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20 de noviembre de 2008
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XI FESTIVAL DE JEREZ

Ballet Flamenco de Andalucía
Cristina Hoyos “Romancero Gitano”

Mayte Martin “Querencia”

 

Ballet Flamenco de Andalucía
Cristina Hoyos “Romancero Gitano”
Viernes, 23 de febrero, 2007. 2100h. Teatro Villamarta, Jerez

Texto: Estela Zatania
Fotos: Paco Sánchez

Baile: Cristina Hoyos, El Junco, Susana Casas, Cristina Gallego, Rosa Belmonte, María del Mar Montero, Rocío Alcaide, Lucía Guarnido, Zaira Santas, José Luis Vidal, Jesús Ortega, Jacob Guerrero, Javier Crespo, Daniel Torres, Abel Harana, Juan A. Jiménez.Cante: Reyes Martín, Vicente Gelo, Gori Muñoz. Guitarra: Andrés Martínez, Ramón Amador. Percusión: Roberto Carlos Jaén. Coreografía: Cristina Hoyos. Música: Pedro Sierra. Guión y dirección: José Carlos Plaza.

El undécimo Festival de Jerez ha comenzado. Y lo ha hecho por lo grande con “Romancero gitano”, una fastuosa y ambiciosa producción del Ballet Flamenco de Andalucía que se estrenó el pasado verano, bajo la dirección de Cristina Hoyos.

Ludwig Mies Van Der Rohe se sorprendería si viera el flamenco que se está haciendo en el año 2007. El arquitecto alemán que nos enseñó que “menos es más”, no sabría qué decir acerca de la compañía de 22 bailaores y músicos en la pista, y otro tanto de colaboradores especializados en diversas especialidades. Un mínimo de 50 personas, para hacer funcionar esta gran máquina de arte, además de un generoso presupuesto que incluye una importante cantidad del dinero público. En la presentación del festival se comentó que los espacios paralelos son para el flamenco, y el Teatro Villamarta se dedica a presentar “danza”. Será por eso.

Una grata velada en el teatro que impresiona por su profesionalidad y montaje

Cómo me gustaría hablaros de cante, baile y guitarra en lugar del atrezzo (original), la iluminación (escasa) y el vestuario (clásico), pero en “Romancero gitano”, quitando a breves intervalos, el flamenco y su música están al servicio del teatro y la dramaturgia, que parece ser la manera más eficaz de atraer a un público internacional: sustituir el flamenco por otra cosa más tragable, dejando alguna referencia reconocible. ¿Acaso no están convencidos los extranjeros que en el baile flamenco se cuentan historias? (“…los movimientos de las manos expresan palabras…”, “…cuando golpean el suelo significa que están enfadados…”, etc.)

Dicho esto, y dejando sin respuesta la pregunta de que si al mundo le hacía falta una obra más basada en Lorca, comunicamos la noticia que Romancero gitano, versión BFA, proporciona una grata velada en el teatro e impresiona por su profesionalidad y montaje. El mismo presupuesto generoso en manos de otro podría dar lugar al fracaso más absoluto, entonces chapó a la señora Cristina por su buen gusto y sabiduría teatral al haber elegido bien sus colaboradores, en particular, el guionista y director José Carlos Plaza, y el encargado de la música, Pedro Sierra.

La puesta en escena sugiere “los gitanos debajo del puente” con los artistas sentados en círculo al lado derecho, la imagen de fondo de un autovía con coches sospechosamente posteriores a la época de Lorca, una furgoneta roja que se asoma por el lado izquierdo y una gran viga que atraviesa en diagonal por lo alto donde serán proyectados los títulos de los romances interpretados y algunos de sus versos.

Las estrofas de “Verde que te quiero verde”, cantadas a distintos palos flamencos, sirven de hilo unificador entre escenas, y cada romance de los diez representados se centra en una forma, desde la soleá apolá cuyas notas son las primeras del Festival de Jerez del 2007, hasta alegrías, tonás, rondeña, siguiriya, cartagenera, bulerías, farruca, bamberas o incluso la melodía de La Leyenda del Tiempo, todo en pinceladas.

Las varias historias son representadas en su casi totalidad a través de coreografías en grupo. Baile unipersonal propiamente dicho, sólo vemos con El Junco que interpreta alegrías, y la misma Cristina, por soleá, con bata de cola negra y palillos.Es decir, gana el “teatro” contra el flamenco, 8 a 2.

En algunos números molesta ver a los guitarristas con los brazos colgados inmóviles mientras suena guitarra, la voz femenina cumple, la masculina menos, La Monja gitana queda en una frivolidad, una violación es representada aceptablemente, pero la reyerta a navaja parece una tópica escena de West Side Story, y en el forcejeo un “bebé” es blandido cual jamón serrano.

Pero son pequeñeces, y el balance final es una entretenida noche andaluzoide en el teatro que te deja con ganas de flamenco.

 

MAYTE MARTÍN
Bodega Los Apóstoles
Viernes, 23 de febrero

Texto: Manuel Moraga
Fotos: Paco Sánchez

AMOR A SORBITOS DE VINO DULCE

En dos partes dividió Mayte Martín su actuación. Dedicó la primera al flamenco más tradicional y completó la segunda con una selección de las composiciones que ha ido repartiendo en sus diferentes discos. Entre peteneras, siguiriyas, malagueñas, vidalita, etc., fue discurriendo el primer bloque en el que la cantaora ya aludió en alguna ocasión al tema “vino” o “bodega”. No parecía estar muy a gusto con ese espacio (“cantando para vosotros… y para el vino”, “en la bodega esta”, etc., fueron algunas de las frases que Mayte pronunció con una cierta retranca), ni tampoco parecía estarlo con el sonido. O quizá no estaba muy a gusto con el sonido -de monitores, es decir, el sonido que los músicos tienen en escenario- precisamente por las propias características del espacio. No se sabe. El caso es que pese a ello, Mayte Martín fue entrando en calor como a ella le gusta: dibujando finamente los perfiles del cante, indagando por todos los rincones melódicos posibles de cada tercio y, en definitiva, buscando la belleza fundamentalmente en la melodía. Es en este elemento musical donde ella expresa más libremente, donde se encuentra más. Daba aveces la sensación de que toda ella se envolvía imaginariamente en su propia melodía vocal. Quizá a esos modos estéticos les cueste más pisar los terrenos de lo jondo, pero también es cierto que cuando se manejan bien los códigos, emerge una belleza especial. Mayte Martín lo consigue de forma casi angelical. Su hermosa sonrisa también contribuye a ello. Destacaron las malagueñas con los abandonaos y un original garrotín donde percibimos una gracia diferente, quizá porque Mayte lo planteó con más intención rítmica.

En la segunda parte Mayte Martín se arropó con otra guitarra (a Juan Ramón Caro se le unió José Luis Montón), violín, contrabajo y percusión. “S.O.S.”, “Navega sola”, “Ten cuidao”, etc. Son algunas de las composiciones que interpretó, todas de amor “porque sólo sé hacer canciones de amor”, afirmó la cantaora. A pesar de su incomodidad ante el sonido, Mayte se fue entregando y el espectáculo creció en intensidad. La Bodega Los Apóstoles se estrenó en esta edición del Festival de Jerez con una curiosa mezcla entre el aroma del vino viejo de las soleras y la dulzura del cante de Mayte Martín.

 

Toda la información:

 

 

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