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<< Morente y el flamenco como
manifestación de la inquietud artística y
social
OMEGA
OMEGA es el título de un CD que incluye 13 composiciones.
Tiene una duración total de unos 68 minutos, aunque
sólo la primera, la que le da el nombre, es de casi
11 minutos, por lo cual habría que considerarla como
una composición que supera el marco de las piezas
normales. Podríamos comprenderla como una suite,
debido al hecho de que se compone de varios fragmentos integrados
en un tema general basado en un compás variado.
OMEGA es una obra muy singular; una obra “final”,
como hace suponer su título; una obra sobre el fin
absoluto, la última consecuencia existencial del
ser humano. El encuentro definitivo entre Morente y Lorca,
entre un granadino vivo y otro muerto, entre la vida y la
muerte; en fin, entre el flamenco del siglo XXI y la visión
del autor del “Romancero Gitano”, que coinciden
en sus viajes a Nueva York, el lugar surreal de los insectos,
la muerte lenta y la esperanza proyectada en la Luna. Es
probablemente la obra más atrevida y arriesgada de
Morente, la más difícil, la más incomprensible,
pero también la más revolucionaria, transgresora.
De cualquier modo: se trata de una obra sorprendente, basada
en la fusión del flamenco con el rock duro del grupo
Lagartija Nick. Se trata de una visión de Enrique
Morente sobre “Poeta en Nueva York” de Federico
García Lorca mediante fragmentos de algunos de las
45 poemas surrealistas que Lorca escribió con motivo
de su estancia en aquella ciudad y sus alrededores en los
años 1929 y 1930.
Eclecticismo y fusión
La idea de OMEGA nació, según parece, en
1993, en Nueva York, cuando Morente se encontraba con el
poeta canadiense Leonard Cohen, autor de la famosa canción
“Suzanne”. Morente le presentó el proyecto
y Cohen -se dice- quedó fascinado... De este modo
se “construyó” OMEGA a partir de fragmentos
de poemas de Lorca del mencionado ciclo, completados con
coplas populares, y algunas versiones de Lorca interpretadas
con anterioridad por Leonard Cohen, como por ejemplo el
“Pequeño Vals Vienés”, o letras
de éste, como “Manhattan” y “Sacerdotes”.
La música es el resultado de una mezcla de elementos
extraídos de diversos samplers de los grandes del
flamenco como Antonio Chacón, Manuel Torres, Manuel
Vallejo, Manolo Caracol y Pastora Pavón. Por otro
lado, están las guitarras flamencas de Tomatito,
Vicente Amigo, Cañizares, Montoyita, Miguel Ángel
Cortés, El Paquete y Juan Antonio Salazar, las voces
de Aurora Carbonell y Estrella Morente que entonces dio
las primeras muestras de su cante, los coros y palmas de
El Negri y Antonio Carbonell, las percusiones de Tino de
Geraldo y el cajón de El Bandolero. Todo esto amalgamado
por la fuerte música rockera de Lagartija Nick.
Uso metafórico y alegórico de la poesía
lorquiana
Independientemente del significado de las doce composiciones
que acompañan a OMEGA -la composición principal,
de casi 11 minutos-, las consideramos secundarias en relación
con la complejidad y profundidad de la pieza que inicia
el disco. Su vinculación con el tema emblemático
se estrecha, no cabe duda, a través del carácter
oscuro y personal de las letras de Lorca y Cohen.
Lo composición OMEGA, a la que nos referimos, es
una mezcla de versos de dos poemas de Lorca incluidos en
su ciclo “El poeta en Nueva York” (1929-1930),
a las que Morente añadió unas letrillas flamencas
para darla una sello nuevo, creativo. El primer fragmento
poético de Lorca procede del poema “Luna y
panorma de los insectos”, el segundo de “Omega”.
El primero lleva como subtítulo “Poema de amor”,
el segundo “Poema para muertos”.
