El exceso y el vacío. Nos habla de nosotros
‘Por el decir de la gente’
Baile, coreografía, dirección artística y musical: Rocío Molina. Cante: David Lagos, Falo, Jesús Mendez, La Tremendita. Contrabajo: Luis Escribano. Percusión: El Negro. Gaita del Gastor: Salvador Bocanegra: Caracola: Cayetano Granados. Idea: José Luis Ortiz Nuevo y Rocío Molina. Aforo: Menos de media entrada.
`Por los caminos que se van’
Cante: Miguel Poveda. Guitarra: Juan Carlos Romero. Percusión: Paquito González. Palmas: Carlos Grilo, Luis Cantarote. Recitado: Fernando Gª Rimada. Aforo: Lleno.
Juan Vergillos
fotos: Málaga en Flamenco
El exceso y el vacío. Darlo todo para quedarse en nada. Bailar en los huesos, cantar con el esqueleto del cante, de la voz. Rocío Molina en un ejercicio de desnudez. La búsqueda del misterio tonal. Lorca decía que la guitarra había occidentalizado lo jondo. Así que oriente es Molina, Málaga: el puro esqueleto, la voz desnuda del romance, la toná, el pregón. El hombre, la mujer, en mitad de la nada abrumadora de la existencia. La lujuria del vacío. El desierto del Amazonas. Las amazonas son Rocío y Rosario (La Tremenda): en soledad, buscándose como amenazas. En soledad en la escena preñada de público (desde la pose fotogénica de la Consejera hasta los movimientos del fotógrafo que la retrata para la prensa de mañana) Rocío y Rosario son madre e hija en el romance de la monja a la fuerza. “Me casó mi madre, chiquita y morena”. Y la voz metálica, ambigua, del Falo inventándose caminos que van al cielo, nuevas rutas para la nada. Dios mío que cosa tan rara. Yo sé que lo pretendía Rocío porque no puedo, ni quiero, racionalizar su propuesta, pero sé que Poveda se quedó a medio camino. No dio lo que anunciaba: anunciaba una propuesta nueva, un espectáculo sobre la poesía de Muñoz Rojas, y se quedó en tres cantes tradicionales con textos del poeta malagueño. El resto, lo de siempre. Lo de siempre en Miguel Poveda, que es mucho, ya saben.

Rocío Molina
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Rocío Molina |

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Y lo demás nada. La nada, el vacío. Rocío. Con muy pocos años sabe que debajo de la carne está el hueso, y el tuétano dentro. Es decir que en sus brazos, en sus caderas, en sus muñecas, en sus dedos hay muchas vidas. Muchas mujeres. Monjas y casadas a la fuerza. Rocío es toda la historia del baile flamenco, del baile hispano femenino y popular. Y esa capacidad de estilización. El marco, la Colegiata de Santa María, no estuvo a la altura. El espectáculo necesita luz y necesita sonido. Es decir, un espacio teatral. O el aire libre del Torcal, ese para el que fue concebido, y que no pudo ser, no me enteré muy bien del porqué. El caso es que este concierto, concebido para una de las “siete maravillas” (así se llama el ciclo del que forma parte), pasó del Torcal a la Colegiata en unas cuantas horas. Incluso, durante unos días, parece que su representación estuvo puesta en duda. El sol de cada día, el vacío de la piedra, era su marco idóneo, mientras que la falta de concentración de la iglesia le restó fuerza. Rocío lo sabía y tiró para adelante. Eso le honra.

Miguel Poveda |
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Miguel Poveda |
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Miguel Poveda / Juan Carlos Romero |
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Necesita del exceso técnico para crear el vacío. Mañana le bastará sentarse en la escena y cruzarse de brazos. Lo que Rocío siembra, madura y florece. Por eso el espectáculo no se cierra a los sesenta minutos. Pero qué gozosos sesenta minutos: qué prodigio de manos, de ojos, de cabeza. Ahora es carne, ahora es hielo. Es una bailaora en continua metamorfosis. No me refiero al espacio que hay entre un espectáculo y otro sino entre un movimiento y otro: una milésima de segundo. En los dedos de Rocío las posibilidades están intactas y plenas. Exactas, cumplidas. Es la medida de nuestros mejores sueños, esos que al despertar nos siguen persiguiendo. Yo los alejo de un manotazo aunque sé muy bien que esa es la existencia y lo demás, cuando abro los ojos, una quimera. El arte de Rocío es de ensueño porque nos habla de nosotros. Es, como el sol de cada día, de cada noche, un mensajero existencial.
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Especial MÁLAGA EN FLAMENCO
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