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Israel Galván “Edad
de Oro”
Benavent-Pardo-Di Geraldo Trío
Domingo, 12 de noviembre, 2006. 2200h. Ámsterdam.
Programación
I Bienal de Flamenco de los Países Bajos
Texto: Estela Zatania
“Edad de Oro”. Baile:
Israel Galván. Cante: Fernando
Terremoto. Guitarra: Alfredo Lagos.
Mucho antes de confeccionar el cartel para la Bienal
de Flamenco de los Países Bajos, la organización
tenía claro que Israel Galván tenía
que figurar de alguna manera. Su estética vanguardista,
su extraordinaria creatividad y su clara visión representan
no sólo los objetivos, sino el mismo espíritu
de este recién nacido festival. La obra elegida para
el propósito ha sido “Edad de Oro”, el
trabajo más herméticamente perfecto del bailaor
sevillano. Tres hombres – bailaor, cantaor y guitarrista
– en una hermosa comunión flamenca nos llevan
de excursión por el flamenco durante hora y media.
“Excursión”, porque no es, ni muchísimo
menos, el formato habitual. De hecho, nada es “habitual”
tratándose de Israel Galván excepto su capacidad
para sorprender.
Si los paquistaníes que tocaron su música
qawwali hace dos días en este mismo escenario emplearon
un formato poco acostumbrado en occidente con piezas de
media hora de duración, en “Edad de Oro”
Galván va hacia al otro extremo: sus bailes en esta
obra duran menos que muchas pataítas por bulería.
No obstante, el genio del bailaor logra llenar cada segundo
con sus inesperadas e insolentes posturas y travesuras.
A veces el cante es aislado del baile, primero va una cosa
y luego la otra. Desde los cantes de trilla con los que
abre Fernando Terremoto, pasando por siguiriyas, soleá,
bulería por soleá, malagueñas, tientos
o bulerías, todo es abordado con la más absoluta
inocencia artística – el flamenco como vehículo
maleable, sin miramientos ni complejitos. La sensibilidad,
inteligencia y formación de Israel Galván
hacen que todo funcione. Otros seres especiales escuchan
voces. Israel escucha música dentro de la música.
Rebana y desgaja el tiempo en porciones diminutas que rellena
con más baile por instante – no movimiento,
sino baile, que es sensiblemente diferente – que cualquier
otro del género. No se puede aislar el pellizco del
marcaje porque todo es pellizco.
Todo es abordado con la más
absoluta inocencia artística
En los espectáculos de Galván, a los observadores
nunca se nos permite la pasividad, sino que estamos obligados
a trabajar cada tema junto con el bailaor, recibiendo y
ordenando sobre la marcha señales en movimiento que
no hemos visto anteriormente. Es una experiencia estimulante,
incluso cuando no logramos encajar algún que otro
detalle. Al final Galván es un guru comprensivo que
nos premia el esfuerzo realizando unos minutos de bulerías
convencionales dentro de su inconvencionalidad, y es cuando
justifica y convalida todo lo anterior.
Huelga decir que Fernando Terremoto y Alfredo Lagos son
dos artistas excepcionales que no sólo están
a la altura de las poco habituales exigencias de la obra,
sino que aportan fundamento con su capacidad y buen gusto.
El fin de fiesta cuando Fernando toca la guitarra, Israel
canta y Alfredo baila, no deja de ser una delicia, por muchas
veces que lo veamos.

Israel Galván, Fernando Terremoto, Alfredo Lagos
(foto: Estela Zatania)
El espectáculo en el café cantante que clausuró
esta primera bienal de flamenco en Holanda fue la primera
nota decepcionante de la misma. No es que Jorge Pardo, Carles
Benavent o Tino di Geraldo sean músicos deficientes.
Al contrario, son excepcionales en sendas especialidades.
Lo que es discutible es si su presencia en un festival de
flamenco, por muy contemporáneo que sea éste,
se puede justificar. Los tres nombres siempre aparecen en
diversas colaboraciones con los mejores artistas del flamenco,
pero de ahí a tener la autosuficiencia para representar
el flamenco y ocuparse de todo un recital, es un salto de
fe que no todo aficionado es capaz de realizar, empezando
por la que escribe.
Volviendo la noche flamenca
con un poquito de cante, y un muchito de compás.
Entro por primera vez en este sustrato del flamenco cuando
los principales protagonistas ya tienen sus arrugas y canas.
La primera impresión, y hablando, insisto, como neófita,
es que no suena muy diferente al jazz que recuerdo haber
escuchado por la década de los cincuenta del siglo
pasado. Busco sincera y activamente un feeling flamenco,
andaluz o al menos español, para poder dar parte
de ello a cierto sector de la afición que puede,
como yo, no conocer este grupo, pero el flamencómetro
no registra movimiento alguno. Como toda música que
se ha escuchado poco, esta resulta tan repetitiva y monótona
como podría resultar un recital del mejor cante para
un no iniciado. La música carece de forma aparente,
es rítmicamente obvia comparada con el flamenco,
y las melodías no parecen tener comienzo ni final
ni drama. La ausencia de una voz humana no ayuda a aliviar
la sensación de pesadez que no logro ahuyentar, y
como otros del público, empiezo a no quitar ojo de
la entrada lateral esperando la llegada en cualquier momento
de Diego Carrasco que fue agregado al cartel pocos días
antes del festival.
Y por fin llega el flamenco con la presencia de Carrasco.
Igual que el trío de músicos, es un viejo
guerrero vanguardista de este arte. Pero vanguardista purista,
y valga la contradicción, porque sus instintos le
obligan a no desviarse del camino de Santiago, el de Jerez.
Dado el forzado ayuno sensorial, cae con toda la relevancia
flamenca de un Manuel Torre, y tienes ganas de darle las
gracias por haber venido desde tan lejos para volver la
noche flamenca con un poquito de cante, y un muchito de
compás.
Y olé olé y Holanda y olé, Bienal
de Holanda ya se ve para el año 2008, y sólo
queda dar la enhorabuena a los responsables de esta histórica
iniciativa.
Más información:
Jorge
Pardo, Carles
Benavent, Tino
di Geraldo, Diego
Carrasco
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| El
Concierto de Sevilla -Carles Benavent, Tino di Geraldo,
Jorge Pardo |
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