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su obra
Morente y el flamenco como manifestación
de la inquietud artística y social
La trayectoria artística de Enrique Morente empezó,
según se dice, a muy temprana edad: a los seis años,
cuando cantaba en el grupo de seises de la Catedral de Granada.
De las coplas religiosas al cante no había mucha
distancia, especialmente en Granada y gracias a Aurelio
de Cádiz. Se cantaba mucho y de todo; todavía
se estaba lejos de la posterior renovación del Flamenco
por parte de Mairena y otros. A Morente, a los dieciocho
años, le atrajo la capital, Madrid. Como podría
ser de otra manera. Y allí se hizo cantaor, conocido
como “Enrique el Granaíno”. Solía
buscar la cercanía de Pepe el de la Matrona y se
ganó, poco a poco, algo de fama con sus actuaciones
en la Peña Flamenca Charlot y luego en la Casa de
Málaga, o acompañando al baile de Gloria y
Camborio en numerosas salas de fiesta. El cambio le llegó
al ser sustraído de este ambiente convencional, para
actuar en el Pabellón de España en la Feria
Mundial de Nueva York y en la Embajada de su país;
esto ocurrió en 1964. Y en este mismo año
fue aceptado por Antonio Mairena en Córdoba. Había
conseguido mucho ya, por lo menos un buen comienzo. Poco
después ya actuaría en Europa, en la India
y Japón.
No obstante, esto sólo fue el preludio de su carrera.
En 1967 ganó su primer premio y empezó a grabar
discos: El primero, “Cante flamenco”, y un año
más tarde el segundo, “Cantes
antiguos del flamenco”, con la guitarra de Félix
de Utrera y Niño Ricardo. A pesar del carácter
tradicional de los temas, ya rozó los límites
de lo entonces aceptado debido a la impronta personal, con
la que se expresó dentro del clasicismo imperante,
y a su repertorio poco convencional. La fisura vino en 1971
con su célebre y espectacular álbum “Homenaje
flamenco a Miguel Hernández”, seguido por
“Morente en vivo”; este último un disco
pirata editado en Holanda. Algo distinto apareció
en el pequeño mundo del flamenco de entonces. Ya
antes, en 1970, había abierto paso al flamenco en
el Ateneo de Madrid, acompañado por Manolo Sanlúcar,
y al año siguiente le veíamos en una gira
por México. La Cátedra de Flamencología
le otorgó el Premio Nacional en 1972, y a continuación
repitió sus giras por Europa y Estados Unidos.

Lo que llama la atención en sus primeras producciones
es el cuidado que dedica a las letras de sus cantes. Esta
sea probablemente el primer paso de su futura trayectoria
como innovador en el flamenco. Las poesías de Miguel
Hernández, por ejemplo, se hicieron inmortales en
su tan impresionante “Nana de la cebolla” o
en “El niño yuntero”. La posición,
que con estos versos tomaba frente al régimen franquista,
pronto le convirtieron en un cantaor preferido por la oposición
izquierdista en el país y en uno de los primeros
innovadores.
Su dedicación a la poesía española
convertida en música le acercó, a continuación,
a otros autores como Antonio Machado, Lorca o San Juan de
la Cruz, recopilados en
“Se hace camino al andar”, un mensaje esperanzador,
dirigido a la nueva España en 1975. A continuación,
Morente lanzó la muy significativa obra titulada
“Despegando”
y lo veíamos cantando con Camarón en el Frontón
de Madrid.
Después vendría otra trayectoria, marcada
por su primer mensaje a los “grandes” del flamenco:
con el “Homenaje
a Don Antonio Chacón” obtuvo, en 1978,
el Premio Nacional de Música Popular. A principios
de la década de los 80 aparecieron “Sacromonte”
(1982) y “Cruz y Luna” (1983), y algo más
tarde, “Esencias”
(1988).
