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1. Fosforito en el recuerdo y en la
actualidad
2. Entrevista inédita con
Antonio Fernández 'Fosforito'
3. Reseña 'Selección
antológica' por Norberto Torres
4. Iniciativas anteriores en Almería
5. Premios y honores
6. Mensaje de la Consejería
de la Presidencia de la JUNTA DE ANDALUCÍA
Entrevista inédita con
ANTONIO FERNÁNDEZ “FOSFORITO”
Extractos de una grabación realizada por
Génesis García Gómez en La Unión
(Murcia) en 1999.
Transcripción y redacción: Estela Zatania
FAMILIA
“En Puente Genil había
un ambientazo de flamenco”
Mi familia era muy humilde, muy sencilla, pero dentro de
eso, eran artistas. Mi madre era la más chica de
once hermanos, y mi tía Dolores, que era la mayor,
tenía un hijo Antonio, por el cual me llaman Antonio,
que era guitarrista.
En Puente Genil había un ambientazo de flamenco.
Ha habido en la historia setenta cantaores, por decirte
una cantidad, cantaores de mucha categoría, como
el Seco [José Bedmar, Puente Genil 1880-1970], como
Juan Hierro [Puente Genil, 1899-?] que era compañero
del Manuel Vallejo, era gente que tenía mucho renombre,
y además, guitarristas, estaba el Pelos... Mi tío
era el Niño de Genil [Puente Genil s. XIX-Barcelona
s. XX] a quien se le atribuye la creación del garrotín,
y farruca, y otros tipos de cantes. Que por cierto a mi
tío yo no lo conocí hasta el año ’58,
que estaba en Barcelona él, a través de que
yo cantaba, y tenía casi noventa años, pero
estaba fuerte. Pues ese era el padre de mi primo Antonio,
el guitarrista. Su otro hijo Juan, mi primo, era guitarrista,
su otra hija, la Niña de las Judías, era bailaora,
y mi abuelo por parte de mi madre, era Juanillo el Cantaor,
era de Sevilla, mi madre era de Sevilla, y mi padre de una
familia, Los Piconeros, de Posada, que está en la
sierra misma de Córdoba, y cantaba bien por soleá.
Mi padre no era profesional, pero cantaba muy bien...con
aquella generosidad...[canta] “Tomándome
otra copa...” y cantaba bien por soleá,
“Yo tengo cuatro niños...”
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Juan Varea,
Fosforito y Valderrama (foto: DEIF) |
INFANCIA Y JUVENTUD
“A nuestra manera, organizábamos
nuestros torneos de fandangos, de verdial, o lo que fuera”
El flamenco era una forma de vida, entonces escucho tocar
las palmas, escucho tocar la guitarra, escucho cantar...y
te voy a explicar una anécdota, es que hace cuatro
o cinco años, por navidades, el maestro don Alonso,
maestro de orquesta, de la sinfónica de Málaga,
me llama: “Oye, vente, que tengo una cosa aquí,
quiero que me hagas el final de una partitura de Jerónimo
Giménez”...era un autor de Sevilla, hizo
los bailes de Luis Alonso...”en una partitura
que llaman ‘La Tempranica’, hay un cante por
soleá, un cante por caña, un cante por tangos,
uno de tanguillos y una nana que quiero que tú hagas”.
Le digo “maestro, si está en mi tesitura,
encantado” y dice “si no está, lo arreglamos”.
Total, que fui allí con el piano, me da la partitura
con la letra, y digo “¡esta la conozco yo!”
[canta]... La conocí precisamente por mi madre, muchas
veces cantaba, distraidamente, y era del otro siglo. Una
belleza porque esa nana yo la recordaba de mi más
tierna infancia, y me acuerdo cuando tenía cuatro
o cinco años, se la cantaba a mi mare – y cuando
se la canté al maestro, se quedó asombrao:
“¿tú has leído esto?...¡¿tú
cómo te puedes acordar de eso?!” En la
partitura lo había tomado tan perfecto, que lo reconocía
inmediatamente.
Entonces en mi pueblo, recién terminada la guerra,
hay un puñao de chiquillos, un grupo de golfillos.
