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X FESTIVAL DE JEREZ
10 de marzo de 2006
Texto: Estela Zatania
COMPAÑÍA
DE ANTONIO EL PIPA “De tablao”
Teatro Villamarta, 2100h
Baile: Antonio el Pipa, Mª José Franco. Cuerpo
de baile: Alejandra Gudi, Marta Fernández de Córdoba,
Gloria Pérez. Artistas invitadas: Mariana Cornejo,
Concha Vargas. Cante: Juana la del Pipa, Manuel Tañé,
David Carpio. Guitarra: Pascual de Lorca, Pepe del Morao.
Palmas: Joaquín Flores. Niño: Christián
de los Reyes.
La época de los tablaos flamencos, un formato
escénico que reflejaba el de los antiguos cafés
cantantes – cante, baile y guitarra en un local más
reducido y más informal que un teatro, con servicio
de bar – tuvo su auge entre las décadas sesenta
y setenta del siglo pasado, el vigésimo es decir.
La idoneidad del formato (el flamenco se nutre de la intimidad
con el espectador) coincidió con el boom económico
en España para conformar toda una época que
ha marcado la historia del flamenco. Todas las grandes figuras
pasaron por Los Canasteros, Las Brujas, Corral de la Morería,
Café de Chinitas, Torres Bermejas, Arco de Cuchilleros
y otros, más de una docena en la capital española,
además de otras ciudades, notablemente Sevilla con
Los Gallos, o Málaga con su Taberna Gitana.

El formato variaba poco: entre 5 y 8 bailaores, un par
de cantaores y guitarrista, sentados en sillas de enea,
cada uno su numerito con el apoyo del cuadro, y entre baile
y baile, los jaleos, que pudieron ser tangos, rumbas o bulerías,
canciones populares cantadas por el grupo entero a ritmo
vivo y sin guitarra. Cuando cada uno hubiera realizado su
intervención, el cuadro se retiraba y actuaba la
figura de turno antes de que volviera a salir el cuadro
para completar la noche, casi siempre por rumba y sevillanas.
Bulería había poca, no gozaba de la popularidad
actual, ni muchísimo menos.
Entonces el propósito de Antonio el Pipa fue de
recrear y homenajear aquellos establecimientos y las personas
que trabajaron en ellos. Y pudo haber sido algo interesante
desde el punto de vista, no sólo flamenco sino histórico
y antropológico: ¿serviría el formato
tablao en el año 2006 con un repertorio actualizado?
El Pipa dejó pasar esa oportunidad sirviéndose
de una gran idea como pretexto para ofrecer su espectáculo
de siempre. La inclusión de las tres veteranas, Mariana
Cornejo, Concha Vargas y Juana la del Pipa dio mucha vida,
si no autenticidad de tablao – no solía haber
gente mayor en los tablaos con la excepción de las
cuevas de Sacromonte en Granada – y el único
intento de recrear un espectáculo de tablao fue una
flaca representación de ciertas rencillas entre los
componentes del cuadro, una fantasía que no necesariamente
corresponde a aquel ambiente.
La abundancia de bulerías sitúa la acción
plenamente en la época actual. El Pipa estaba de
humor efectista y teatral a la vez que aportaba el detalle
histórico más auténtico sin darse cuenta:
los hombros encogidos a lo Antonio Ruiz Soler es inconfundiblemente
una imagen de los años sesenta cuando el prestigio
de éste hizo que muchos bailaores de la época
adoptaran aquella postura. Con un competente atrás
y algunos problemas de sonido, el Pipa bailó por
alegrías y la lebrijana Concha Vargas, por soleá,
con el cante de Juana la del Pipa, hermosa la combinación
de las dos veteranas. Soleá por bulería de
las cuatro chicas con batines fue otro detalle cronológicamente
chocante: aunque hoy en día sea el baile preferido
de muchos, no se bailaba la soleá por bulería
hasta años posteriores.
La compenetración artística entre el Pipa
y María José Franco para el paso a dos siempre
fascina, pero quizás se echara en falta el número
del bailaor con su tía Juana, por muchas veces que
lo hayamos visto. Mariana Cornejo robó el espectáculo
a todos los demás con sus sabrosísimas chuflas,
su desbordante carisma y su gaditanísima personalidad
por tanguillo. El detalle retro de tres chicas paseando
chulamente por la pista en vestidos cortos de lunares, como
se llevaban antes de que Manuela Vargas pusiera la moda
de los vestidos largos, resultó divertido y acertado.
Todo finaliza con una orgía buleriyera, como es
propio de la compañía de Antonio el Pipa,
aunque no corresponda a la época homenajeada.
DIEGO CARRASCO
Bodega Los Apóstoles, 2400h
Cerrando
el ciclo “Café Cantante” de manera netamente
jerezana, el cantaor, cantante, guitarrista, compasero,
hombre para todo, Diego Carrasco, se apoderó de la
bodega Los Apóstoles con colaboradores de lujo, algunas
de ellas improvisaciones del momento. El carismático
barbudo gozó de la compañía de Moraíto,
Diego del Morao, Javier Barón, Curro de Navajita,
Felipa la del Moreno al cante, Bernardo Parrilla al violín,
Fernando Carrasco a la guitarra además de los habituales
como Juan Grande, Maloko o Ignacio Cintado.
A lo largo de su carrera, Carrasco ha construido un repertorio
de “hits”, y sus incondicionales no perdonan
la omisión de cualquiera de estos temas emblemáticos,
entonces fue un recital nostálgico, a la vez que
espontáneo, gracias a las intervenciones improvisadas.
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