Texto: Rubén Gutierrez
Fotos: Paco Sánchez
7 BAILES 7
Cuando uno tiene menos de veintisiete años, todavía se encuentra sin saber a ciencia cierta qué es lo que quiere hacer en su vida, pero anoche pudimos observar que hay seis jóvenes que saben perfectamente como van a encarrilar su futuro profesional: sencillamente bailar flamenco. Aunque la velada fue un poco dogmática, más por la ausencia de iluminación, que supuso bailar en la oscuridad a lo Lars Von Tiers, es más cierto que esta juventud trae un aire fresco aportando ciertas novedades, pero nos quedamos con las partes más rancias.

Mercedes Ruíz |
Marco Flores |
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Abrió el espectáculo el malagueño Antonio Arrebola, para mí un desconocido hasta la fecha, y aunque aportó detalles de gran técnica, su farruca anduvo un poco lite, más clásica que flamenca. Tampoco pudimos observar muy bien sus movimientos, pues a la escasa iluminación se añade su indumentaria negra. Al cante anduvo Manuel Tañé, y le acompañaron con las guitarras Mariano Campillo y Javier Leal, y Ricardo el Alemán a la percusión. Luego sería el turno de Belén López la cual se mira en su paisana Carmen Amaya, lo cual es un problema. Tienes que ser realmente buena si quieres bailar como Carmen, no sólo consiste en meter los pies de una manera descontrolada. Con Carmina Cortés y Charo Manzano al cante, más las sonantas de Niño Manuel y Luis Miguel Manzano, un flautista y la percusión de Javier Valduciel, bailó unas alegrías si podemos llamarlas así, porque en ningún momento respetó la estructura de dicho baile y solo buscó el aplauso fácil del público.

Manuel Liñan |
Antonio Arrebola |
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Otro de los esperados era el granadino Manuel Liñan, el cual es capaz de asombrarnos cuando contonea su cuerpo, nos guiña con sus hombros o caracolea con sus manos, pero también es capaz de hartarnos en sus arranques de fuerza bruta que poco le ayudan en su baile masculino pero sensual. Manolillo, que bailó por soleá, llevaba un buen atrás con Antonio Campos y Emilio Florido al cante, a la bajañí, Arcadio Marín y Antonia Jiménez, más el compás de Ana Romero y La Tacha.
Seis jóvenes que saben perfectamente como van a encarrilar su futuro profesional: sencillamente bailar flamenco

Luisa Palicio |
Belén López |
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El descanso supuso un giro en el devenir de la noche. Y salió Luisa Palicio con su bata de cola. Esta alumna de Milagros Mengíbar que se alzó con el premio Giraldillo Revelación en la pasada edición de la Bienal de Sevilla, está consiguiendo revitalizar el baile de la escuela sevillana, pese a haber nacido en la provincia de Málaga. El gusto y la destreza al mover la pesada bata de cola nos dice que tenemos bailaora para rato. El cante de Vicente Gelo y Jesús Corbacho hizo mecerse a Luisa por peteneras y malagueñas, ayudada por la guitarra de Pedro Sánchez, hijo del querido y añorado Naranjito de Triana. Qué manera de bracear, y qué sensualidad con los movimientos del abanico que llevaba incorporado en una especie de foulard, esta si que se ganó los oles y aplausos sin ningún tipo de efecto que los provocara. Del mismo modo nos llegó Marco Flores, y es que por algo ha sido el ganador del premio Antonio Gades en el reciente Concurso de Córdoba. El arcense bailó por martinete y seguiriyas, conservando la verticalidad en todo momento, y con un despliegue de recursos propios de un gran bailaor. El braceo muy medido, dada la carga dramática de este baile, los pitos y las percusiones corporales marcando los tiempos de intensidad y el zapateado con la sobriedad que inspira la pena de las letras entonadas por el cuadro que fue el mismo que acompañó a su compadre Manuel Liñán.
Y por último, el baile de Jerez, que no podía faltar. Mercedes Ruiz, junto con la guitarra de su Santiago Lara, exhibió el baile más rancio de toda la noche. Letras cortitas en voz de David Palomar, Antonio Campós, el Londro y Jesús Méndez al más puro estilo de una reunión en un patio de vecinos. Que pena que todos vistieran de negro, incluso ella, y aquello pareciera un velatorio, pero Mercedes supo sacar lo mejor de sí misma, sobretodo cuando se iba acelerando el compás de amalgama. Ya solo quedaba el fin de fiesta, y como viene siendo habitual en Málaga en flamenco, fue distinto y muy especial. Los seis protagonistas se sentaron en forma de media luna y fueron evolucionando su braceo y su zapateado en la misma silla, sin moverse de ella, al compás que le marcaban sus compañeros, hasta fundirse todos a una y levantar al público de sus asientos.
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Especial MÁLAGA EN FLAMENCO
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