En mi casa teníamos dos habitaciones con ocho hermanos,
pues nos conocemos todo el mundo, y el pueblo en aquel tiempo
era más chico, todo era más chico. Yo dormía
algunas veces en el fondo de un carro que llevaba el hortelano,
y descargaban en el mercado de mayoristas, lo ponían
todo en la calle para luego la compraventa de los puestos,
y estaban allí los carros. Yo dormía, y por
la madrugada, digamos a eso de las seis de la mañana,
empezaba el movimiento – después de la venta
tomaban la copa de aguardiente y allí estaba yo,
y la gente cantando. A la par de eso, los chiquillos nos
bajamos debajo del puente, en aquel lado del puente se podía
bajar hasta la orilla del río, y a nuestra manera
organizábamos nuestros torneos de fandangos, de verdial,
o lo que fuera. Cada uno p’allá p’acá,
hacía sus cosas, unos a robar membrillos, otros a
vender papeles...
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Sabicas, Fosforito,
Diego Castellón, Juan Habichuela - 1965 |
Después empecé a cantar por las tabernas,
tendría entonces unos ocho años, la edad de
mi nieto, y a partir de allí, pues yo me fui por
los pueblos cercanos. Iba andando a Casariche, iba a la
feria de ganado. En mi pueblo había dos ferias, una
en mayo, y cantaba en los tratos, cuando los tratos se cerraban,
siempre la copita, “¡bueno, esto hay que
celebrarlo con vino!”, siempre. Cuando yo tenía
apenas diez años, en una de estas fiestas yo encontré
a uno que tenía cinco o seis años más
que yo, y formamos la pareja, se llamaba Carlos, haciendo
compás con los callos, sin guitarra. De esa feria
de ganado, pues íbamos ampliando...a la sierra de
Málaga, a la sierra de Cádiz, Sevilla. Y otro
que murió, que era José Cortés, lo
llamaban el Niño de Churriana [Churriana 1905-Barcelona
1987]...¡cantaba muy bonito y creaba letras!
Y a pesar de todas las fatigas de la posguerra, con mi
primo Antonio, a lo mejor comíamos hojas de rábanos,
pero la guitarra estaba allí, y dentro de la pena,
él salía, se buscaba la vida...en las fiestas,
en las casas de las niñas donde la gente iba a divertirse
a pesar de todo, una ‘casa de vinos’ la llamaban,
y las niñas con mucha alegría, porque era
su papel, y llamaban al cantaor y allí estábamos.
Cada vez que había un ratito de alegría, pues
allí estaba la guitarra en torno a una olla. Había
fiestas familiares, en las casas de vinos, en las ventas,
la Venta Las Flores que estaba en las afueras porque era
lo discreto. Entonces allí vivió y murió
el famoso Tenazas [Morón de la Frontera 1850-Puente
Genil 1933], ganador en Granada en el concurso del ’22
– llegó allí joven, de allí partió
a Granada, volvió a Granada, y de vuelta a Puente
Genil donde al cabo de equis tiempo, en su momento, el hombre
murió...tenía 68 años.
En los años ’46, ’47, ’48, en
Málaga, yo en la calle Camas, había tanta
miseria, nadie compraba un melón, así que
el melón se vendía a tajadas, en una tabla,
con las moscas por allí, y la cañadú
en un perol de cobre, y la gente esperando que acabara la
cañadú, que no se acababa nunca, y había
uno pregonando, aunque no te lo creas, “¡hay
grifa!”, unos petardos que liaba este hombre
¡no los compraba nadie, no había dinero!, y
se vendía tabaco, era un comercio distinto, los altramuces...
Yo ganaba dinerito e iba a una tabernilla al lao, que una
botella de vino con unas cañaíllas valía
cincuenta céntimos. Yo terminaba a las seis de la
mañana o las siete, y me iba de allí con veinte
duros, figúrate, con catorce o quince años...
RECITALES DE CANTE EN LAS UNIVERSIDADES, AÑOS
’50
“Lo veía como
una actuación normal del ciclo de un artista”
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Fosforito,
Juan Habichuela y Curro Fernández (1973) |
En el año ’50 he tenido que cantar en un espectáculo
donde sólo cantaban milonga y todo ese tipo de cosa,
y Cuatro Puntales he cantao yo en la plaza de toros de Lorca,
y el polo de Tobalo...había que echarle un valor
increible. Lo que pasa es que con veintiséis años
yo tenía toda la voz del mundo y podía con
lo que me echaran. Yo tengo un disco que lo grabó
una casa de Holanda, un hombre en un patio con un magnetofón
de esos grandes, por el año ’50 o ’52,
una saeta, y este Matías Prats el narrador, hicimos
la pasión del Señor San Mateo en el año
’52, lo hizo un ingeniero de telecomunicaciones de
Puente Genil, y metió saetas de otros de mi pueblo,
la banda de los romanos...la cinta, ahora si la coges ya,
se deshace....
