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X FESTIVAL DE JEREZ
28 de febrero de 2006
Texto y fotos: Estela Zatania
ROCÍO MOLINA, “El
eterno retorno”
Teatro Villamarta 2100h
Baile: Rocío Molina. Cante: Juan José
Amador, Antonio Campos. Guitarra: Juan Requena, Jesús
Torres. Artistas invitados: Teresa Nieto, Manolo Monteagudo.
Colaboración especial: Pasión Vega. Percusión:
Sergio Martínez. Palmas: Luis Cantarote, Carlos Grilo.
¿Cómo se podría definir en pocas palabras
el carácter español y, por extensión,
el espíritu del flamenco y del baile español,
foco y objeto del Festival de Jerez? . Espontáneo,
apasionado, extravagante, intenso, auténtico…
A veces se logra la definición más acertada
mediante lo antonímico: “El eterno retorno”
refleja todo lo contrario de aquellos valores que relacionamos
con la forma de ser española y andaluza. Es una obra
quintaesencialmente norteña, basada de hecho en un
concepto de Friedrich Nietzsche (el infinito y todo eso),
con grandes pretensiones filosóficas.
Pero tampoco queremos caer en el intelectualismo sobrecargado
de dicha obra, entonces hablemos de Rocío Molina,
protagonista de esta producción de la Agencia Andaluza
para el Desarrollo de Flamenco. En la edición del
2005 de este mismo festival, la joven (nace en el ’84)
revolucionó la Sala la Compañía con
su inspirado baile en una presentación, no obra,
ojo, respaldada solamente por dos cantaores y dos guitarristas.
En aquella ocasión la que os habla quedó tan
impresionada con el nivel expresivo, la original personalidad
y la intensidad flamenca de la bailaora, que empleó
las siguientes palabras intentando comunicar lo que había
presenciado: “…un estado de delirio o éxtasis
cuasi religioso que resulta tan fascinante como inquietante”.
Entonces la pregunta del año es: ¿a quién
o a quiénes tenemos que culpar por haber anestesiado
y homologado la personalidad desbordante de Rocío
Molina? ¿Habrá sido objeto de un proceso similar
al que empleaban en la obra clásica “1984”
de George Orwell donde los ciudadanos fueron privados de
su capacidad expresiva y todo rastro de individualidad quedó
anulado por orden del Gran Hermano? La política nunca
ha casado bien con el arte, entonces no es de extrañar
que un organismo que depende de la Consejería de
Cultura de la Junta de Andalucía haya logrado “sanear”
el talento de una joven que hace un año había
logrado aquello tan difícil que todos ansiamos: un
tipo de flamenco original y fresco que no agrede las sensibilidades
ni del más veterano ni del más vanguardista.
Ni la hermosa música de Juan Carlos Romero, ni el
mejor cante de Juan José Amador y Antonio Campos
pudieron contrarrestar los recursos trillados, gestos exagerados
sacados del cine mudo, incoherencia argumental, vanidad
intelectual y flaqueza teatral que fue la lamentable cosecha
de una obra financiada por todos los españoles y
que está destinada a representar nuestro arte en
el extranjero. O como comentó una señora con
acento galo a la salida: “…pero si esto lo teníamos
en Francia en los tiempos de mi madre, y bien hecho además”.
El aplauso educado pero gélido al final de la actuación
puede significar que “El eterno retorno” represente
el punto de no retorno de una de las mejores bailaoras de
la generación más nueva.
JUAN ANTONIO TEJERO, “Tierra
con sabor a rancio”
Sala la Compañía 2400h
Baile: Juan Antonio Tejero, Irene Carrasco. Cante: Jesús
Méndez, Juanillorro. Guitarra: Domingo Rubichi, Miguel
Ángel Salado. Palmas: Manuel Salado.
El balance del día no fue compensado por la actuación
del bailaor Juan Antonio Tejero. A una escala mucho más
humilde, pero con resultados igualmente decepcionantes,
el joven jerezano y su pareja habitual, Irene Carrasco,
realizaron una serie de bailes – bulería, soleá,
siguiriyas, taranto – aspirando a teatralidad (un
arbolito en la pista desde antes del comienzo, unas botas
de baile, un montoncito de tierra…) sin lograr ni
una cosa ni otra, ni teatro ni baile de nivel. Los jóvenes
conocen su oficio, pero lucen formas caducas (coreografías
anticuadas, vestuario a la par, muecas permanentes de enfado,
una falta de sutileza…) que dan un aire propio de
los años setenta. Hoy en día hay otra manera
de moverse en el flamenco, una línea más limpia,
menos ansias de castigar el suelo y en general, un mayor
grado de sofisticación.
Admirable labor no obstante de los cantaores Jesús
Méndez y Juanilloro, y del guitarrista Domingo Rubichi
que interpretó un solo de siguiriya con dignidad
y el inconfundible sabor de su tierra jerezana.
TAMBIÉN…
A las seis y media de la tarde en el Teatro de Guadalcacín,
el grupo experimental Arrieritos presentó un programa
de baile en dos partes, “Entablao” y “Nuestras
Piezas”, y a la una de la madrugada el ciclo De Peña
en Peña siguió su marcha en la Peña
Fernando Terremoto con el cuadro de la casa para redondear
este 28 de febrero, Día de Andalucía, 2006.
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