Texto: Estela Zatania
Fotos: Paco Sánchez
El octavo día del Festival de Jerez del 2007, y ocho que quedan. A mediodía, en la bodega San Ginés, después de la entrega de diplomas a los cursillistas con la presencia de algunos de sus maestros como Matilde Coral, Andrés Marín, Rocío Molina o Rafaela Carrasco, la Farruca presentó su espectáculo “Gitanas” que será la actuación principal la noche de sábado en el Villamarta.
Edu Lozano
Sala La Compañía. 1900h
Baile: Edu Lozano. Cante: Jeromo Segura, Pepe de Pura, Rafael de Utrera. Guitarra: Paco Jarana, Salvador Gutiérrez. Percusión: Manuel “El Pájaro”. Palmas: Carlos Grilo.
El bailaor se presenta de forma directa y valiente, taconeando en un compás de cuatro por cuatro. Su postura y rostro exhiben una intensidad que es aumentada por sus facciones fuertes y su reducida estatura: es una bola compacta de energía flamenca. Como otros nuevos que hemos visto en el festival, comete la imprudencia de permitir demasiado poco cante, pero su baile farruquero (la saga ha creado la escuela más firme del baile actual) aporta formas y pellizcos originales.
Por guajira con bata de cola y abanico baila una mujer no nombrada, competente si tirando a cursi. El contraste es total cuando sigue una siguiriya tocada con el sobrio sonido de la sexta cuerda bajada que tantos tocaores emplean actualmente. Edu sale de blanco, un color tan austero como el negro, su tamaño le obliga a buscar líneas que le hacen crecer, y aquí sí los cantaores cumplen con su deber. A los 50 minutos, de pronto ha terminado el recital, y nuevamente hay murmullos entre el público sobre la cercenada duración.
María Pagés “Sevilla”
Teatro Villamarta. 2100h
Baile: María Pagés, María Morales, Sonia Fernández, María del Mar Jurado, Isabel Robdríguez, Anabel Veloso, Rocío Rodríguez, Silvia Moreno, Emilio Herrera, José Antonio Jurado, Alberto Ruiz, Eloy Aguilar, José M. Maldonado, Pedro Ramírez, Daniel Vegas.Voz: Ana Ramón, Ismael de la Rosa. Guitarra: José Carrillo “Fyty”, Isaac Muñoz. Percusión: Chema Uriarte. Chelo: Batio Hangonyi.
Los espectáculos de María Pagés me encantan; es como un regreso a la infancia. Colorido, música accesible, músicos vestidos de traje y corbata que parecen los Hermanos Blues, un cielo estrellado de mentirijillas, fondos fantasiosos que cambian por arte de magia, zapatos que brillan en la oscuridad… Todo eso y más hay en la nueva obra de la bailaora que ella titula “Sevilla”. De hecho, he echado un vistazo al programa de mano (me he prometido no hacerlo nunca, pero como llegué pronto al teatro…), y María explica que esta obra es un viaje nostálgico a su tierra natal, y “Como medio de transporte he elegido el sueño”.

Se levanta el telón y Pagés ya está en plena orgía dancística de vueltas y braceo serpentino, con toda la compañía detrás. Las mujeres llevan zapatos de dos colores. Es decir, cada una lleva un zapato rojo y otro negro. Siguen un par de bailes del grupo; a lo largo de la obra habrá retales de Shostakovich, Sarasate, Bizet, Carlos Gardel, Juan Manuel Serrat y un largo etcétera. Guitarra y cante, menos.
La obra, que es la imagen oficial de Sevilla para 2006/2007, y goza de una pingüe aportación del Ayuntamiento de dicha ciudad, se despliega como una tira de postales turísticos de Sevilla, sin saltar un solo tópico. La de semana santa, la de la feria de abril con “Me casé con un enano” y toda la cosa, el cuadro flamenco donde María baila por caracoles con abanico y mantón, la corrida, el alcázar… Como todos los espectáculos de la fábrica Pagés, es buen teatro, desenfadado y ameno, apto para todos los públicos excepto los aficionados al flamenco. Aparte de los caracoles ofrecidos a modo de detalle nostálgico, hay breves momentos por soleá, tangos a palo seco para representar el ambiente de Triana, incluso saeta respaldada por cuatro cajones para la estampa de semana santa; esbozos para evocar ambientes, sin ánimo de profundizar. Hay momentos que casi casi caen en lo chabacano, pero la impecable intuición teatral de María Pagés, y el buen gusto de la gente con la que se rodea, logran mantener el nivel, y cada detalle es cuidadosamente currado y elaborado, incluyendo un vestuario original y bello, inspirado en motivos de arlequín o surrealistas.
Esperanza Fernández
Bodega Los Apóstoles. 2400h
En la Bodega Los Apóstoles, después de la copa de vino de Jerez a la que invita la casa, se presenta Esperanza Fernández, con su hermano Paco a la guitarra. De pie, envuelta en uno de sus magníficos mantones, canta una original versión de la farruca, una forma que está de minimoda últimamente. Toma asiento, y directamente ofrece un bufé variado de cante abandolao, sin pasar primero por malagueñas, ¿y porqué no? Del compás folklórico de verdial, a la bulería, cante que más propiamente corresponde a Esperanza por herencia, geografía y temperamento, no hay más que un suspiro.
Por soleá rinde homenaje a la Fernanda, y después interpreta alegrías. Pero las de Cádiz, no las habituales cantiñas de Pinini que tan bien domina, y cualquier gaditano hubiera dado el visto bueno.Por siguiriya al siete por medio, con alguna deformación efectista. Tangos de Triana, sabiendo a antiguo, con estilos extremeños y jerezanos, y son pimientos y tomates que “vienen bajando por la escalera” en lugar de la macedonia habitual. Bulerías antológicas para terminar, y a todo esto, Paco Fernández aportando un toque de guitarra acertadísimo, respetuoso y enriquecedor, muy flamenco.
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