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Duquende y Faiz ali Faiz
“Qawwali Flamenco”
Viernes, 10 de noviembre. 2030h. Muziekgebouw aan
het IJ, Amsterdam.
Programación
I Bienal de Flamenco de los Países Bajos
Texto: Estela Zatania
Grupo de Duquende. Cante: Duquende,
Mara Rey. Guitarra: Chicuelo.
Baile: Manuel Gutiérrez. Percusión: Isaac
el Rubio.
Ensemble de Qawwali Faiz Ali Faiz
“Fusión” quería la organización
de la Bienal de Flamenco de los Países Bajos, y mira
que han sabido llegar al mismísimo grano, presentando
una sensacional muestra de dos culturas hermanadas en el
lejano pasado, unidas de nuevo para crear música
gloriosa sin más patria que la universal de todos
los seres vivos. No fue flamenco lo que vimos anoche, ni
flamenco modificado por el “qawwali”, la apasionada
música sufi del Punjab, ni tengo referencias para
siquiera decir si ha sido qawwali. Estos experimentos dan
mejor resultado cuando abandonamos toda etiqueta y nos limitamos
a recibir el abrumador mensaje sensorial, que es la función
primordial de toda música. Son los intereses comerciales
que se empeñan en clasificar los géneros para
asegurar la fidelidad de ciertos sectores y tipos de afición.
Me limito a dar parte de que lo que tuvo lugar en el espacioso
auditorio del Muziekgebouw dejó a todos los presentes
embelesados y enamorados de estas espectaculares voces y
melodías.
Desde “Tierra de nadie” de Segundo Falcón
que hace unos años reunía a músicos
magrebíes y rajastaníes con el flamenco, no
se ha visto un maridaje tan feliz de diferentes tradiciones
musicales. Alguien dijo que las músicas de una misma
época, aunque sean de diferentes culturas, comparten
más semejanzas que las de un sólo género
a través de la historia. A lo mejor es eso. Vivencias
y ambientes que una vez existieron y que dejaron su marca
indeleble en sociedades que acabarían separándose
física pero no espiritualmente.

Ensemble de Qawwali Faiz Ali Faiz
Dos culturas hermanadas en el
lejano pasado, unidas de nuevo para crear música
gloriosa sin más patria que la universal de todos
los seres vivos.
Sin duda la altura del talento tuvo todo que ver. A nuestro
Duquende de toda la vida, el primer y último camaronero,
no lo vamos a descubrir a estas alturas. La sorpresa para
los no iniciados ha sido Faiz ali Faiz, heredero de una
tradición musical de siete generaciones de familia,
ni que José Mercé. Un hombre dedicado a conservar
las raíces e interpretar su música actualizada
siempre con una mirada de profundo respeto hacia el pasado
– palabras que siempre aplicamos a la mejor evolución
del flamenco. La espectacular voz de este hombre resulta
irresistible desde el primer instante, algunos casi no saben
reaccionar. Alguna risita nerviosa parece indicar “Dios
mío ¿pero qué es esto que estamos escuchando?”
Exótico, bello, conmovedor, técnicamente brillante,
flexible y versátil – con razón Faiz
ali Faiz es máxima figura en su tierra. Escuchando
su voz, qué fácil vislumbrar los albores del
cante, no hace falta ningún estudioso para explicar
las rutas del éxodo de la población gitana
desde la India a través de los siglos, todo está
allí en Faiz ali Faiz.
Como aterrizar en un mundo paralelo
donde todo es conocido pero cambiado.
El recital está dividido en tres partes. Primero,
los españoles con las voces de Duquende y Mara Rey,
y la guitarra de Chicuelo, interpretan cante minero, bulerías,
canciones por tangos, y siguiriyas con el baile de Manuel
Gutiérrez terminando con el ya legendario “Dicen
de mí” de Camarón en voz de Duquende.
A continuación, los paquistaníes se acomodan
en su tarima, sentados en el suelo alfombrado, 8 hombres
más Faiz ali Faiz: dos al armonio, un percusionista
y los demás, palmeros y coro, igual que en el flamenco.
De repente me siento ignorante y me odio por no saber nada
de esta bella música y su cultura. ¿Será
Faiz el Camarón de su país? ¿el Mairena,
el Caracol?

Duquende (foto: Victor López)
Empieza templándose con una salida sin palabras,
realiza trabalenguas y babeo, siento una curiosidad superficial
por el significado de las letras, pero la lección
aprendida es que todo verso queda supeditado a la interpretación
y la música. Los ritmos del qawwali parecen más
sencillos que los del flamenco, pero las melodías
y técnicas vocales son mucho más complejas.
¿Tendrán sus reuniones de “cante”
como hacemos los flamencos?
Las piezas son larguísimas para un público
occidental, alrededor de 20 a 30 minutos. Hacen efectos
espectaculares con notas aparentemente disonantes tocadas
obsesivamente. Una bailarina que se me antoja auténtica
realiza vueltas, braceo y “zapateado” descalza.
Es como aterrizar en un mundo paralelo donde todo es conocido
pero cambiado. Las semejanzas y diferencias con respecto
al flamenco sirven de medidor para comprender qué
rasgos del flamenco son andaluces, españoles o universales.
Qué fácil vislumbrar
los albores del cante, no hace falta ningún estudioso
para explicar las rutas del éxodo de la población
gitana desde la India a través de los siglos.
La tercera parte es inevitablemente la unión de
ambos grupos en una orgía musical donde se turnan
los elementos, las voces de Mara Rey y Faiz ali Faiz comparten
el mismo registro y se entremezclan, todos participan en
los coros de ambos y para el espectacular final, el bailaor
español y la bailarina india interpretan un paso
a dos por tanguillo, cada uno sin salir de carácter
un ápice. Es un momento muy fuerte, impresionantemente
bello, nadie queda indiferente. El público grita
su deleite y los centímetros cuadrados de vello levantado
alcanza elevadas cotas en el gran auditorio provocando la
puesta en pie de todos los presentes.
En este país no hay costumbre de aplaudir por bulerías,
sino de dar pisotones en el suelo de madera. La estructura
tiembla con los golpes de mil quinientos pies, haciendo
obligatorio un amistoso mano a mano con tonás de
Duquende y un cante a palo seco de Faiz ali Faiz. Y si no
es verdad, que Dios me mande a mí la muerte, si es
que me la quiere mandar.
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