Se trata de versos muy “jondos”, que reflejan
el dolor de personajes con una psicología muy compleja,
de corte poco “tradicional”, un dolor surgido
de la peculiar visión lorquiana del carácter
de vida en Nueva York, símbolo de las grandes urbes,
de las máquinas de convivencia, construidas por las
infraesructuras urbanísticas, por una sociología
de la aglomeración. La OMEGA de Morente parte de
la misma sensibilidad e insiste en el carácter urbano
del dolor, expresado mediante el flamenco, es decir, añade
la peculiar idiosincrasia flamenca alejada de su entrono
tradicional, y por esta razón no parece exagerado
considerarla como apoteosis del flamenco postmoderno.
Es muy difícil interpretar la versión de los
poemas de Lorca y Cohen que nos ofrece Morente. Al surrealismo
de Lorca se añade el peculiar significado personal
del cantaor que utiliza la técnica de fusión
para añadirle una nueva dimensión simbólica.
En líneas generales, me atrevo decir, se trata de
expresar los sentimientos y las observaciones que Lorca,
el “Poeta en Nueva York”, fraguó en sus
poemas. Si Morente eligió el título de OMEGA
para su obra musical, tiene que ver algo con el subtítulo
que le dio Lorca: “Poema para muertos”. No se
trata, pues, de un poema para los muertos, una necrología
dedicada a los desaparecidos, sino más bien a gentes
muertas, apagadas, destrozadas, desesperadas, simbolizadas
en la metáfora repetidamente utilizada de los insectos
como protagonistas del otro poema de Lorca. Se dice que
Lorca quedó fascinado por Nueva York y el estilo
de vida que observó durante su estancia. Pero, también
se dice, que esta fascinación tuvo mucho que ver
con la consternación y el espanto que le produjo.
Los muertos vivientes de la metrópolis del dólar,
el escenario de la alienación absoluta: “No
solloces. Silencio, que no nos sientan”, dice el poeta
granadino en OMEGA, para añadir su desilusión
ante la realidad: “Se cayeron las estatuas al abrirse
la gran puerta”. La realidad no perdona y las ilusiones
sólo producen ambigüedad: “Tengo un guante
de mercurio y otro de seda”.
Las metáforas poéticas
Es de suma importancia que se establezca una diferenciación
entre el productor de la imagen -el poeta y el poeta cantaor-
y el receptor de la misma, el público, nosotros.
No se trata de averiguar lo que “quería decir”
el autor, en este caso Morente, sino lo que ha dicho y qué
es lo que entendemos con sus palabras. Esta forma de acercamiento
a los aspectos latentes de la cultura requiere el uso de
la hermenéutica profunda, es decir, de la teoría
psicoanalítica de los sistemas simbólicos
culturales para poder descifrar el significado escondido
de las producciones culturales, textos y obras de arte,
para revelar su contenido “verdadero” a través
de la traducción de lo simbólico al lenguaje
racional. Sin duda, no es aquí el momento y el lugar
adecuado para extendernos en este aspecto, pero sí
parece necesario insistir en la necesidad de una “doble
lectura” de la construcción poética
que representa OMEGA, para descubrir “lo jondo”
en ella, es decir, aquello que remite a la realidad “realmente”
sentido.
Las palabras no revelan esta dimensión de la experiencia
humana de manera inmediata, sino que encubren una segunda
realidad, la verdadera, la poética, la que sólo
es asequible mediante el esfuerzo intelectual y emocional
del receptor. El lenguaje metafórico de Lorca, en
la versión hipermetafórica empleada por Morente,
ese “hablar con imágenes”, no solamente
sustituye el contenido semántico de una palabra,
bien comprensible en el lenguaje común, por otra,
simbólica, sino que OMEGA en sí es una metáfora,
mejor dicho, una alegoría, pues va más allá
del juego simbólico con palabras sueltas: se basa
en un una imagen total, sintetizada en la “gran O”,
en la “o-mega” de los griegos, la última
letra del alfabeto, de la vida. OMEGA es una metáfora
absoluta que nos instruye, deleita y conmueve.
No obstante, Morente no sólo recrea los dos poemas
de Lorca mediante un eclecticismo, sino que impone, además,
la metafórica de la poesía flamenca a la poesía
surrealista de Lorca. Más aun, mezcla las metáforas
de los dos poemas de Lorca, lo cual complica la comprensión
de su versión de OMEGA.
