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XI FESTIVAL DE JEREZ
Úrsula López
Sala La Compañía. 1900h
Texto: Estela Zatania
Fotos: Paco Sánchez
Baile: Úrsula López, Mariano Bernal, Tamara López. Guitarra: Patino, Dani Méndez. Cante: Pepe de Pura, David Lagos, Jeromo Segura. Percusión: Raúl Domínguez.
La primera cita de martes en el Festival de Jerez fue en la Sala La Compañía con Úrsula López dentro del ciclo denominado “De la frontera” que abarca las propuestas vanguardistas, experimentales o simplemente diferentes.Esta algecireña cordobesa de treinta años es veterana de la Compañía Andaluza de Danza, de las de Manolete, Rafael Campallo, Javier Latorre, Yerbabuena, Javier Barón, José Antonio, Andrés Marín o el Ballet Nacional de España entre otras. Luego su preparación es impecable y de hecho, tiene todos los ingredientes, incluyendo colocación, disciplina, un cuerpo escultural y las clásicas facciones picassianas para completar la estampa.
Todos los ingredientes, pero le falta la receta. Un producto dancístico fallido seguramente ha costado el mismo esfuerzo, o mayor, que el que logre su objetivo, entonces reconocemos en esta bailaora las incontables horas y años de sacrificio y su sincera dedicación al baile. Pero el escenario no perdona y la bailaora no convence ni tiene carisma. Quizás de haber confiado más en el flamenco convencional, en particular, de haber permitido más cante, hubiera salido mejor parada, porque sólo en las alegrías, coreografiadas de manera tradicional, vislumbras cualidades de gran artista. Con las espléndidas voces de David Lagos y Pepe de Pura a su disposición, fue una imprudencia arriesgar tanto.
Rocío Molina “Almario”
Teatro Villamarta
27 de febrero
Baile: Rocío Molina. Cante: José Valencia, Antonio Campos. Guitarra: Francisco Cruz, Juan Requena. Percusión: Antonio Coronel, Sergio Martínez.Palmas: Guadalupe Torres, Popi.
Texto: Estela Zatania
Fotos: Paco Sánchez
Lástima que el Villamarta no se llenara para lo que discutiblemente ha sido el mejor espectáculo del festival en los cinco días que llevamos. La malagueña Rocío Molina, niña prodigio súper dotada que a sus 23 años todavía tiene cara de cría, anoche ató cabos sueltos y plasmó lo que posiblemente es su personalidad artística definitiva.
Hace un par de años en La Unión no llegó a las finales con su baile fuera de lo normal, aunque sí nos llamó la atención a muchos. Pero “ríase la gente”, porque pocos meses después, con 19 años, iba de solista con el Festival Flamenco USA junto a Manuela Carrasco y Chocolate, y de pareja con Israel Galván nada menos. En el Festival de Jerez del 2005 enloqueció al público (literalmente – no hay que abusar de ciertas frases) en la Sala La Compañía con un extraordinario recital en solitario, pero hacia finales del mismo año vimos a una Rocío Molina domada y descafeinada en una obra rebuscada que estrena en Málaga en Flamenco. Pensé que habíamos perdido a la bailaora más prometedora de los últimos años.

Pero no. “Almario” es una obra casi perfecta donde la joven malagueña vuelve a ser ella y manda con la fuerza de su inteligencia, creatividad y valentía absoluta. La puesta en escena es aquello que se lleva ahora del camerino ficticio directamente en el escenario donde la artista se viste y se arregla entre números a la vista de todos. Para el primer baile, un taranto, Rocío viste un traje de calle, de cuero, falda ceñida y corta, botas altas, y lleva suelta su larga melena – estampa contemporánea de cualquier mujer de su edad de compras en el Corte Inglés. Con la fuerza de su personalidad, la bailaora nos obliga a creer en su visión desde el primer instante. De hecho, el vestuario no convencional te enfoca y te obliga a centrarte en el baile.
Creando escuela delante de nuestros ojos
Vuelve al “camerino”, se recoge el pelo, se quita las botas y el traje de piel quedando en un body negro y zapatos de tacón: el erotismo está servido, pero con buen gusto y paladar. Con mucha ceremonia viste una bata de cola negra, y el cambio de ropa ha quedado como otra coreografía más en lugar del sufrido solo de guitarra o cante para llenar estos huecos.
“A clavito y canela hueles tú a mí” se lamenta el excelente cantaor granadino Antonio Campos, y Rocío responde con su baile sentado y clásico por siguiriyas. Después de otro cambio de ropa, Rocío nos deleita con un tanguillo a la antiquísima – tiene una sorprendente capacidad para captar y reproducir la esencia de diversos estilos y épocas. Nuevamente el cambio público de ropa, y se queda en terciopelo rojo con un enorme mantón para bailar al segundo cante de “bamberas”, palo prácticamente en desuso hasta ahora, en lo que vamos de jornada. Círculo de palmas para bulerías, y cuando José Valencia lanza su voz con “Fragua, yunque y martillo funden los metales…”, Rocío sube un par de niveles y suelta todo el empaque de su sorprendente genialidad bailando por fiesta con pellizcos absolutamente originales, creando escuela delante de nuestros ojos.
El final de la obra es Rocío en su camerino de mentirillas donde vuelve a ponerse el traje de calle y las botas, coge su bolso de boutique y se marcha sin más. Y no tengo más que declarar, la nena bailó para comérsela como quien dice, y queda inaugurada otra etapa en el baile flamenco de mujer.
La Macanita
Bodega Los Apóstoles. 2400h
Texto: Estela Zatania
Cante:Tomasa Guerrero “La Macanita”. Guitarra: Manuel Parrilla. Palmas: Chícharo, Gregorio.
De regreso a las raíces de la forma más directa con la cálida voz de la Macanita en la bodega de Los Apóstoles donde la copa de Jerez y el inconfundible olor que tienen las bodegas jerezanas te orientan psíquicamente incluso mucho antes de que comience el espectáculo.

A sus casi cuarenta años, Macanita sigue siendo la niña favorita de Jerez, la misma que nos enamoró con apenas cinco añitos cantando y bailando en un episodio de Rito y geografía del cante. No es cantaora larga, pero como ocurre con los que se limitan a un repertorio cortito, su cante es multidimensional, un espejo de vivencias que precisamente su generación ha sido la última en conocer. En su voz flamenca se mezclan sabores y sonidos – Paquera, la Perla, barrio de Santiago – en un rico puchero auditivo que queda como testigo del flamenco que había y hay.
Vestida de una extravagante falda estampada de mil volantitos, y blusa de color fucsia, se templa en esos tonos “por medio” donde la guitarra grita flamencura. Con algún problemilla de voz, (nada grave), canta por tientos tangos con letras y melodías clásicas y un aire ricamente antiguo.Por soleá a paso ligero, como en Utrera, en cuyo cante se inspira tanto. Del cuplé “El corazón tras la puerta”, estamos algo cansados, pero sigue sonando bien. Por malagueña, domando y refrenando la voz con gran efecto, pero luego el tono de las alegrías y cantiñas le pilla alto y fuerza la voz. Jerezanísimas siguiriyas, bulerías con pataíta, lo de siempre, lo de nunca, el flamenco eterno que se reinventa cada vez que se interpreta gracias a artistas de la tierra como Tomasa la Macanita.
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