Texto: Rubén Gutierrez
Argentina, Carmen Grilo, Pastora Galván
WOMAN’S INTUITION
Ayer tocaba el turno a Marbella. La glamurosa capital de la Costa del Sol recibía en su teatro a esta Bienal de Málaga en Flamenco. Como sucede con la actualidad política de su ciudad, se ve que su afición flamenca también pasa por horas bajas, pues nuevamente nos adentramos en un espacio escénico desangelado, muy faltito de público. Pero bueno, ellos sabrán lo que hacen, porque anoche asistimos nuevamente a un buen espectáculo flamenco de la mano de tres mujeres cargadas de ángel.
La primera de la terna que salió a lidiar su cante fue Argentina. La onubense se está ganando con creces que la tomen ya en serio en esto del flamenco. Acompañada por Eugenio Iglesias a la guitarra, y el compás de Bobote y Torombo, comienza por tangos donde ya apunta alto sus dotes de cantaora. La malagueña de El Canario lo refrenda y la soleá nos hace percibir ese pellizco que se nos produce cuando el rigor interpretativo alcanza cotas de gran jondura. Con las cantiñas juega al rumor de las olas gaditanas y sanluqueñas con apuntes también del mirabrás, y qué decir de los fandangos de su tierra. Sin necesidad de gritar, y eso que estaba sin micrófono en esos momentos, podemos percibir su tercios con toda nitidez, y nos encontrábamos un poco atrás en el patio de butacas. Argentina por sí sola hubiese merecido un hueco en esta bienal.

Argentina (foto: Málaga en Flamenco)
Tres mujeres cargadas de ángel
Aires diferentes los que trajo Carmen Grilo. La jerezana, pese a su juventud, presenta una voz propia de los mayores jerezanos. Su forma de llorar el cante nos traslada a antiguas vivencias que por desgracia no hemos llegado a disfrutar. Se atreve a cantar primeramente una milonga, estilo al que pocas veces han recurrido los jerezanos, exceptuando a Don Antonio Chacón, pero es que la bajañi de José Quevedo “EL Bola” es la ideal para estas lides. El jerezano presenta un gran número de detalles que enriquecen las composiciones musicales. Por soleá y seguirya ahonda en la casta de Santiago y San Miguel, aunque todavía le falta un poco de solera a su cante. En las alegrías y bulería se hace acompañar de su hermano Carlos Grilo y de Luis Cantarote. Una buena dosis de compás que adereza el particular metal de Carmen.
El universo galvánico está presente en su baile
El descanso sirvió para adecuar el escenario a Pastora Galván. La sevillana se presentaba con un cuadro muy minimalista compuesto por David Lagos y El Galli al cante, con la guitarra de Miguel Iglesias. Con un traje celeste bailó por soleá, donde se amalgamaban los ecos de la rondeña y el romance, todo ello rematado por bulerías. Luego lució una hermosa bata de cola de coloridos lunares sobre fondo negro. Sabia elección la de la sevillana, pues pese a tener tantos pasos y movimentos en común ambos estilos, supo hacerlos bastante distintos. El universo galvánico está presente en su baile, pero no copia exactamente a su hermano, sino que conjuga movimientos de Israel junto a esquemas tradicionales. El resultado es que yo me hubiese quedado hasta mañana viéndola, pues en ningún momento abusa del zapateado, y eso que tiene un compás endiablado, y da gusto verla desplegar su brazos cual ave que quiere comenzar un vuelo.

Pastora Galván
Y para refrendar el éxito de la noche las tres protagonistas nos regalaron un número conjunto por fandangos. Comienzan Argentina y Carmen Grilo alternándose en el cante hasta llegar al cané de Alosno. Tras la interpretación coral, el “Malvaloca” de Caracol sería la banda sonora para que el cante dialogara con el baile y cerrara con gran éxito la velada.
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Especial MÁLAGA EN FLAMENCO
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