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10 de septiembre de 2010
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Especial Enrique Morente

De OMEGA a EL PEQUEÑO RELOJ

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Morente y el flamenco como manifestación de la inquietud artística y social

La trayectoria artística de Enrique Morente empezó, según se dice, a muy temprana edad: a los seis años, cuando cantaba en el grupo de seises de la Catedral de Granada. De las coplas religiosas al cante no había mucha distancia, especialmente en Granada y gracias a Aurelio de Cádiz. Se cantaba mucho y de todo; todavía se estaba lejos de la posterior renovación del Flamenco por parte de Mairena y otros. A Morente, a los dieciocho años, le atrajo la capital, Madrid. Como podría ser de otra manera. Y allí se hizo cantaor, conocido como “Enrique el Granaíno”. Solía buscar la cercanía de Pepe el de la Matrona y se ganó, poco a poco, algo de fama con sus actuaciones en la Peña Flamenca Charlot y luego en la Casa de Málaga, o acompañando al baile de Gloria y Camborio en numerosas salas de fiesta. El cambio le llegó al ser sustraído de este ambiente convencional, para actuar en el Pabellón de España en la Feria Mundial de Nueva York y en la Embajada de su país; esto ocurrió en 1964. Y en este mismo año fue aceptado por Antonio Mairena en Córdoba. Había conseguido mucho ya, por lo menos un buen comienzo. Poco después ya actuaría en Europa, en la India y Japón.

No obstante, esto sólo fue el preludio de su carrera. En 1967 ganó su primer premio y empezó a grabar discos: El primero, “Cante flamenco”, y un año más tarde el segundo, “Cantes antiguos del flamenco”, con la guitarra de Félix de Utrera y Niño Ricardo. A pesar del carácter tradicional de los temas, ya rozó los límites de lo entonces aceptado debido a la impronta personal, con la que se expresó dentro del clasicismo imperante, y a su repertorio poco convencional. La fisura vino en 1971 con su célebre y espectacular álbum “Homenaje flamenco a Miguel Hernández”, seguido por “Morente en vivo”; este último un disco pirata editado en Holanda. Algo distinto apareció en el pequeño mundo del flamenco de entonces. Ya antes, en 1970, había abierto paso al flamenco en el Ateneo de Madrid, acompañado por Manolo Sanlúcar, y al año siguiente le veíamos en una gira por México. La Cátedra de Flamencología le otorgó el Premio Nacional en 1972, y a continuación repitió sus giras por Europa y Estados Unidos.

Lo que llama la atención en sus primeras producciones es el cuidado que dedica a las letras de sus cantes. Esta sea probablemente el primer paso de su futura trayectoria como innovador en el flamenco. Las poesías de Miguel Hernández, por ejemplo, se hicieron inmortales en su tan impresionante “Nana de la cebolla” o en “El niño yuntero”. La posición, que con estos versos tomaba frente al régimen franquista, pronto le convirtieron en un cantaor preferido por la oposición izquierdista en el país y en uno de los primeros innovadores.

Su dedicación a la poesía española convertida en música le acercó, a continuación, a otros autores como Antonio Machado, Lorca o San Juan de la Cruz, recopilados en “Se hace camino al andar”, un mensaje esperanzador, dirigido a la nueva España en 1975. A continuación, Morente lanzó la muy significativa obra titulada “Despegando” y lo veíamos cantando con Camarón en el Frontón de Madrid.

Después vendría otra trayectoria, marcada por su primer mensaje a los “grandes” del flamenco: con el “Homenaje a Don Antonio Chacón” obtuvo, en 1978, el Premio Nacional de Música Popular. A principios de la década de los 80 aparecieron “Sacromonte” (1982) y “Cruz y Luna” (1983), y algo más tarde, “Esencias” (1988).

Y Morente empezó a ampliar su campo de acción artística, dedicándose a la integración del flamenco en el mundo del espectáculo y la danza, como por ejemplo en el caso de “Andalucía Hoy” o el ballet “Obsesión”, estrenado por el Ballet Nacional de Canadá. Su dedicación a la música griega y bizantina quedó reflejada en “El mito de Edipo Rey”. Junto con Antonio Robledo estrenó, en 1986, en el Teatro Real de Madrid, su “Fantasía del cante jondo para voz flamenca y orquesta”, coincidiendo las guitarras de Juan Habichuela y Gerardo Núñez con la Orquesta Sinfónica de Madrid. Después, en 1987, daría un paso importante al participar en el Festival de Jazz de Madrid.

Las andaduras innovadoras no cesaron y el mundo del flamenco se sorprendió -con motivo del Festival de Granada de 1988- ante “El loco romántico”, obra inspirada en el “Quijote”. Para no olvidar la “Misa Flamenca” con textos de San Juan de la Cruz, Fray Luis de León, Lope de Vega y Juan de Encina. Las poesías de Lorca le sirvieron para grabar “En la Casa”.

La última década del siglo pasado se inició con su homenaje a Sabicas, y en la Bienal de Sevilla de 1990 presentó “Allegro Soleá”. Aparte de sus propias composiciones escribió la música a “Los Arrecogías de Beaterio de Santa María Egipciaca”de Martín Recuerda, al igual que para la película “La Sabina” de José Luis Borau. En 1993 cambió de Ariola a su propio sello discográfico, “Discos Pobreticos” (o "Discos Probeticos", denominación derivada del andaluz probe por “pobre”, según dicen). Y en 1994 se le concedió, hecho único hasta entonces, el Premio Nacional de Música.

Hemos llegado, así, al año 1996. Es el año que dio luz a OMEGA, con el que se inició la fase más reciente de la obra de Morente, la decisiva, aunque probablemente no la última.

¿En qué sentido podemos decir “decisiva”? Pues, se podría argumentar que si excluimos los primeros años en Granada y Madrid, el “Homenaje a Miguel Hernández” fue su giro como innovador en el flamenco. No obstante, sólo se trató del inicio de un proceso que iba en aumento, consolidándose el carácter musical singular del cantaor granadino. Primero las letras; después la música. Lo tradicional del flamenco nunca ha desaparecido en Morente, pero tampoco ha sido repetido, sino sintetizado mediante su maestría musical. De este modo, nos ha llevado a un flamenco diferente, nuevo, e incluso cabe la pregunta si no deberíamos hablar de un nuevo estilo musical creado a partir del flamenco, dándole una nueva dimensión estética a partir de una fusión más allá de lo meramente mecánico: es decir, un flamenco que se ha independizado de sus orígenes musicales y culturales (tal como ocurrió, ¿no es así?, en el caso de Silverio), para convertirse en un género musical parecido al blues, jazz o al rock, cuyas procedencias en la música popular de sus regiones correspondientes son, hoy día, más bien datos históricos.

Morente pertenece a aquella generación de cantaores y cantaoras que ha oído nacer el “nuevo flamenco”. Más aún, él ha sido uno de sus más relevantes y serios impulsores.

Resumiendo: la trayectoria de la obra artística de Morente refleja muy bien los diferentes pasos de innovación en el flamenco contemporáneo y se puede resumir en cinco temas:
a) la interpretación flamenca de la poesía española (San Juan de La Cruz, Antonio y Manuel Machado, Miguel Hernández, Federico García Lorca, León Felipe);
b) los homenajes a flamencos (Sabicas, Montoya, Manolo de Huelva; Chacón);
c) la integración del flamenco en la música sinfónica y litúrgica;
d) la interpretación flamenca al teatro clásico y la danza (ballet);
d) la fusión del flamenco con el jazz y el rock.

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