Texto: Estela Zatania
Fotos: Paco Sánchez
Daniel Méndez, Miguel de Tena
Palacio de Villavicencio. 1900h
En el acogedor salón del Palacio de Villavicencio reservado para los recitales acústicos de los nuevos o desconocidos en Jerez, el guitarrista Daniel Méndez hizo su debut jerezano tocando en solitario.
Nacido en Morón de la Frontera en 1981, gran conocedor de la escuela moronense del toque – sólo en Morón y Jerez se puede hablar de una escuela de toque bien definida – el joven maestro ha decidido seguir otros caminos más contemporáneos y propios de su generación. Pero incluso dentro de esa consideración, y a pesar de una depurada técnica y su dominio del instrumento, sus composiciones abusan de las armonías haciendo que carezcan de forma y les falten musicalidad. No siempre los mejores intérpretes son los mejores compositores. Tampoco fue acertado incluir un poco discreto cajón en la intimidad de una salita tan pequeña.
Miguel de Tena se ocupó de la segunda parte del recital. El joven extremeño y Lámpara Minera del 2006, de voz clara y limpia, muy apta para el cante de Andalucía oriental y similar, acudió a la cita acompañado por el tocaor Antonio Fernández de La Unión. Malagueñas con abandolao, mineras, soleá y los fandangos de Vallejo a paso ligero como es la costumbre, todo en su línea.

Pastora Galván “La francesa”
Sala La Compañía. 2100h
Baile: Pastora Galván. Guitarra: Pedro Sierra. Cante: David Lagos, Juan José Amador. Acordeón y zanfoña: José Manuel Vaquero “El Pájaro”. Contrabajo: Álvaro Ramos. Percusión: José Carrasco. Xilofón y percusión: Manuel Vergne.
Largas colas delante de la Sala La Compañía, y muchos en la puerta rogando comprar una entrada a cualquier precio, indica el grado de interés despertado por este espectáculo y su protagonista Pastora Galván.
“La francesa”, con coreografía de Israel Galván, hermano de Pastora, se estrenó el pasado septiembre en la Bienal de Sevilla. En aquella ocasión, en el hermoso y bien preparado Teatro Central, tanto la obra como la bailaora lograron conectar con el público en una sublime relación simbiótica que duró de principio a fin. Los hermanos Galván habían alcanzado la meta de todos los que pisan un escenario: la (casi) perfección teatral y artística.

Entonces el deficiente balance de su presentación en Jerez, y la reservada reacción del público, te obligan a analizar los motivos de esta bajada. Se supone que una obra se estrena, se representa repetidas veces y se va puliendo y perfeccionándose. Debido a su naturaleza (deliciosamente esperpéntica, como todo lo que toca Israel), no es una obra que se puede programar en cualquier lugar – de hecho, no fue presentada en el Villamarta por este motivo – ha habido pocas funciones desde el estreno, y el producto no ha tenido oportunidad de madurar, o incluso ha mermado. La misma música espléndida de Pedro Sierra, los mismos cantaores ejemplares (David Lagos y Juan José Amador), el mismo motivo (la imagen creada por nuestros vecinos los franceses de la ‘femme fatal’ flamenca que por extensión representa a las españolas en general) y la misma extraordinaria – que nadie lo ponga en duda – bailaora.
El peor enemigo ha sido el poco preparado teatro, en particular una iluminación grotescamente deficiente que impidió apreciar algunos de los detalles más ingeniosos; muecas, dedos, miradas, todo tiene un significado en esta obra salida de la mente fértil de Israel Galván. Entonces, estaba ausente la complicidad del público que se ha visto perplejo ante las curiosas travesuras de la coreografía, el vestuario no convencional, la música internacional o retro, la escenografía… de hecho, no había por donde agarrarse, y a pesar del impecable y admirable trabajo de Pastora, la cosa no funcionó.
No obstante, una porción del público comprendió la intención, o recordó la actuación en Sevilla, y pudo apreciar el interés y calidad de la obra. Os remito a mi reseña anterior detallada de la misma http://www.deflamenco.com/especiales/bienal/16.jsp para comprender el grado de decepción que hemos sentido muchos, y expreso mi firme deseo de que esta obra siga representándose (en escenarios mejor preparados) y madurando.
Y también …
A las doce de la noche, en la Bodega Los Apóstoles, y dentro de la serie tan acertada y simpáticamente titulada “Flamenco por un Tubo”, los aficionados al flamenco jazz pudieron disfrutar del saxofonista flautista madrileño Jorge Pardo. Con la complicidad, más que colaboración, del artista invitado Tomasito con sus travesuras a compás, la dulce guitarra de Juan Diego y la percusión de El Chispa, el ambiente en la bodega cocinó a todo gas.

Merece la pena destacar los trasnoches “De peña en peña” preparados por el festival. En las venerables peñas de Jerez como Los Cernícalos, el Centro Don Antonio Chacón, La Bulería, la Asociación Fernando Terremoto o la Peña Tío José de Paula, se están ofreciendo actuaciones de artistas tan interesantes como Manolo Simón con Pascual de Lorca a la guitarra, Lorenzo Gálvez “Ripoll” y Joaquín “El Zambo” con Domingo Rubichi, o cuadros de baile entre otros programas.
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