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Texto: Estela Zatania
Fotos: Paco Sánchez
Día de Andalucía, y sexto del Festival de Jerez. Lo que puede quedar al final como uno de los momentos más memorables del dilatado programa tuvo lugar inesperadamente en la rueda de prensa. Fue presentada la nueva grabación del veterano cantaor jerezano Manuel Moneo. Si la edición de un disco de cante clásico es de por sí, desgraciadamente, un evento singular hoy en día, la presencia del cantaor momentáneamente convirtió la Bodega de San Ginés en una reunión de amigos a la antigua usanza. Por iniciativa propia Manuel Moneo quiso ofrecer su cante por soleá acompañado a la guitarra por su joven nieto Barullito. De pronto los barriles amontonados en el venerable lugar se temblaron con la portentosa voz de uno de los muy pocos cantaores tradicionales que nos quedan. Como si de abrir un grifo se tratara, el patriarca de San Miguel abrió su boca y dejó fluir la memoria cantaora de 57 años de vivencias, cantando con ganas y rabia reivindicando un tipo de flamenco que tiene poca presencia en este festival, y en el panorama flamenco en general.
Mari Ángeles, María Toledo
Palacio de Villavicencio. 1900h
La primera actuación del día es en la intimidad del hermoso salón del Palacio de Villavicencio con dos voces extraandaluzas apenas conocidas por el triángulo geográfico del bajo Guadalquivir.
Hoy en día las voces más populares del flamenco huyen del sonido rancio tan apreciado por los aficionados de cierta edad. Las jóvenes figuras del arte jondo cultivan un decir melismático, claro y dulce que recuerda a cantaores y tiempos pretéritos. En particular, hay un gusto para las voces femeninas casi infantiles, la antítesis absoluta de una Paquera de Jerez, o una Fernanda de Utrera. Entonces, la voz de Mari Ángeles es prototípica del nuevo milenio, y hace gala de su mismísimo nombre:es celestial y angélica, como la de una niña chica a punto de llorar. Esta forma cantaora es extremadamente apta para los cantes de Andalucía oriental, y de hecho, el cante de levante con el que empezó su recital fue lo más logrado.
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Mari Ángeles Fernández |
Maria Toledo |
Aunque el nombre de Mari Ángeles Fernández quizás no suene mucho, el de su padre, Tomatito, es conocido por todo aficionado y muchos ajenos al arte. Y quizás ese vínculo sea el motivo que haya conducido a la prematura aparición en público y en grabación de la guapa veintiañera. Sus alegrías con canción, y un amplio surtido de tangos (extremeños, pastoreros, repomperos y camaroneros) se quedaron en las ganas, y sus bulerías aportaban poco en esta tierra buleriyera.
Por su parte, el tocaor Dani de Morón, completamente al loro con armonías contemporáneas y un tacto delicado y veloz, fue el complemento acertado.
María Toledo a sus 24 años es una veterana cantaora con una docena de premios de cante, además de importantes colaboraciones. Dentro de la misma línea dulce, su voz tiene un velo añadido que aporta cierta flamencura, y cada gesto, cada palabra completa un retrato de pulida profesionalidad y ansias de triunfar. Empezó con un extraño popurrí de canciones caracoleras, quizás para complacer al público local, pero pocos jerezanos han acudido a la cita. Alegrías y mirabrás, soléa, bulerías y fandangos nuevamente recordando a Caracol. Fue acompañada a la guitarra por el granadino Paco Cortés.
Andrés Peña, Pilar Ogalla “A fuego lento”
Teatro Villamarta. 2100h
Baile: Andrés Peña, Pilar Ogalla. Cante: Luis el Zambo, Luis Moneo, Miguel Rosendo, David Palomar. Guitarra: Javier Patino, Alfredo Lagos. Palmas: Javier Catumba, Alfonso Carpio.
El discreto pero sincero recital de Andrés Peña con su pareja Pilar Ogalla, pudo haberse presentado en la recogida Sala La Compañía donde el ánimo intimista del espectáculo quizás hubiera lucido mejor.
El baile de pareja se ha visto relativamente poco en décadas recientes, entonces se agradece el esfuerzo de estos jóvenes experimentados y compenetrados. Cada momento de “A fuego lento”, una propuesta de corte clásico, rezuma seriedad, afición y dedicación, y el sólido cuarteto de cantaores garantiza credibilidad.
