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XI FESTIVAL DE JEREZ
Rafael de Carmen
Sábado, 24 de febrero, 2007. 1900h.
Sala La Compañía
Texto: Estela Zatania
Fotos: Paco Sánchez
Baile: Rafael de Carmen. Cante: David “El Galli”, José Valencia. Guitarra: Juan Requena. Percusión: Antonio Coronel.
La segunda jornada del Festival de Jerez empezó con la presentación del libro “Gracias a la vida” de Juan Manuel Suárez Japón sobre la vida de Cristina Hoyos, y la primera actuación del día tuvo lugar, como es habitual, el la Sala La Compañía.
Es problemático escribir sobre el baile de Rafael de Carmen que abrió el ciclo “Solos en Compañía”. Es un bailaor francamente magnífico, con un compás infalible, dominio técnico impecable, energía para vender y regalar, flamenquísimo… ¿Porqué entonces su oferta no acaba de convencer? ¿Porqué dejas el teatro sin esa sensación de satisfacción psíquica que en el fondo, es lo que todos estamos buscando cuando, como acto de fe, entregamos dinero a cambio de un papelito que nos permitirá acceder al espacio donde otras personas realizarán hazañas destinadas a emocionar?
A sus 38 años Rafael no acaba de sentarse artísticamente. Igual que Farruquito cuando tuvo 16 años, llena cada instante de sus bailes con increíbles combinaciones percusivas, saltos imposibles y acrobacias sorprendentes a compás. El derroche continuo de energía y la ausencia de cualquier contraste son sus mayores defectos, toda sutileza se le escapa, la exquisitez del auto-control, el gesto insinuado... Convierte el baile flamenco en actividad apta para las olimpiadas, donde sería el ganador absoluto, no cabe la menor duda. Es como una película bélica donde todo son explosiones, al final, te quedas anestesiado, y después de la primera media hora la gente ha dejado de reaccionar, incluso a los logros más extravagantes.
El contraste de voces entre el moronense David “El Galli” y el lebrijano José Valencia, resulta interesante. Siendo de la misma generación, el primero representa la escuela poscamarón, y el segundo queda en terrenos clásicos, dos perspectivas válidas y actuales, no es necesario elegir. Por otra parte, la Sala La Compañía es lugar poco indicado para presentar un programa de baile. Sin colocarse lejos, es imposible ver más que la parte superior de los cuerpos, y la amplificación presenta problemas que no han sido resueltos al cabo de los años.
María del Mar Moreno
Sábado, 24 de febrero, 2007. 2100h.
Teatro Villamarta, Jerez
Texto: Estela Zatania
Fotos: Paco Sánchez
Dance: María del Mar Moreno, Juan Ogalla, Rocío Marín, Julián Vicente “el Kuki”. Colaboración especial al baile: Dolores “Chicharrona”, Yoya “la del Pipa”, La Bastiana, Rocío Moneo. Cante: Antonio Malena, Ana Salazar, Luis de Pacote, Juanillorro, Rosario Soto, Macarena Moneo. Guitarra: José Luis Montón, Santiago Moreno, Malena hijo. Acordeón: Gorka Hermosa. Palmas: Luis de la Tota.
En el Teatro Villamarta, una bailaora de la tierra, sincera y entregada. Jerez quiere mucho a los suyos, y el teatro se llenó de aficionados locales y familiares de los componentes del grupo, además de foráneos.
Hace años que María del Mar Moreno va buscando la obra que cuajaría su profundo amor por lo que hace y por la tradición, con el gusto contemporáneo por obras trabajadas y “diferentes” - dar la nota sin traicionarse a sí misma. A veces ha pecado en una dirección u otra, pero el asunto es que no acaba de dar con la clave. “María, María” es otro empeño que deleita al público local por su reparto jerezano, bailaoras regordetas incluidas, pero que no funciona al nivel teatral.
Abundan referencias confusas, más notablemente el baile de Rocío Marín con acordeón a la francesa que recuerda la obra “La francesa” que veremos en la Sala la Compañía dentro de unos días, y cuando Ana Salazar canta “La vie en rose” es un momento incómodo. También hay imágenes inspiradas en Eva Yerbabuena, como cuando María se sienta sola en la pista, casi inmóvil, con dramática luz cenital, mientras estamos obligados a tragar una grabación antigua de canción lírica que dura eternidad y media.
Su profundo amor por lo que hace y por la tradición, y el gusto contemporáneo por obras trabajadas y “diferentes”

Una farruca de Juan Ogalla, misericordiosamente sin el pesado cante que muchos intentan rescatar en años recientes, es flamencamente bailada, sin rodeos ni historias raras, y el público reacciona a pesar de la excesiva duración.
