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20 de noviembre de 2008
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XI FESTIVAL DE JEREZ

José Valencia
Palacio de Villavicencio. 1900h

Texto: Estela Zatania
Fotos: Paco Sánchez

Cante: José Valencia.Guitar: Juan Requena.

Se ha inaugurado el ciclo “Los Conciertos del Palacio” del Festival de Jerez con un recital de cante al cargo de José Valencia.

El año pasado en este festival fue difícil no encontrarse con el cantaor de Lebrija en el atrás de cualquiera de las compañías de baile, así de solicitado es el joven José Valencia. Hace años que los aficionados nos preguntamos cómo puede ser que un cantaor de sus características – hermosa voz flamenca, sólido compás, personalidad y conocimientos – a sus 32 años todavía no ha grabado en solitario.La respuesta es fácil: por diversos motivos, ya no se graba el cante tradicional “con guitarra”, eufemismo que indica la ausencia de canción pop, coros, instrumentos o percusión. José Valencia no sale de su línea clásica, y que nadie confunda lo clásico con lo estancado, inmóvil o mimético. Valencia es un cantaor dinámico y vibrante que ama el cante y siempre está al acecho de los duendes.

Lebrija queda más cerca de Jerez que de Sevilla, y el planteamiento y personalidad de José Valencia es mucho más jerezano que sevillano. Todo lo que interpreta rebosa de energía e intensidad, y en el reducido espacio del salón del Villavicencio, sin amplificación, su mensaje llega sin interferencias.Aplicó su potente voz a malagueñas con cante abandolao y un amplio viaje por diversos estilos de soleá. “¡Agua!” grita de repente a nadie en particular, y no es jaleo, sino su repentina necesidad de ingerir líquido. Así de directo y espontáneo es José.Cantiñas del Pinini, contundentes, oliendo a tierra, con el empaque de cante grande.En la siguiriya su cañón de voz encuentra el vehículo adecuado y los arranques son auténticos.Bulerías a una velocidad moderada con estilos de su tierra y un compás curtido en incontables batallas. El tocaor no está a la altura del cante, pero el mini recital queda redondo con los martinetes con los que finaliza.

COMPAÑÍA ANTONIO MÁRQUEZ
Teatro Villamarta
26 de febrero

Bailarines: Antonio Márquez, Currillo, Trinidad Artíguez, David Sánchez y cuerpo de baile. Guitarra: Antonio Sánchez y David Durán. Cante Gema Caballero. Percusión: Rafael Hermoso.Director Artístico: Antonio Márquez.

Texto: Manuel Moraga
Fotos: Paco Sánchez

SELLO “ANTONIO MÁRQUEZ”

No es fácil echarse a las espaldas una Compañía de danza española que mueve a más de veinte artistas en la escena y llevar más de diez años recorriendo el mundo con ella. Este tipo de baile es muy exigente y además –en general- es menos resultón que el flamenco, ya que la complejidad técnica no siempre es valorada por el público masivo. Pero Antonio Márquez sí logra conectar con las audiencias amplias gracias a la espectacularización de sus montajes sin renunciar a la exigencia. El amor por la danza, el rigor profesional y una acusada personalidad son los pilares de su trabajo. Ayer, el público de Teatro Villamarta recompensaba todo ese esfuerzo de la mejor forma posible: con sus aplausos.

En SMS “me gusta ser mujer” (guión y coreografía de Nuria Leiva) se nos presenta una denuncia de la discriminación femenina. Quizá quede algo superficial –tratándose del tema que es- y se recurra demasiado a lugares comunes, pero la obra se sostiene y conecta perfectamente con el respetable. El tono tragicómico ayuda a transmitir el mensaje, que se va apoyando sobre diversos ritmos flamencos. Primeros aplausos de la noche.