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Andrés Peña |
La pareja abre el espectáculo con tangos parados con cierto aire granadino, seguido de la primera intervención del cantaor Luis el Zambo que viene de lujoso relleno. Alfredo Lagos se encarga del acompañamiento del Zambo, una de las figuras actuales más queridas y admiradas del cante jerezano. El cantaor sale tres veces a lo largo de la obra para interpretar su sota, caballo y rey, y bendito sea. Aparte del disfrute de su cante en sí, queda como una declaración de respeto por las formas de parte de Andrés Peña. Cara a cara, en la casi oscuridad, sus sombras proyectadas, los dos maestros de cante y guitarra provocan oles y aplausos.
El joven gaditano Miguel Rosendo presta su hermosa voz flamenca al baile por alegrías de Pilar que luce bata de cola blanca y una coreografía absolutamente tradicional. Luego le toca el turno a Andrés por farruca, un baile que siempre resulta algo pesado por el tono menor de la música y las limitaciones del cante asociado, agravado en este caso por la excesiva duración de la coreografía.
Luis Moneo por martinete completa el yin yang jerezano, San Miguel y Santiago, y Andrés Peña realiza un baile con bastón por siguiriya seguido del taranto de Pilar. Ambos alargan demasiado y aprovecho para declararme poco amiga de los bailes que pasan de los diez minutos sin justificación aparente. Y ya de paso destacar que el empleo de un vestuario negro con telón de fondo negro y escasa iluminación puede quedar dramático durante unos segundos, pero para un baile entero demuestra una falta de respeto hacia el público.
Pero todos los desaciertos quedan olvidados con la espléndida soleá de Andrés. Tan superior a todo lo que la ha precedido que te preguntas por qué se reserva tanto. Con una acertada combinación de influencias del Grilo y Farruquito, pasadas por la criba de su propia personalidad, el bailaor hace que todo funcione, sus pellizcos se cuajan y el público responde.
Luis el Zambo completa su intervención trilógica con bulerías que conduce de manera natural al fin de fiesta con el grupo al completo.
Manuel Liñán, Olga Pericet & Marco Flores, ‘En clave’
Sala La Compañía. 2400h
Baile: Olga Pericet, Manuel Liñán, Marco Flores. Cante: Antonio Campos, Leo Triviño. Guitarra: Antonia Jiménez, Arcadio Marín.
Seguimos quejándonos, junto con gran parte del público, de lo poco acertado de colocar programas de baile en la Sala La Compañía. La distribución de los asientos en forma de T alargada (antiguamente fue una iglesia) hace que la amplificación nunca sea la adecuada para todo el público, y desde pocas butacas se ve más que la parte superior de los cuerpos de los bailaores. Por añadidura, los artistas se quejan de las reducidas dimensiones del escenario.
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Manuel Liñan / Marco Flores / Olga Pericet |
Dicho eso, el experimentado trío Liñán-Pericet-Flores demostró su gran capacidad con un interesantísimo espectáculo que hubiera quedado más redondo aún en el Teatro Villamarta. En la sinopsis del programa hay unas palabras que sintetizan la propuesta con precisión:“…el on/off en el que bailamos por códigos ya establecidos y otros que establecemos en el momento”. Sus profundos conocimientos del flamenco clásico, hábilmente teñidos de inspiración y originalidad, aprovechan la paradójica esencia del flamenco: formas rígidas que liberan al artista.
Pero hay que ser digno de gozar de esa liberación, y estos jóvenes lo son. Nos traen novedades como una vidalita bailada, un baile entero por cabales o la eficaz y dramática iluminación lateral. Marco es un retrato de relajada elegancia en cada momento. Olga, chiquita y bonita, con ojos brillantes, una mirada abierta y detalles modernos en el baile que presenta con diplomacia para evitar el rechazo de ojos no acostumbrados. Manuel, con un pícaro sentido del humor y una línea impecable con el cual detiene el tiempo a voluntad. El baile estrella del recital, el que deja a todos embelesados, es la soleá de éste último, con fragmentos de su coreografía original que en el 2004 ganó el primer premio en un prestigioso certamen granadino.
Hartos estamos de escuchar a los jóvenes que disimulan sus ansias de triunfar y defectos de preparación reivindicando “¡flamenco para el nuevo milenio!” Esta noche en la Sala La Compañía hemos visto flamenco contemporáneo pero intemporal. Como se afirma en el programa de mano, “el arte está vivo por sí solo”.
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