Y Morente empezó a ampliar su campo de acción
artística, dedicándose a la integración
del flamenco en el mundo del espectáculo y la danza,
como por ejemplo en el caso de “Andalucía Hoy”
o el ballet “Obsesión”, estrenado por
el Ballet Nacional de Canadá. Su dedicación
a la música griega y bizantina quedó reflejada
en “El mito de Edipo Rey”. Junto con Antonio
Robledo estrenó, en 1986, en el Teatro Real de Madrid,
su “Fantasía del cante jondo para voz flamenca
y orquesta”, coincidiendo las guitarras de Juan Habichuela
y Gerardo Núñez con la Orquesta Sinfónica
de Madrid. Después, en 1987, daría un paso
importante al participar en el Festival de Jazz de Madrid.
Las andaduras innovadoras no cesaron y el mundo del flamenco
se sorprendió -con motivo del Festival de Granada
de 1988- ante “El loco romántico”, obra
inspirada en el “Quijote”. Para no olvidar la
“Misa
Flamenca” con textos de San Juan de la Cruz, Fray
Luis de León, Lope de Vega y Juan de Encina. Las
poesías de Lorca le sirvieron para grabar “En
la Casa”.
La última década del siglo pasado se inició
con su homenaje a Sabicas, y en la Bienal de Sevilla de
1990 presentó “Allegro
Soleá”. Aparte de sus propias composiciones
escribió la música a “Los Arrecogías
de Beaterio de Santa María Egipciaca”de Martín
Recuerda, al igual que para la película “La
Sabina” de José Luis Borau. En 1993 cambió
de Ariola a su propio sello discográfico, “Discos
Pobreticos” (o "Discos Probeticos", denominación
derivada del andaluz probe por “pobre”, según
dicen). Y en 1994 se le concedió, hecho único
hasta entonces, el Premio Nacional de Música.
Hemos llegado, así, al año 1996. Es el año
que dio luz a OMEGA,
con el que se inició la fase más reciente
de la obra de Morente, la decisiva, aunque probablemente
no la última.
¿En qué sentido podemos decir “decisiva”?
Pues, se podría argumentar que si excluimos los primeros
años en Granada y Madrid, el “Homenaje a Miguel
Hernández” fue su giro como innovador en el
flamenco. No obstante, sólo se trató del inicio
de un proceso que iba en aumento, consolidándose
el carácter musical singular del cantaor granadino.
Primero las letras; después la música. Lo
tradicional del flamenco nunca ha desaparecido en Morente,
pero tampoco ha sido repetido, sino sintetizado mediante
su maestría musical. De este modo, nos ha llevado
a un flamenco diferente, nuevo, e incluso cabe la pregunta
si no deberíamos hablar de un nuevo estilo musical
creado a partir del flamenco, dándole una nueva dimensión
estética a partir de una fusión más
allá de lo meramente mecánico: es decir, un
flamenco que se ha independizado de sus orígenes
musicales y culturales (tal como ocurrió, ¿no
es así?, en el caso de Silverio), para convertirse
en un género musical parecido al blues, jazz o al
rock, cuyas procedencias en la música popular de
sus regiones correspondientes son, hoy día, más
bien datos históricos.
Morente pertenece a aquella generación
de cantaores y cantaoras que ha oído nacer el “nuevo
flamenco”. Más aún, él ha sido
uno de sus más relevantes y serios impulsores.
Resumiendo: la trayectoria de la obra artística
de Morente refleja muy bien los diferentes pasos de innovación
en el flamenco contemporáneo y se puede resumir en
cinco temas:
a) la interpretación flamenca de la poesía
española (San Juan de La Cruz, Antonio y Manuel Machado,
Miguel Hernández, Federico García Lorca, León
Felipe);
b) los homenajes a flamencos (Sabicas, Montoya, Manolo de
Huelva; Chacón);
c) la integración del flamenco en la música
sinfónica y litúrgica;
d) la interpretación flamenca al teatro clásico
y la danza (ballet);
d) la fusión del flamenco con el jazz y el rock.
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