Gerhard
Steingress, es profesor titular de sociología en
la Universidad de Sevilla. Ha sido profesor en la Universidad
de Klagenfurt (Austria) entre 1974 y 1989. Tras la tesis
acerca de la relación entre reproducción social
y política educativa (1980), se habilitó en
1988 con un estudio sobre la influencia del irracionalismo
en el pensamiento político moderno. Desde 1990 reside
en Sevilla. Numerosas publicaciones dedicadas a la etnosociología,
el nacionalismo, la música popular, especialmente
el flamenco (premio de investigación, 1991), como
fenómeno socio-cultural e ideológico, la etnomusicología,
la sociología de la cultura y del arte, así
como globalización y postmodernidad.
1. PERSONALIDAD Y PERSONALIDAD
ARTÍSTICA
Desde el punto de vista del observador actual, la personalidad
de Pastora Pavón, incluyendo la artística,
se le ofrece como un texto que sólo puede comprenderse
en el contexto que fue su época como referencia histórica
y social de las condiciones concretas que determinaron su
vida. En un primer intento conviene aclarar lo que debe
comprenderse por personalidad, respectivamente, personalidad
artística. Un importante diccionario de sociología
nos instruye al respecto:
“La personalidad surge principalmente en una
situación social y a base de interacciones entre
los individuos. En este sentido, la personalidad se podía
entender como el proceso mediante el cual el individuo
desde su nacimiento es modelado y convertido en un ser
social. Por lo tanto, la personalidad puede ser definida
también como estructura de adaptación, pero
al mismo tiempo, en un esquema explicativo, orientada
a la interpretación de experiencias (personalización).”
(Diccionario de Sociología, 2003:
1072)
No
obstante, el concepto de personalidad artística exige
una especificación que abarca aquellos rasgos determinados
de la personalidad de Pastora Pavón que ésta
desarrolló a partir y en torno a su vida profesional
como cantaora. Es esta dimensión, a la que voy a
referirme aquí, para analizarla en su relación
con el contexto histórico y social mediante la aplicación
de algunos conceptos sociológicos que nos permiten
comprender mejor el contenido de sus actos y manifestaciones
psíquicas como artista, así como la influencia
de su vida artística en la sociedad a la que perteneció.
La elección de esta perspectiva dialéctica
se debe a dos razones:
- En primer lugar, el personaje de Pastora Pavón
responde a un determinado periodo histórico del
desarrollo de la sociedad española, a unas circunstancias
sociales, culturales, políticas e ideológicas
muy determinadas. Todo su arte, toda su trayectoria artística
está, pues, determinada y no se puede comprender
fuera de este contexto. Pastora Pavón fue, podríamos
decir, “hija de su tiempo” y las circunstancias
que lo caracterizaron.
- En segundo lugar, hay que tener en cuenta que las personas
y sus correspondientes personalidades no son simples resultados
de las circunstancias que las rodean y que las acuñan
en cierto modo. Las personas no son copias de su entorno,
pues se trata de seres con voluntad y capacidad propia,
con voz propia: lo que suena por sí mismo (per
sona). En este sentido podríamos precisar que Pastora
Pavón no sólo fue “hija de su tiempo”,
sino que además fue capaz de expresarlo de manera
artística y personal, sintetizando en su voz y
su carácter una interpretación personal
de su época: ella, como mujer, gitana y artista
flamenca intervino en la realidad española durante
varias décadas.
Para explicar esta dialéctica entre persona y sociedad,
entre determinación e interpretación, me serviré
de tres conceptos sociológicos: el de la construcción
social, el de la personalidad básica,
y -sobre todo- el del habitus.
1.1 La personalidad como construcción
social
El
concepto de la “construcción social”
de la realidad humana explica que los individuos y grupos
sociales viven en “mundos sociales” encontrados,
heredados, es decir, en realidades construidas por las generaciones
anteriores. No obstante, al mismo tiempo pueden introducir
-mediante sus acciones mutuas- modificaciones en estos mundos
sociales heredados y, de esta manera, crear o construir
nuevas realidades. El arte es, pues, una de estas construcciones
creativas.