Génesís García:
Hablé con un tal Villarejo Perujo que me contó
que en Córdoba, en el aula magna de la escuela de
ingenieros, se hizo por primera vez un recital de flamenco.
El recital era tuyo. El rector o director de la escuela
no lo quería de ninguna manera, el flamenco le parecía
una indignidad. Y este alumno Perujo, que era un muchacho
todavía, llevaba actividades culturales. Él
propuso este recital, y por fin se aceptó. Dice que
en Córdoba costó que entrara en este ambiente,
y entonces que lo inauguraste tú, que eran miles
de personas y la gente se quedaba fuera.
Fosforito:
En colegios mayores Antonio Murciano y yo dábamos
recitales en la Universidad de Madrid antes que nadie...por
los años ’56, ’57, ’58 ya se movía
en la Universidad de Madrid masivamente. Aquello trajo consigo
un movimiento donde ya no era la conferencia a los alumnos,
sino la actuación directa de cante, y esto empezó
a interesar con mucha fuerza en Madrid. Antes que eso había
estado cantando para bailar y cantando solo. Entonces cuando
la gente se está arrogando haber hecho no sé
cuánto, yo ya lo había hecho mucho antes.
Lo veía como una actuación normal del ciclo
de un artista.
A Agustín Gómez lo presenté yo. El
tenía un programa de flamenco en Radio no sé
cuál en Córdoba, yo le escuchaba hablando
de flamenco y nos conocimos, claro. La primera vez que presentó
un festival, fue porque yo lo propuse, en Puente Genil,
mi pueblo. Aquel festival lo hice yo, lo creé yo,
sin cobrar nada...en el año sesenta y algo, ’66
o ’67. Entonces empezó a ser conocido como
presentador. Hablaba con una lírica distinta, presentaba
de otra manera y se hizo un sitito importante dentro del
flamenco.
EL TORONJO
“Cualquiera que cante
fandangos, si canta bien, inevitablemente, tiene que aproximarse
al Toronjo”
Yo me lo encontraba en una terraza con la voz en el cielo
cantando fandangos mejor que nadie, porque lo que ha cantado
Toronjo, ha sido fandangos, donde él ha puesto un
sello especial, y cualquiera que cante fandangos, si canta
bien, inevitablemente tiene que aproximarse al Toronjo porque
no se puede cantar por fandango de Huelva mejor que el Toronjo.
Nadie. Además era un superhombre. Yo recuerdo al
Toronjo ya con copas, y te decía un fandango, te
decía mil letras todas distintas, con esa voz flamenca
y muy pura, con un tono de voz increíble, estaba
dando el alma en cada momento, y tú te ibas a tu
casa, y venías por la tarde, o al día siguiente
y estaba allí, y tenía la misma voz, la misma
pureza, fue maravilloso. Tenía muchos problemas en
su vida, pero siempre tenía la sonrisa. Cuando uno
tiene dentro de las tripas algo extraño, con dos
copas lo descubres, porque yo recuerdo amigos míos
que con dos copas son mejores todavía, te dan un
abrazo más fuerte y te dan el corazón.
LA FORMACIÓN DE UN CANTAOR
“Hay un sonido, un color
de voz, por eso nunca un cantaor iguala a otro aún
haciendo el mismo cante”
La verdad, cuando un artista llega a cierto grado, si se
le puede decir, entre comillas, que es un genio, necesariamente
tiene que estar un poco loco, pero un loco controlado y
nunca con lo dañino...puede que ellos trabajen la
locura y se hagan el loco, pero no que sean locos de verdad.
Porque un loco de verdad, es uno que tiene ramalazos de
locura dentro de la cordura, pero en un artista la locura
normalmente es la posición del desarrollo de su arte.
Un artista tiene que hacerse querer por la gente, por eso
no entiendo cuando un artista de entrada va buscando un
rechazo, o su actitud es rechazable, porque un artista cuando
sale y saluda, es pa’ quitar el miedo, saber estar,
y “buenas noches”. El otro día vi a un
joven que estaba hablando y estaba desvariando, decía
alguna estupidez, y yo casi lo perdono, porque yo no lo
achaco a poca vergüenza, sino a los nervios...
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Foto Flamencomanía |
Génesis García:
¿Tú te crees que una criatura que vive en
un barrio en Barcelona, y no ha oído más flamenco
que con los auriculares, puede cantar?
