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X FESTIVAL DE JEREZ
11 de marzo de 2006
Texto y fotos: Estela Zatania
BLANCA DEL REY, FOSFORITO
Teatro Villamarta, 21.00h
Baile: Blanca del Rey. Cante: Pedro Montoya, Pedro Sanz.
Guitarra: Curro de Jerez, Felipe Maya. Guitarra para Fosforito:
Manuel Silveria.
El último día del Festival de Jerez
fue dedicado a dos veteranos consagrados del baile y del
cante, cordobeses ambos. Blanca del Rey, con una larga y
admirable trayectoria, regenta uno de los tablaos más
antiguos y emblemáticos del país, Corral de
la Morería. Antonio Fernández Díaz,
“Fosforito”, ha desempeñado una carrera
brillante a lo largo de medio siglo desde 1956, cuando fue
ganador absoluto en el primer Concurso de Córdoba,
hasta 2005 cuando es otorgado la Llave de Oro del Cante
por la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía.
Antes
del Villamarta tuvimos la oportunidad de disfrutar de dos
jóvenes voces femeninas muy contrastadas. La jienense
Gema Jiménez, última Lámpara Minera,
empleó su delicado decir que recuerda al cante de
otra época para fascinar a los presentes por tientos
tangos, siguiriyas y fandango por soleá con el sólido
acompañamiento de Eduardo Rebollar. A continuación,
jerezana Raquel Benítez, con la estupenda guitarra
de Pascual de Lorca, interpretó alegrías y
un surtido de cante básico de corte jerezano clausurando
la serie “Los conciertos de palacio”.
En el teatro, el espectáculo empieza con Blanca
de negro. Bata de cola negra y palillos. El otro día
Merche Esmeralda dijo que actualmente los chicos quieren
el baile sin tanta complicación y por eso prácticamente
han desaparecido castañuelas, mantones, abanicos
y batas de cola. Podemos estar todos agradecidos por que
nadie haya comunicado la noticia a Blanca del Rey. Emplea
los palillos con buen gusto para complementar su baile por
siguiriyas sin ánimo de impresionar con alardes técnicos,
y lleva la bata con absoluta naturalidad.
Los dos guitarristas se colocan para sendos solos de guitarra
y de repente te das cuenta…lo mismo que un niño
crece y no notas los cambios día a día, así
con las modas en el flamenco que van evolucionando a paso
lento para efectuar grandes cambios. Antes no había
solos de cante en las compañías de baile,
sino de guitarra, y hasta en eso Blanca sigue la línea
clásica, pero en la época de Paco de Lucía
que estamos viviendo, un solo de guitarra debe ofrecer algo
más que falsetas y acordes convencionales porque
la paleta de armonías, las posibilidades rítmicas
y el nivel técnico han avanzado años luz en
las últimas tres décadas. No obstante, todo
es preámbulo para la pieza maestra, la atracción
principal que ha hecho famosa a Blanca del Rey: su paso
a dos con un mantón de Manila.
Se llama “Soleá del mantón”,
un mano a mano entre la bailaora y dos metros cuadrados
de seda copiosamente bordada y enflecada. Lo que para otras
bailaoras es un accesorio decorativo pero molesto del que
hay que deshacerse lo más rápidamente posible
una vez hecha la entrada al escenario, para Blanca del Rey
es su pareja artística más compenetrada. La
tela cobra vida, ofrece resistencia y es dominada, acaricia
a su pareja humana y vuelve a rebelarse, escarmiento, reconciliación,
engaño…la bailaora y su mantón son amantes
inseparables, es un espectáculo hermoso que ha creado
escuela.
Después del aplauso estruendoso – ningún
ser humano queda indiferente ante la hipnótica “Soleá
del mantón” – Blanca es visiblemente
emocionada. Da las gracias a la organización y al
público y tiene palabras cariñosas y halagüeñas
para el maestro Fosforito que ofrecerá su recital
después del descanso.
El
hombre de Puente Genil abre la segunda parte recogiendo
la palabra que Blanca dejó en el aire y recordando
a su vieja amiga Paquera. Estamos en Jerez, es fácil
pensar en el oportunismo de aquellos cantaores que dedican
cada actuación al cantaor más querido de la
localidad de turno. Pero no, Antonio y Paquera fueron amigos
desde el comienzo, desde los años en Madrid cuando
hacían el circuito de los tablaos y compartían
numerosos festivales, entonces va por ella.
El aire del teatro está espeso con la expectación
de escuchar la voz de Fosforito. Algunos, porque representa
la oportunidad de sentir las vibraciones de las cuerdas
vocales de un personaje histórico, otros, por el
temor de que esas cuerdas no respondan como quisiera el
cantaor que tiene la voz rota y gastada desde hace varios
años debido a las décadas de servicio que
prestó en los festivales de verano.
Su soleá apolá suena bien, y la voz responde
en los altos que caracterizan estos cantes tan cultivados
por Fosforito. En las cantiñas, otra especialidad
del cantaor, hay compás, hay conocimiento, hay sabor,
el buen cante está servido. Empezamos todos a notar
la excelente guitarra que ha traído Antonio: Manuel
Silveria, otro cordobés, prácticamente desconocido
en Jerez, espléndido con el cante, impresionante
en las introducciones y falsetas. El teatro está
medio vacío por primera vez desde que empezó
el festival. Absurdo y triste, y pasó lo mismo cuando
cantó Agujetas el año pasado, quién
lo entiende…
Fosforito lucha con sus facultades, y esa misma lucha aporta
flamencura y levanta el vello. Petenera, tientos y taranto,
otros cantes tocados por la creatividad del cantaor que
los interpreta con la dignidad y cariño que siempre
han caracterizado su obra. Anuncia bulerías, y Jerez
frunce el ceño colectivo, pero Fosforito sale airoso
con su famoso compás y sus aires gaditanos. La Llave
ha abierto la puerta del cante por derecho, hay bis por
soleá y el viejo maestro se retira del escenario
dejando la estela de su dolida voz como colofón definitivo
del décimo Festival de Jerez.
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