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Son de la Frontera
Sábado, 11 de noviembre. 2200h. Bimhuis. Amsterdam.
Programación
I Bienal de Flamenco de los Países Bajos
Texto: Estela Zatania
Tres cubano: Raúl Rodríguez.
Guitarra: Paco de Amparo. Cante: Moi de Morón. Baile
y palmas: Pepe Torres. Palmas y baile: Manolo Flores.
La primera Bienal de Flamenco de los Países
Bajos sigue su marcha, y con todas las entradas vendidas
para el amplio programa en una diversidad de escenarios,
la criatura parece gozar de una excelente salud. Además
de las actuaciones principales en las dos ciudades metropolitanas
de Ámsterdam y Utrecht, hay proyecciones de películas
relacionadas con el género, conferencias, exposiciones
y cursos intensivos. En sólo el día de sábado,
11 de noviembre, el granadino Miguel Ángel Cortés
ofreció un recital de guitarra, el bailaor Rafael
de Carmen actuó con su cuadro en otro lugar, Cañizares
presentó su Flamenco Trío, fueron proyectados
dos episodios de la serie El Ángel y Faustino Núñez
ofreció su conferencia “Comprende el Flamenco”,
además de los cursillos programados de guitarra,
baile y sí, también cante. Impresionante.
Pero el evento principal de la jornada ha sido la actuación
del grupo moronense Son de la Frontera en el teatro café
cantante Bimhuis. Pasando por la puerta trasera del mercado
discográfico cuando nadie la estaba vigilando, ha
entrado este espectacular grupo que tiene la afortunada
peculiaridad de gustarle a todo el mundo. Ni es flamenco
rock, ni es una dudosa mezcolanza de músicos que
se han conocido el día de la grabación, ni
los componentes presumen de alterar el orden de las cosas.
Es un puñado de jóvenes que se conocen desde
la adolescencia y que comparten una desbordante afición
y un gusto especial por el flamenco de Morón de la
Frontera. “Love”, amor, es todo lo que necesitas
dijeron los Beatles, otro grupo de amigos con una clara
visión común.

Su misma afición sirve
para actualizar recuerdos auditivos que han llevado dentro
desde la infancia.
El eje geográfico de Morón y Utrera, a 35
kilómetros el uno del otro, tiene su propio marchamo
flamenco basado en el cante de Utrera, el toque de guitarra
de Morón y una especial debilidad por la bulería.
Un guitarrista ya desaparecido hace más de tres décadas,
Diego del Gastor, fue uno de los protagonistas de esta movida.
En una época cuando la moda de los fandangos y el
cante bonito estaba perdiendo su brillo, el del Gastor se
acomodó en su mundo y su pueblo de Morón donde
todo se reducía a los elementos esenciales, y se
revolcó en las formas que le habían servido
desde siempre. Escuchamos la música de Son de la
Frontera y lo primero que notamos es la total ausencia de
armonía contemporánea, aquel aroma jazzístico
que filtra por casi todo el flamenco actual. Y es una sensación
agradable, porque muy lejos de realizar una copia nostálgica
de algo que ha sido y ya no es, estos músicos hacen
gala de su auténtica devoción por el sonido
de Morón, y esa misma afición sirve para actualizar
recuerdos auditivos que han llevado dentro desde la infancia.
El fascinante eco del tres cubano que toca Raúl
Rodríguez, ya despista lo justito para abrir las
mentes, dejando entrar la música sin obstáculo
intelectual alguno. Si la flauta o el violín que
han añadido tantos grupos flamencos en las últimas
décadas siguen sentándose a la mesa flamenca
como invitados, y nunca como miembros de la familia, Raúl
hace que el tres presida el banquete. La guitarra de Paco
de Amparo se hace cómplice del sonido agradablemente
exótico y metálico del tres en una serie de
números instrumentales donde domina la bulería,
especialmente en las escalas mayor y menor que tanto gustan
en Morón, y son poco cultivadas en otras comarcas.
Compás de la tierra por un tubo es lo que alimenta
las bulerías, alegrías y otras piezas. Unas
sevillanas instrumentales, atribuidas al hermano de Diego
del Gastor, de mote “el Mellizo”, con dulcísimas
e irresistibles armonías a la antigua, son apreciadas
por el público, no como pieza de museo, sino música
exquisitamente bella. No existe el peligro de caer en la
cursilería porque hay fundamento y buen gusto.
Vivencias más sentidas
que recordadas
Raúl Rodríguez (foto: Anniemiek Rooymans)
Paco de Amparo arranca por soleá recordando el sabor
inconfundible de falsetas clásicas de Morón,
y entra la voz grave y afillá del Moi de Morón
para el baile por derecho de Pepe Torres. La sobria figura
del bailaor aterriza en la pista con todo el empaque y seguridad
de un Boeing. Los cantes del viejo Joselero de Morón,
a través del Moi, una vez más despierta vivencias
más sentidas que recordadas y la comunicación
entre estos hombres es palpable en cada instante.
Los tangos de su anterior disco reproducen cierto sonido
de organillo y el sabor de una rumbita a lo gaditana muchos
años antes de que el Pescaílla rompiera con
su agresiva rumba catalana. Los aires cubanos no soplan
tan lejos de Morón. Sólo queda la desenfadada
lección de baile minimalista que siempre ofrece Manolito
Flores. Con formas aprendidas en casa e inspiradas en el
baile de Anzonini, Paco Valdepeñas o el Marsellés,
Flores es otra cápsula del tiempo de un frágil
arte en vías de extinción.
Entonces, la clave del éxito de este grupo está
al alcance de cualquiera. Sólo hay que nacer en un
pueblo con arraigada tradición flamenca, y amar esa
tradición con la mayor humildad, sencillez, energía,
imaginación y mucho, muchísimo compás.
Más información:
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