Pero María también baila, como tan bien sabe hacer. Lo que por su enjundia e intensidad, por el vestido de negro riguroso y mantón negro, parece más bien un baile por siguiriya, resulta ser, sorprendentemente, caracoles, pero bien bailado. Luego, por soleá, la bailaora se encuentra y se supera. Ahora es cuando pegan los gestos de angustia y los arranques, y María hace gala de sus raíces.
Y todo se reduce a lo más inevitable, lo imprescindible, lo esencial y genuino:la reunión por bulerías. Un reducido círculo de cantaoras y bailaoras, haciendo compás sin acompañamiento musical, provocando los sinceros oles del público. María se une al grupo y es la estampa más auténtica de la obra, porque no se pretende más de lo que es cada una, y todas participan por igual.
A todo esto, José Luis Montón, destacable y enriquecedor con su original acompañamiento de guitarra a lo largo de la obra.
CARMEN GRILO / MARINA HEREDIA
Bodega Los Apóstoles
24 de febrero
1ª Parte. Cante Carmen Grilo; Guitarra José Quevedo “El Bolita”; Palmas Luis Cantarote y Carlos Grilo.
2ª Parte. Cante Marina Heredia; Guitarra José Quevedo “El Bolita”; Palmas Luis Cantarote y Carlos Grilo.
Texto: Manuel Moraga
Fotos: Paco Sánchez
ORIENTE Y OCCIDENTE
Noche de degustación en la Bodega Los Apóstoles, y no de vino –no solamente- sino sobre todo de cante. El aire, el soniquete y el tremendismo jerezano lo puso Carmen Grilo. El misticismo granadino lo trajo Marina Heredia. Dos modos estéticos casi opuestos. Una aportó fuerza; la otra gusto. Con las dos –y con la exquisita guitarra de El Bolita- los aficionados pudieron disfrutar de la esencia misma del hecho artístico: la variedad.
Jerezana en la vida y en el cante, Carmen Grilo tiene a priori la dificultad de tener un chorro de voz. Puede parecer paradójico pero digo “dificultad” porque, en principio, ese tipo de voz potente y clara parece tender a la mengua de emoción y hondura en el cante flamenco. Sin embargo, no ocurrió así con Carmen Grilo. Y no ocurrió porque la jerezana se apoya en su voz –como es lógico- pero sólo lo justo para salir airosa de los berenjenales en que se mete, porque Carmen Grilo no se queda en las primeras matas. Su cante busca la dificultad, el límite, como no puede ser de otra forma en el flamenco, y menos en Jerez. No se conforma y se mide una y otra vez. En esas coordenadas nos ofreció un recital fundamentalmente rítmico donde destacó la cabal con que remató las siguiriyas, las alegrías y unas soleares entre las que incluyó un valiente y emocionante cante al estilo de Fernanda. Y, por supuesto, las bulerías de su tierra, donde tuvo como improvisado bailaor a su hermano Joaquín, que se sumó al fin de fiesta. El recital fue de menos a más y el público terminó entusiasmado, incluido –estamos seguros- el más pequeño de los Grilo: el bebé de Carmen que antes de la actuación lloriqueaba un poquito pidiendo sueño, hambre… o el cante de su madre.
Con el corazón revolucionado al compás del 3x4 jerezano que Carmen Grilo había dejado grabado en el aire, la granadina Marina Heredia -con una estampa flamenquísima- comenzó la segunda parte de la velada serenando los ánimos por levante. Una primera minera nos hizo caer en la cuenta de que oriente también existe. El sosiego por soleá -casi impensable en Jerez- lo trajo Marina Heredia en un amplio abanico de estilos. No llega a la treintena de años y, sin embargo, Marina demuestra un dominio de los cantes más propio de la madurez que de la juventud: parando, templando y mandando. Granada fue haciéndose visible primero con los fandangos del Albaycín con que remató la malagueña y después con unos tangos preciosos: esos tangos morunos de Granada, parados, llenos de embrujo. Y terminó con algo casi imposible: metiendo a un gallego por bulerías. Los versos de José Bergamín fluyeron desde la hermosa y flamenca voz de Marina Heredia con el formato de oro 3x4, pero en esta ocasión impregnado del misticismo que envuelve a buena parte del flamenco que sale de las regiones orientales de la geografía jonda.

Jerez y Granada. Occidente y Oriente. Fuerza y misticismo: dos maneras de entender un mismo hecho artístico.
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