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X FESTIVAL DE JEREZ
6 de marzo de 2006
Texto: Estela Zatania
PASTORA GALVÁN
“Del cielo a la tierra”
Teatro de Guadalcacín 1830h
Baile: Pastora Galván. Cante: José Soto “Londro”,
José Valencia. Guitarra: Miguel Iglesias, Antonio
Rey.
El excelente menú de baile el lunes, 6 de
marzo, en el Festival de Jerez, comenzó con Pastora
Galván en el Teatro de Guadalcacín. A pesar
de un amplio currículum que incluye el premio “Matilde
Coral” de Córdoba en el 2001, no debe de ser
fácil destacarse al lado de una personalidad artística
como la de su hermano, y de hecho, sólo hace poco
que para los aficionados ha dejado de ser “la hermana
de Israel”.
La
tarde de lunes Pastora tuvo su día. El hermoso teatro
de Guadalcacín es perfecto para la actuación
de baile de un grupo reducido como el que lleva, y la bailaora
estaba en plena forma. La mini dinastía de baile
de los Galván ya tiene su estilo: cabeza y cuello
hacia delante, caderas de goma, una pierna suspendida en
el aire, manos traviesas. Pastora no puede negar su estirpe.
Rechazando la moda actual del negro riguroso y la ausencia
de accesorios, se “atreve” a lucir no sólo
pendientes, maquillaje, peinetas y flores, sino vestidos
de volantes en colores vivos. La verdadera innovación
está en la persona, no su atuendo, y el baile de
Pastora Galván es tradicional sin ser convencional.
Su novedosa entrada es por alboreá. Llega caminando
acompañada de los dos cantaores, José Valencia
(es un cantaor admirable, pero el público empieza
a murmurar que si no hay otros cantaores, porque aparece
en cada espectáculo) y el Londro para un baile intimista
a palo seco. Seguidamente Antonio Rey saca sonidos extraordinariamente
bellos de su guitarra por aquel palo libre y sin identificar
que es el favorito de los jóvenes maestros, un escaparate
a medida del virtuosismo porque eliges la velocidad idónea
para cada técnica.
Taranto terminando con tangos es seguido del solo de cante
de Valencia por malagueñas con abandolao. Pastora
vuelve a apoderarse del escenario luciendo una despampanante
bata de cola color rojo vivo que provoca un “aaaahh”
colectivo delatando el hambre de color del ojo público.
Las cantiñas del Pinini de José Valencia inspiran
a cualquiera, el Londro contribuye alegrías y la
Galván, que maneja la bata como una extensión
de su compacto cuerpo, alcanza alturas sublimes. La satisfacción
del público es palpable y tienes la sensación
de estar presenciando la consolidación de una carrera.
Dijo una estadounidense a la salida “¡esto ha
justificado todo el viaje!”.
Foto Pastora Galván por Estela Zatania
COMPAÑÍA DE
ANDRÉS MARÍN, “Asimetrías”
Teatro Villamarta 21.00h
Baile: Andrés Marín, Leonor Leal, Marta
Arias, Ana Morales. Cante: La Tremendita, Londro, José
Valencia. Guitarra: Salvador Gutiérrez, Antonio Rey.
Trompeta: Irapoan Freire. Percusión: Antonio Coronel.
Todavía con el buen sabor dejado por Pastora
Galván, llegamos al Villamarta para una lección
magistral del bailaor Andrés Marín. Rechazando
toda manifestación agresiva o histriónica,
este hombre tiene la inteligencia, valentía incluso,
de buscar las emociones fuertes a través de un concepto
de placidez psíquica. Algunos lo comparan con Israel
Galván, pero tiene identidad propia, es otro sendero
evolutivo de la carretera “menos es más”.
Marín intuye que la estructura del flamenco posee
poderío propio y es más grande que cualquier
artista. Se sirve del mejor cante (en los espectáculos
de Marín, el cante siempre tiene protagonismo), guitarra
y compás para plantear un tipo de flamenco que obliga
a todo espectador a definir sus parámetros: ¿qué
es el flamenco y qué elementos son imprescindibles?
Marín ha encontrado su respuesta personal, que puede
no servir para todo el mundo: la reacción del público
fue positiva sin ser unánime (y no había aforo
completo). El bailaor nos dice con su obra que el flamenco
es compás, es cante y es emoción revelada
pero contenida, que así duele más. Ni gritos
ancestrales ni pelos en la cara ni deseos de castigar el
suelo. No hay finales apoteósicos ni aceleraciones.
No sabemos si es lo antiguo actualizado, o lo nuevo hecho
antiguo, ni falta que hace. “Asimetrías”
– por una vez el título corresponde a la obra
– es equilibrio visual y auditivo, el buen gusto sin
frialdad y una inconfundible flamencura para aquellos de
mente abierta. Una trompeta encaja con absoluta naturalidad
y en lugar del cajón (que desde la desaparición
de Manolo Soler estorba más de lo que enriquece),
el compás ambiental procede de una discreta batería.
Algunas ideas originales que piensas que van a chocar,
acaban funcionando bien. El fondo o colchón tonal
para la soleá que aporta dimensión y misterio,
el uso ingenioso de las sombras proyectadas, la iluminación
en general y los colores – tres mujeres en batas de
cola amarillas es un banquete visual por alegrías
– y la sorpresa de la Tremendita, ahora domada y tranquilizada
revelando las grandes posibilidades de la joven cantaora.
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