales de ella y que son ajenos al flamenco.
La palabra “flamenco” es conocida en todo el mundo entero, y se relaciona principalmente con el baile. Si se abusa del término, todos salimos perdiendo a la larga.Habrá festivales para este tipo de obra, pero el de Jerez no parece el más indicado.
Antonio Arrebola / Luisa Palicio
Sala La Compañía. 2400h
Baile: Antonio Arrebola, Luisa Palicio. Cante: Jeromo Segura, Juan Reina, Javier Rivera. Guitarra: Pero Sánchez, Tino van der Sman, Mariano Campallo.
Dos jóvenes promesas malagueñas del baile tuvieron su oportunidad en un recital compartido en la Sala la Compañía.

Antonio Arrebola de 26 años abrió con farruca – mucha farruca en lo que va del festival – y el cante correspondiente. También el joven cantaor onubense Jeromo Segura está teniendo una presencia en las diversas actuaciones casi comparable a la de José Valencia el año pasado. Arrebola no rompió con este primer baile que quedó como un ejercicio de estudio. En su segunda intervención sin embargo, logró centrarse por soleá, se soltó y dejó fluir los pellizcos. La pareja tocaor jugueteó con una curiosa escala tocada una y otra vez, tan pegadiza e hipnotizante que puede creer moda.

Luisa Palicio, de 23 años, discípula de Milagros Mengíbar, recibió el Giralidillo a la bailaora revelación en la última Bienal de Flamenco de Sevilla a raíz de una colaboración con su maestra. Considerada como continuadora de la escuela sevillana y del uso de los accesorios como el abanico, las castañuelas, el mantón o en particular la bata de cola, la joven hizo gala de su “misión”. Por guajira, con bata de cola blanca y un gran lazo blanco en el pelo, fue puro Mengíbar en todos sus elegantes gestos y garbosos andares. La maestra debería instruirle en la aplicación de un adecuado maquillaje para resaltar unas facciones poco expresivas, pero con el baile va bien encaminada. Su segunda interpretación fue un auténtico “tour de force” de la bata de cola, casi excesivo, más bata que baile, que tampoco es.
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