Texto: Estela Zatania
Fotos: Paco Sánchez
Soraya Clavijo
Sala La Compañía. 1900h
Baile: Soraya Clavijo. Cante: Londro, Luis Moneo, Manuel Tañé. Guitarra: Rafael Rodríguez, Sebastián Carrasco “Chano”.
Será el teatro. O la falta de medios. O la necesidad de un coreógrafo. O el conjunto de todo, pero Soraya Clavijo, la jerezana que tan soberbiamente bailó en Córdoba en el 2004 que se llevó el premio “Carmen Amaya”, y muy merecidamente además, no ha logrado repetir semejante éxito en su tierra natal. En los bailes que llevó a la Sala La Compañía dentro de la serie “Solos en Compañía”, su estilo recogido y sutil no fue contrastado con detalles intensos para justificar la falta de energía obvia, y todo quedó plano. El taranto prometía, y el solo de guitarra de Rafael Rodríguez mantuvo el interés. Pero la bailaora perdió al público con un baile por soleá de muy excesiva duración, una amplificación pésima y un deficiente sonido del suelo. Es injusto que precisamente los jóvenes se vean obligados a luchar con condiciones tan difíciles.
La Farruca ‘Gitanas’
Teatro Villamarta. 2100h
Baile: La Farruca, Angelita Vargas, La Faraona, Carmelilla Montoya, Saray de los Reyes. Cantes: Juana del Revuelo, Encarnita Anillo, María Vizárraga, Mara Rey. Guitarra: José Acedo, Paco Iglesias.
Por diversos motivos, una actuación de la familia del viejo Farruco siempre despierta un interés que va más allá de su calidad artística, y con el aforo completo, la gente había venido dispuesta a experimentar emociones fuertes. Cuando se levanta el telón, la puesta en escena es la de un café cantante o tablao, según la perspectiva de cada uno.
El mótivo de la obra se basa en las mujeres, bailaoras y cantaoras, lo cual coincide felizmente con la temática del Festival de Jerez de este año: la mujer en el flamenco. Pero teniendo en cuenta las fuertes personalidades de los varones de la saga que desde el abuelo Farruco han sostenido su fama, no es una receta fácil de cocinar.
La presentación es por siguiriyas, con las cinco bailaoras en una coreografía colectiva. Es una propuesta chocante ya que por definición y naturaleza los bailes en grupo carecen de espontaneidad, precisamente la calidad que más identifica los espectáculos de la marca “Farruco”. Cuando empieza el primer baile en solitario de Saray de los Reyes por alegrías, todas cantan juntas y armonizadas. Es otro detalle hermoso que eficazmente trivializa el producto – a menudo (no siempre), para hacer las cosas bonitas, hay que pactar con el diablo y sacrificar el “alma”. Saray hace las veces de Farruquito, con un estilo que parece más copiado que inspirado en aquel baile oscuro y pellizcado.

La primera dosis de auténtica maestría llega con el baile por tientos de Angelita Vargas. Con cerca de sesenta años, la suya es una madurez guapísima, tanto física como artísticamente. Con la autenticidad que surge de las vivencias, Angelita nos recuerda que el baile flamenco de teatro guarda poca semejanza con la de las gitanas viejas, y quedan lejos el taconeo metralleta y las vueltas quebradas. La cálida voz de Mara Rey se encarga de los tientos, y Juana del Revuelo despacha los tangos del final. Se une Pilar la Faraona para el final; sólo llevamos media hora de butaca y ya el público aplaude por bulerías.
Los baches entre números son largos y oscuros, supuestamente para disponer los varios “camerinos” ubicados en la parte de atrás donde vemos a las mujeres arreglándose y medio comenzando sus intervenciones. Carmelilla Montoya es una bailaora tristemente subvalorada, posiblemente por haberse movido en sus mejores años dentro del marco del grupo familiar Los Montoya, que gozó de gran popularidad en la época fuerte de la más conocida de la familia, Lole Montoya de “Lole y Manuel”. Soleá a compás de soleá por bulería es la oferta de Carmelilla que alcanza unos momentos de gran calidad.
Juana del Revuelo realiza su habitual número por bulerías, causando furor cuando enseña los pololos: es un público en gran parte novato. Se incorpora la voluminosa Faraona, y qué gran lástima que es empleada como detalle morboso. Ha habido otras bailaoras (y bailaores) de su tamaño que se han tomado totalmente en serio y esta señora, hija del viejo Farruco, se merece mejor consideración. No obstante, el público se enamora de ella y nuevamente hay aplausos por bulerías.
Y por fin, la guinda. El baile por soleá de la Farruca comienza en su “camerino” donde es peinada por una de la cantaoras. La hermana menor de la Faraona ha asumido su papel de matriarca con decisión y compromiso, y posee esa intensidad oscura de su padre…y de su hijo. Ahora es cuando echas de menos a una voz de mayor nivel y empaque, pero se agradece la espontaneidad de un baile no coreografiado que deja fluir los buenos instintos flamencos de esta mujer.
Un solo de guitarra, poco habitual en los espectáculos de los Farrucos, rompe el ambiente, pero cuando momentáneamente una falseta hace eco de la “Canastera” de Camarón, el público se despierta, suben las luces y vuelve el grupo al completo para un dilatado fin de fiesta. En el saludo, la Farruca recuerda a su hijo y así acaba todo, con más gloria que pena, pero sin alcanzar los niveles de años anteriores cuando no faltaba el joven cabeza de familia.
Carmen Linares
Bodega Los Apóstoles. 2400h
En la Bodega Los Apóstoles, dentro de la serie “Café cantante”, Carmen Linares ofreció su recital acompañada a la guitarra por José Manuel León y el hijo de aquélla, Eduardo Pacheco, con Ana María y Javier González a las palmas. Es una cantaora que ha logrado conectar con un público amplio gracias a su particular visión del cante en la que cada detalle es despachado con matemática precisión, una máquina del jondo. A diferencia de otros cantaores que esperan la llegada del duende, ella va y se lo caza.

Empieza con un surtido de cantiñas, seguidas de cante abandolao tocado con un aire contemporáneo.En la “Milonga del forastero” y tarantas, Carmen luce su gran sentido musical, y tiene la voz en mejores condiciones que en actuaciones recientes.Después de siguiriyas y bulerías, dedica un tema a Juan Carlos Romero y Miguel Poveda, y sorprende a los presentes dejando a un lado la voz “flamenca” para emplear su voz natural y dulce.
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