Vamos a ver, como lo hace:
Primero, coge la primera estrofa de “Luna y Panorama
de los Insectos”, un “poema de amor”,
e invierte la condición lógica del argumento:
1.) Versión original de Lorca:
“Mi corazón tendría la forma de
un zapato
si cada aldea tuviera una sirena. (=
explanandum)
Pero la noche es interminable cuando se apoya en los enfermos
y barcos que buscan ser mirados para poder hundirse tranquilos.”
(= explanans)
2.) Versión de Morente:
“Como la noche es interminable
cuando se apoya en los enfermos (=
explanans)
si cada aldea tuviera una sirena
mi corazón tendría
la forma de un zapato.”
= explanandum)
Lorca ofrece el corazón, de “forma de zapato”,
para intervenir, pero la noche de los enfermos y barcos
que quieren hundirse es una condición adversa: el
amor fracasa. Morente parte de este obstáculo y condiciona
la acción del corazón de la “sirena”
como símbolo de alerta y socorro, aunque tampoco
parece haber solución: no hay sirena que llame la
atención. Para Lorca, el quejido de la “noche
interminable” es sin esperanza, un hecho que Morente
transmite y traduce mediante el lenguaje del flamenco en
“aquellos golpes, aquellos por Dios” que sobran
y que sólo “arrancan de fatiga las alas a mi
corazón”. Las quejas no sirven, parece decir,
solo debilitan nuestros corazones.
La segunda parte de OMEGA se basa en los versos de “Omega”,
subtitulado por Lorca como “poema para muertos”.
Morente lo introduce íntegramente y con algunas adaptaciones
debidos a la métrica musical:
“Las hierbas.
Yo me cortaré la mano derecha.
Espera.
Las hierbas.
Tengo un guante de mercurio y otro de seda.
Espera.
¡Las hierbas!
No solloces. Silencio, que no nos sientan.
Espera.
¡Las hierbas!
Se cayeron las estatuas
al abrirse la gran puerta.
¡¡Las hierbaaas!!
Ahora, estamos ante una introducción, cogida de
aquel “poema de amor” de Lorca, que habla de
la voluntad de dar forma de zapato al corazón “si
cada aldea tuviera una sirena”, pero el amor fracasa,
pues la noche es interminable, llena de muertes. Y después,
la parte sustancial del poema, que consiste en el “poema
para muertos” y que nos enfrenta a una alegoría
basada en la acción de cortar las hierbas con la
mano derecha que dispone de dos tipos de guante: uno de
mercurio y otro de seda, una mano dura, venenosa y otra
blanda, suave. Los muertos no sollozan; hay silencio, pero
también hay inquietud: “Espera”. Un silencio,
no obstante, que se apodera de nosotros una vez que “se
cayeron las estatuas al abrirse la gran puerta” que
es la muerte, la hierba, que nos espera a todos.
La metáfora de la hierba como sinónimo de
la muerte, como disolución absoluta del sentido -es
decir, de la esperanza-, como desilusión, aunque
llena de dolor y entrega, reduce el amor a un acto inútil
que es cortar las hierbas que crecen en las tumbas. No hay
sirenas en las aldeas, no hace falta dar forma de zapato
al corazón. Hay hierbas en las tumbas, pero también
hay flores, flores amarillas y de todos colores, como reza
la copla con la que Morente nos da una pista, rompiendo
con la visión pesimista de Lorca: el amor es algo
de los vivos y para los vivos.
La música como dimensión de la metáfora
La primera parte, formada por la estrofa procedente de
“Luna y panorama de los insectos”, es recitada
acompañada por el compás monótono,
oscuro y trágico de una saeta y con un discreto fondo
musical electrónico que subraya el carácter
surrealista de la descripción poética. La
saeta electrónica (con su ritmo de 1-2-3 1/2) nos
acerca a la muerte surrealista, a aquella “noche interminable”
que nos espera “cuando se apoya en los enfermos”o
cuando “barcos buscan ser miraos para poder hundirse
tranquilos”, es decir, cuando nos vemos obligados
a acompañar la decadencia (la enfermedad y el narcisismo
de aquellos que quieren ser “mirados”), cuando
estamos ante el OMEGA.
