Cante: La Susi. Cante, piano y guitarra: Diego Amador. Guitarras: Ramón Amador, Manuel de la Luz, Javier Carmona. Percusión: Antonio Coronel y Luis Amador. Coros: Zamara Amador y La Carbonera. Compás: Bobote y Rafael del Carmen. Violín: Joaquín Calderón. Viola: Rafael Cañete. Chelo: Guillermo Martín. Contrabajo: José López.
Texto: Rubén Gutierrez
Fotos: Málaga en Flamenco / Carlos Díaz Martín
LOS FABULOSOS PRIMOS AMADOR
Si hay algún músico que mantiene viva la llama del flamenco, ese es sin duda El Churri. Siendo un chaval se arrimó a la batería de la mano de Patita Negra, la continuación del trabajo de sus hermanos Rafael y Raimundo, y una vez que asumió el secreto de la clave flamenca, se embarcó en una travesía que le ha llevado a tener un romance con todos los instrumentos a los que se ha acercado. El piano, la guitarra, el bajo o la mandola no tiene secretos para él, pero ahora ha sacado esa raza que lleva dentro para expresarse aún más con su quejumbrosa voz. No pudo tener mejor partener, otra diva del cante flamenco llamada La Susi.

Diego Amador / La Susi |

Diego Amador / La Susi |
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La alicantina aparece rodeada de varones para demostrar el poderío del matriarcado gitano. Sentada alrededor de una mesa junto a Ramón Amador, Bobote y Rafael del Carmen comienzan a hacer nudillos marcando los tiempos de la soleá para que el Churri desgrane las primeras letras que alcanzarían su máxima expresión en la voz de la Susi. Una vez entrados en situación, de la guitarra de Manuel de la Luz brotan los primeros trémolos del toque por rondeña, para que en una vivencia de trance flamenco las voces gitanas canten por seguiriya. Ese cante racial nos duele, atemperándose con la vidalita que más tarde ejecuta Susi Amador pero sin perder el dramatismo y la pena contenida.
Diego Amador, tras pasar larga temporadas trabajando con su compadre Tomatito, ha revolucionado igualmente el piano flamenco, dotándole de un elemento algo más que percusivo y armónico, de sus teclas brotan ríos de melodías flamencas, capaz de traducir la arzapúa y el rasgueado de la guitarra en su toque por tientos. Luego pondrán rumbo a la tierra que vió nacer a la famila Amador. Este clan proviene de Almería y así se hace notar en la interpretación de la taranta y minera. Cual escena de un piano bar, los elegantes Amador nos trasmiten la nostalgia de esas tierras, para ellos ahora más lejanas. Cabe destacar que el Churri ha introducido en esta producción un cuarteto de cuerda, y de este modo las cedras de los racos hacen quejarse a los instrumentos, aunque los arreglos podrían haber sido más variados, y quizás no hubiese venido mal un poco de trasgresión en la ejecución cual zíngaros del este de Europa.
El dramatismo y la pena contenida
Las alegrías también están presentes para acordarse una vez más de ese espejo donde se mira la raza gitana, el cante de Camarón, del cual ha bebido continuamente el genio de las Tres Mil Viviendas sevillanas. Este Mozart del flamenco cogerá posteriormente la guitarra para rasguear por tangos, dando entrada otra vez a La Susi, que durante años ha hecho de este estilo su estandarte. Pero es más cierto que todo cante flamenco que interpreta lo hace con gran maestría, así lo corrobora la siguiente granaína. Nuevamente la escena de ambos a la vera del piano, y aunque los nervios traicionan, saben mantener la calma y conducirnos por los recovecos de la cadencia andaluza.
La coda final de la producción sería por fandangos, los alosneros, que nos sitúan en una obra bethoviana con todos los músicos y los coros prestos y dispuestos a engrandecer aún mas esta espiritualidad musical llamada flamenco. La ovación es larga y sonora, el respetable, que apenas si medio llenaba la sala, pide no obstante una dosis de soniquete, y la propina es concedida. Fiesta por Bulerías en la que echamos en falta una pataita de Rafa o el Bobote.
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Especial MÁLAGA EN FLAMENCO
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