Guitarra: Gerardo Núñez. Contrabajo: Pablo Martín. Percusión: El Cepillo. Lugar: Cueva de Nerja, Nerja. Fecha: domingo, 9 de septiembre. Aforo: Tres cuartos de entrada.
Juan Vergillos
fotos: Málaga en Flamenco
El lenguaje de las piedras
La música del trío de Núñez suena distinta en la cueva. La piedra potencia las notas, las formas de la naturaleza nos recuerdan que somos parte. Gerardo, Pablo y El Cepillo interpretaron los temas de siempre, los que llevan haciendo en los últimos años, el repertorio incluido en el último disco del guitarrista, ‘Andando el tiempo’. Pero en la cueva sonaron distintos. Más íntimos, más pequeños. Igual de verdaderos. O más si cabe. ‘Siempre es tarde’ se llama la primera bulería que toca la banda. No para la piedra detenida. La eternidad y un día, el de hoy, para crear las formas.

Del intimismo a la contundencia, esa es la fluctuación, la polaridad de la obra de Núñez. Todo con el mismo entusiasmo; y la virtud hermosa, don natural y capacidad de trabajo (don de la naturaleza por partida doble) para poder olvidarse de la técnica, para que las manos y la cabeza sean la misma cosa. Pablo Martín exprimiendo el contrabajo, en una lucha por crear una melodía donde está la contundencia del compás. La gracia está en ir pasándosela de un instrumento de cuerda a otro: variaciones sobre una rueda de acordes. El intimismo, segunda parte, para el estreno de la tarde: ‘Cueva de Nerja’, una obra concebida para hoy, precisamente el día de encontrarnos con la eternidad (el océano es una gota en el vaso de agua del universo pero, ¿hay algo más grande?). Para ver lo grande que es el tiempo basta con tomar conciencia de lo pequeños que somos aquí, en las entrañas de la tierra. Las melodías suenan libres, contundentes, en la gruta, en el vientre de la madre tierra. Gerardo le hace su homenaje sobre la memoria de la rondeña, de Montoya a Paco de Lucía y su ‘Cueva del gato’. La obra es figurativa, porque el arte de Núñez quiere retratar la piedra. Pero también hay un espacio para la indefinición genérica, melódica, formal. Todo en una estructura férrea, forma sonata.
Es el concierto de siempre de Gerardo: bulería, soleá. El dúo de Pablo y Cepillo, con gracia incluida, y la seguridad de un repertorio cien veces interpretado.
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