No obstante, con el fin de la primera parte (2'28) se produce
un significativo cambio rítmico (1/2 1-2-3) dentro
del mismo panorama musical que señala una manifestación
de resistencia o alternativa, aunque frustrada, pues no
hay ninguna sirena que reclame a alguien dispuesto a dar
forma de zapato a su corazón para llegar a los enfermos
y los barcos que se hunden. Lo que espera es la hierba,
son las hierbas, fieles acompañantes de las tumbas.
En este momento (4'13) entran -al compás de bulerías,
algo lentas, y sin que desaparezca el son electrónico
de la saeta anterior- las baterías y las guitarras
flamencas. A continuación, el acompañamiento
musical cambia hacia un martinete (“Aqueos golpes,
aqueos por Dios...”): ritmo binario, a palo seco,
letras flamencas, con un fondo de voces y sonidos electrónicos
(6'43). Mediante el último verso del martinete (“como
doblaron las campanas”) se inicia una secuencia de
caos de sonidos que desemboca (7'20) en la entrada de las
guitarras eléctricas y las baterías de Lagartija
Nick, cuyo rock psicodélico, marcado por el stakato
del tambor y flanqueado por las palmas flamencas, acentúa
el carácter surrealista de las letras. Es el momento
(8'0) cuando Morente alude -dejando atrás el panorama
musical del martinete disuelto, ahogado en la cacofonía
electrónica- al compás más alegre de
tangos o tientos y, por segunda vez en esta composición,
a la metáfora de las hierbas para transformarlas
inmediatamente en las “flores amarillas” y de
“todos los colores”, incluidas en las letras
flamencas. El rock psicodélico continúa hasta
el final, alternándose varias veces las letrillas
flamencas de las flores con aquella parte del poema que
dice “Sollozos de silencio, silencio que no lo sientan.
Se cayeron las estatuas al abrirse la gran puerta”.
La fusión del flamenco, siempre dominante en OMEGA,
con el rock duro de Lagartija Nick consiste en una serie
de superposiciones, repeticiones, contrastes y permutaciones
de voces a partir de estilos musicales diferentes, lo cual
le da a la composición cierto carácter de
fuga, de un caos musicalmente expresado y ordenado. De este
modo, pensamos que la música relaciona el estado
de ánimo que resuena en la poesía de Lorca
cuando se vio expuesto al american way of life en el año
del derrumbamiento de la bolsa y sus consecuencias sociales.
El choque cultural que sufrió como persona sensible,
criada en el ambiente relajado de una casa de campo granadina,
su profunda y negativa impresión por la civilización
del dólar, la suerte de tantas personas sometidas
al ritmo de un maquinismo deshumanizado - todo esto se refleja
en el grito del cantaor, en la fría contundencia
de los instrumentos, en los trémolos prolongados
y desgarrados de las guitarras eléctricas que suenan
a las sirenas de la aldea global, reclamando salvación
en la noche interminable, o en el despiadado martilleo de
los tambores, en el caos de voces desesperadas y sonidos
trash, que marcan la cercanía de la apocalipsis existencial
del hombre alienado, solitario, desprovisto de amor y, por
consiguiente, muerto.
Ahora, lo que entendemos es que Morente utilizó los
fragmentos de la oscura poesía lorquiana, que refleja
la desesperación del autor del “Romancero gitano”
ante el impacto emocional, ambiguo, terrorífico que
le causaron la gran ciudad, Nueva York, y su gente inmortalizada
en la metáfora de los insectos que poblaron el panorama
nocturno bajo la luz esperanzadora de la Luna. Pero, Morente
vio Nueva York de otra manera: en compañía
de Leonard Cohen y como un Lorca más reciente. Sobre
todo, parece haber visto algo similar a partir de su sensibilidad
como artista flamenco. Por esta razón insiste en
las flores de tantos colores como símbolos de la
vida y del amor. No hay razón para lamentar la muerte
y la suerte de los hombres convertidos en insectos; toda
la razón está en una vida digna y feliz, una
vida vivida con flores, de to’os colores.
En fin: consideramos a OMEGA una obra transgresora, vanguardista
del flamenco actual y -a pesar de que se presentó
hace ocho años- es la obra más significativa
de la carrera artística de Enrique Morente hasta
el momento.
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