Guitarra: Miguel Ochando, Alfredo Mesa. Percusión: Cheyanne.
Juan Vergillos
fotos: Málaga en Flamenco
Las melodías en el tiempo
Un recital de guitarra clásica tradicional. A la antigua usanza, tanto en lo que se refiere al repertorio como a puesta en escena. El granadino Miguel Ochando es uno de los pocos guitarristas contemporáneos que se mantienen fieles al concepto clásico de intérprete de guitarra. Lleva años inmerso en la producción de un disco que, con el mismo título de este recital que ofreció en Málaga en Flamenco, aparecerá en el mercado el año próximo. De ahí su inclusión en el ciclo ‘Siete discos’.

Ochando nos retrotrae a la guitarra de la primera mitad del siglo XX, cuando se crearon las bases del concertismo flamenco. Y nos devuelve a ese estado de ánimo clásico, esa edad de oro. Esa propiedad pastueña. La guitarra de hoy va a una velocidad de vértigo, tanto a nivel creativo como interpretativo. Son cientos, miles, las falsetas que crea la guitarra actual. Para olvidarse al instante. Las frases musicales de la guitarra de concierto contemporánea carecen de peso, en gran número. Tanto es así, que el propio intérprete las olvida, para crear otras nuevas; es el signo de una época. Arte de usar y tirar. Salvo en los pocos casos que están en mente de todos los lectores. Ochando mira a lo que trasciende. A lo que quedó. A lo que merece la pena recordar porque posee una consistencia, una lógica creativa. El compromiso con el tiempo. Un lenguaje recién inventado. Una gramática intacta. Eso es lo que Ochando recuerda. Los creadores de esta gramática son Ramón Montoya, primero, con el marchamo del clasicismo pastueño. Y Niño Ricardo y Sabicas. El primero con el barroquismo sevillano, el detalle es la esencia. El segundo con el ímpetu. Montoya se vio representado por su rondeña, que es una piedra de un basto edificio flamenco, ‘el clave bien temperado’ de la guitarra jonda, o la muestra de cómo se deben utilizar las técnicas concertantes en el flamenco. Algo ya familiar. La interpretación de Ochando es respetuosa y lejana, coloca las melodías en el tiempo, en el tiempo pasado. Con la distancia del amante, del discípulo.
Sabicas por soleares, espléndidas, asentadas, y cantiñas plenas de colores. El Niño Ricardo por zambra arabizane, entre el ‘kish’ y el amor a una ciudad. También la gracia de Mario Escudero y Esteban de Sanlúcar. En resumidas cuentas, un recital cargado de emoción contenida para los que aman este arte, su historia y su capacidad de trascender.
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Especial MÁLAGA EN FLAMENCO
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