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X FESTIVAL DE JEREZ
2 de marzo de 2006
Texto y foto: Estela Zatania
DANIEL NAVARRO
Teatro de Guadalcacín 18.30h
Baile: Daniel Navarro Cante: Guadiana, José Valencia,
Antonio Campos, El Coco. Guitarra: Juan Requena, Daniel
Méndez. Percusión: Isaac Vigueras.
Daniel Navarro, cordobés de 26 años,
con premios nacionales de baile de los concursos de Córdoba
y La Unión, es una de las figuras más prometedoras
de la generación nueva. Llamó la atención
del gran público en el papel del Conejo en una coreografía
de “Alicia en el país de las maravillas”
que fue presentada en la Bienal de Sevilla de 2004, y anterior
a eso, como Rinconete en “Rinconete y Cortadillo”
de Javier Latorre.
Tuvo la oportunidad de demostrar su capacidad en el teatro
de Guadalcacín, el espacio que el Festival de Jerez
ha reservado este año para las jóvenes promesas.
Llegó a la cita preparadísimo, con buenas
voces…cinco cantaores cinco…buenos guitarristas
y una hermosa economía de movimiento. Cuando sale
con sus botas blancas y americana blanca sobre camisa y
pantalón oscuros, su silueta esbelta y su estilo
escueto, limpio y relajado, Navarro es el Fred Astaire del
baile flamenco. Es capaz de realizar movimientos suaves
y casi femeninos sin salir de su personalidad y tiene las
manos y muñecas más interesantes de cualquier
bailaor actual.
De la espectacular plantilla de cantaores que le acompañaron,
incluyendo al ubicuo José Valencia, fue destacable
el granadino Antonio Campos con unas tonas en solitario
que enviaron una carga eléctrica a cada uno de los
presentes en el teatro de Guadalcacín.
HINIESTA CORTÉS “Errante”
Sala la Compañía 21.00h
Baile: Hiniesta Cortés. Cante: David Lagos, José
Valencia. Guitarra: Alfredo Lagos, Rafael Rodríguez.
Luces: Juan José del Pozo.
Ni las espléndidas guitarras de Alfredo
Lagos y Rafael Rodríguez ni las privilegiadas voces
de David Lagos y José Valencia pudieron disimular
los múltiples problemas de esta actuación
de Hiniesta Cortés en la Sala la Compañía.
Para empezar, la palabra “iluminación”
no fue más que un decir. Incluso teniendo
en cuenta la moda oscura actual, desde atrás, apenas
se distinguían los artistas, en particular sus caras,
un elemento expresivo que se aprecia al máximo en
directo y en este tipo de teatro de dimensiones reducidas.
La visibilidad fue impedida todavía más por
la colocación de los intérpretes. Las características
de la sala, larga y estrecha, indican una ubicación
hacia la parte delantera del escenario, pero los cantaores
y guitarristas estaban relegados a un rincón lateral
en la parte de atrás.
Pero luego es como el chiste de Woody Allen acerca de cierto
restaurante: “la comida es malísima….y
las porciones tan pequeñas”. La porción
visual del espectáculo era pequeña, pero en
este caso, no sabemos si ha sido ventaja o desventaja. Excepto
por muy breves momentos hacia el final, Hiniesta Cortés,
Premio de Córdoba en 2001, decepcionó mucho.
Las coreografías parecen los típicos bailes
de academia con movimientos predecibles, no tiene pellizco
y no transmite, no acaba de dominar la bata de cola (pero
chapó por haberla sacado), abusa del zapateado alargando
bailes ya excesivamente largos y tiene algunos movimientos
descoordinados.
Los momentos más interesantes fueron cortesía
de Alfredo Lagos con su magnífico solo de rondeña,
su hermano David en todo lo que cantaba (guajira, bulerías,
tonás, cabales, siguiriyas, cantiñas, cante
abandolao…) y como siempre, José Valencia.
TAMBIÉN…
A
la medianoche en la Bodega Los Apóstoles, tuvimos
la curiosidad de una de las estrellas de la canción
española, María José Santiago, en un
recital de cante flamenco. Y de hecho, se defendió
respetablemente por tonás (dos yunques incluidos)
y otros cantes básicos con las guitarras de Eugenio
Iglesias y Juan Diego Santos antes de aligerar el repertorio
para los fans que habían acudido a escucharla en
directo.
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