Un sencillo ejemplo permite comprender este proceso: Pastora
Pavón creó -como bien se sabe- determinados
cantes (la bambera) y recreó otros (la petenera)
a partir del material musical que encontró, es decir,
a partir de su experiencia en el uso del objeto musical
y de acuerdo con su capacidad y sensibilidad como cantaora.
Estos nuevos cantes o formas estilísticas fueron
acogidos por el público como creaciones personales
de Pastora Pavón, popularizadas y conservadas mediante
los medios técnicos e introducidas en el corpus
musical del flamenco. Ahora, cualquier artista flamenco
puede utilizar estos medios con el fin de conocer y utilizar
la experiencia sonora para desarrollar su propio estilo
como cantaor/a, es decir, repetir lo que Pastora
Pavón hizo con los cantes de Manuel Torres, Antonio
Chacón y otros.
1.2 La personalidad básica
El concepto de personalidad básica fue formulado
en la primera mitad del siglo XX por antropólogos
y psicoanalistas, para definir al “conjunto de rasgos
culturales comunes que cada sociedad inculcaría a
sus miembros y que se manifiestan por géneros de
vida particulares.” (Diccionario de Sociología,
2004: 1074). No extraña que la formación de
la personalidad básica se inicia a muy temprana edad,
a nivel de las “instituciones primarias” (la
familia) que influyen de manera decisiva y coactiva en el
proceso de enculturación o iniciación del
individuo en la cultura de su entorno. Como reacción
a esta realidad, percibida por el niño como represiva
y frustrante, los individuos desarrollan su sistema de defensa
y de seguridad que caracteriza su personalidad y que determinan
su manera de integración en la sociedad en la que
viven mediante las “instituciones secundarias”
(escuela, trabajo, política etc.). Aplicando este
concepto al caso de Pastora Pavón, se podría
concluir que su forma de desarrollar la personalidad artística
o profesional estuvo decisivamente influenciada por las
experiencias vividas en su infancia y caracterizadas por
una muy temprana combinación entre la vida familiar
y la profesional.
1.3 El habitus
Otro concepto importante en este contexto (y en el mundo
del arte) es el del habitus, que no es igual a “hábito”.
Con el término “hábito” se señala
a todas aquellas disposiciones sociales prácticas
y deseables, aprendidas por los sujetos en tanto que agentes
de estructuras sociales. Se habla del hábito de comer
pescado o de beber cerveza, de utilizar los medios de transporte
público o el coche particular, del hábito
de veranear en la playa o en la sierra, de escuchar música
clásica o jazz etc. El hábito se refiere,
pues, a una acción que se repite o algo que hacen
muchas personas distintas de manera casi automática,
rutinaria, algo que forma parte de su vida cotidiana.
El habitus es diferente y destaca el papel activo
de los agentes, su capacidad y tendencia a generar conductas
nuevas, aplicadas a situaciones cambiantes en el determinado
espacio social al que pertenecen, por ejemplo, por motivos
profesionales. El habitus sería, pues, la fuerza
formadora de hábitos, el principio, la regla general,
lo típico de la forma de actuar de una determinada
clase de individuos, por ejemplo de los artistas. El hábito
es algo pasivo, repetido, impuesto al sujeto, mientras que
mediante el habitus el sujeto interviene como agente
activo, como una fuerza que actúa junto a otras en
un campo social constituido a partir de unos principios,
“construye” de acuerdo con las reglas y estructuras
establecidas, pero sujetas al cambio. Mientras que el hábito
es un efecto de adaptación a determinados comportamientos,
formas de pensar y actuar, el habitus remite al
aspecto estratégico de la personalidad, a un sistema
de predisposiciones corporales y cognitivas de los agentes
sociales, adquiridas mediante el juego social, tanto pasado
como presente. Lo decisivo es que funciona como un sentido
de orientación que genera las prácticas culturales,
verbales y no-verbales: es la forma de actuar, pensar y
sentir propias de un determinado campo social: en nuestro
caso, del campo artístico o, más concretamente,
del flamenco de principios del siglo XX.
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