Los clásicos que tanto gustan a Antonio Márquez se concretaron en “La vida breve”, que contó con unas alegrías añadidas creadas por Currillo, maestro que siempre hay que destacar. Con flamencura y con elegancia, Márquez y Currillo disfrutaron con esa pequeña concesión antes de meterse de lleno en la obra. Aquí se mueve Antonio como pez en el agua y exprime coreográficamente todas las situaciones.

Casi sin solución de continuidad nos vemos inmersos en la cadenciosidad extrema y exacerbante –al menos, a mí me lo parece- del “Bolero” de Ravel. Esta partitura obliga a luchar contra esa monotonía melódica. Antonio Márquez lo sabe y se emplea a fondo a crear ritmos y contrastes, tanto coreógrafos como escénicos y de vestuario. La iluminación juega un papel importante en esta pieza, aunque tengo la sensación de haberla visto con menos riqueza que en ocasiones anteriores. Espacios, colores, texturas y bailes se van fundiendo en la atmósfera hipnotizante del bolero y Antonio Márquez va exhibiendo su precisión, su elegancia, su fuerza y su carisma. Sello “Antonio Márquez”. El público volvió a romper en aplausos, los últimos de la noche.

Antes de finalizar esta crónica, quisiera destacar lo comentado en las “tertulias de la bodega” por la maestra sevillana Matilde Coral, que se quejaba de que Antonio Márquez no había ido a Sevilla. Y efectivamente, así lo reconoció el bailarín y coreógrafo sevillano que es, por cierto, una de nuestras principales referencias internacionales de danza, premio Nureyev incluido. No deja de resultar paradójico que Jerez, considerada por muchos como el paradigma de la ortodoxia flamenca, haya contado varias veces ya con Antonio Márquez, mientras que la cosmopolita Sevilla lo no haya llevado nunca.

Juana Amaya
Sala La Compañía. 2400h

Texto: Estela Zatania
Fotos: Paco Sánchez

Baile: Juana Amaya, Nazaret Reyes. Cante: Luis Moneo, David “El Galli”, José Anillo. Percusión: Tete Peña.

Juana Amaya de Morón de la Frontera tiene una personalidad artística de las que enganchan. Para sus incondicionales, da igual lo que haga y sólo quieres no dejar de mirarla porque cuando da con el filón, los oles salen solitos.En este sentido es una artista irregular y todo lo que escribo acerca de ella – luego no digáis que no os he advertido – es totalmente subjetivo.Porque Juana Amaya te sujeta.

Tres cantaores, dos tocaores y un cajón fue la receta para que Juana Amaya plasmara su baile de fuerza, pellizco y temperamento.Después de una breve presentación a dúo con su hija Nazaret, bailó por siguiriyas con la intensidad que le caracteriza.Un largo solo de guitarra diluye el ambiente establecido por Juana, y a continuación llega Nazaret por alegrías.Desde muy joven la niña ya impresionaba con su capacidad, y ahora, de adolescente, es una versión talla P de su madre.Vestida de lunares blancos sobre negro, con pañuelo rojo al cuello, bailó con el aplomo y decisión de una persona mayor.

A continuación la madre baila por soleá.Es esa velocidad súper lenta que algunos jóvenes llamarían el estilo antiguo, pero esta ralentización sólo se puso de moda a finales de los años sesenta – la soleá “antigua” se llevaba a un compás bien fluido.Por un lado, el tiempo así parado aporta dramatismo al baile, y es oportuno para el tocaor que desarrolla falsetas más elaboradas, pero el cante suele sufrir al perder coherencia.Juana se deja llevar por una sobredosis de taconeo y el cajón se impone con un sonido que llega a ser molesto.

Sólo queda el clásico fin de fiesta por bulerías. Cincuenta minutos escasos de espectáculo provocan los comentarios negativos de algunos del público que esperaban mayor extensión, pero para los incondicionales, ha sido una oportunidad más para disfrutar del sabroso baile de Juana Amaya.

 

Toda la información:

 

 

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