Fosforito:
Tiene la facultad... Cuando ha oído un cante de granaína,
o un cante de soleá, o un cante de minera...esto
no es una crítica... Yo escribí un artículo
que se llama La evolución del cante, y hablaba
precisamente de cómo se forma el cantaor. Un cantaor
se forma, naturalmente un cantaor con condiciones. Como
decía un amigo mío “con lo bien
que yo canto, y lo malamente que suena”, claro,
eso también se da, pero ese hombre nunca llegaría,
no lo pretende – él mentalmente conocía
todo, pero su condición a la hora de emitir el sonido,
lo que salía, no era lo que él pensaba. Eso
se da. Pero cuando uno tiene la condición, un cantaor
empieza por imitar todo lo que hay en su entorno. Tiene
un maestro que se aproxima más a su color de voz,
luego llega un momento en que encuentra su propio sonido
y es él mismo. Nunca va a perder la referencia, porque
hay una referencia siempre, pero ya con un sitio propio...hablo
de la condición. Naturalmente que los matices, los
fundamentos, los va a poner siempre la experiencia, pero
como encontró al maestro al primero, o al segundo
o al tercero, probando hasta encontrar lo más próximo
a su sonido, lo escucha bien y tiene que aprender bien.
En el cante está el fondo, el fondo es el manantial,
por decirlo de una manera, y es para todo el mundo. Y ahora
¿qué se aporta? Formas. Hay un sonido, ese
color de voz, por eso nunca un cantaor iguala a otro aún
haciendo el mismo cante...es una voz distinta, una respiración
más larga o más corta, y forma un modo de
su propia posibilidad, y su sonido, y aporta la forma que
él puede dar, dentro de la aproximación....
Cuando cantas por soleá, allí ya impones
tu personalidad, estamos hablando de soleá. Una soleá
de Cádiz, una soleá de Alcalá o de
Joaquín el de la Paula, pero no ha llegado Joaquín
el de la Paula a oír lo que hemos oído, lo
hemos escuchado a través de Mairena, o de Juan Talega
que es anterior, o de Juan de Barcelona que era hijo de
la Roezna, la cantaora que creó una forma, o la Serneta,
nos llega a nosotros a través de los cantaores mayores,
que a su vez han podido poner algo y quitar algo. Entonces
allí está la libertad, pero respetando el
fondo imprimes tu forma, y en el sonido que tú imprimas,
y el gusto y la capacidad expresiva en lo que vas a dramatizar,
vas a dar el sello y definir quién eres tú.
Hay personas que siempre serán imitadoras, porque
no encontraron el sitio de su propio sonido, pero yo nunca
me he parecido a este ni al otro ni al otro, yo de siempre
he sido yo, y cuando sonaba, era Fosforito y estaba claro
quién era Fosforito...o quién fuera...cuando
se tiene capacidad creativa.
DIFERENCIANDO LOS CANTES
“Cuando los cantes llevan
nombre y apellido, hay que respetar”
Se cae en el error, de que muy pronto el cantaor se cree
que ya lo sabe todo. Es un problema personal. Cuando hablamos
de un cante, la soleá por ejemplo, es muy amplia,
o cuando hablamos de la minera, el término ‘minera’
es confuso. ¿Cantaban la minera en el fondo de la
mina? ¿Cantaran a los mineros poemas alusivas a mineras,
a los mineros...?
Mineras, hay montón de cantes...están definidas
las tarantas, están definidos los tarantos, prácticamente
lo mismo, con una capacidad rítmica, una rotundidad
en los finales, en la cadencia, pero es otra taranta por
decir algo. Pero está claro que murcianica, levantica,
no...y hablando de minera, qué te voy a contar. Decía
el hijo de Rojo el Alpargatero, que yo lo conocí
en casa del maestro Piñana, eso mismo que dice que
lo llaman minera, que lo cantaba su padre, lo cantaba el
Cojo de Málaga, del siglo pasao (XIXº), allí
lo llama taranta y dice [canta] “En la gorra tengo
el ancla...”, y es lo mismo musicalmente, ¿aquí
es minera, y aquí es taranta?...pues está
sin definir.
Entonces otra cosa, tangos... Tangos pueden ser cualquiera,
pero cuando los cantes llevan nombre y apellido, hay que
respetar. Chacón, una gran malagueña de Chacón,
es una obra perfecta como todos los cantes mineros. El ejemplo
de Chacón, “Del convento las campanas...”.
Tú jamás vas a cantar igual que Chacón,
ni con la voz de Chacón, ni con el gesto de Chacón,
ni la respiración, ni las vocales en el punto preciso
de la reiteración natural de Chacón. Pero
en tu mente tienes que tener una idea, y tratar de hacer
siempre una aproximación musical del cante como tú
lo sientes. Saldrá o no saldrá, la conciencia
de la aproximación tienes que tenerla.
AVENTURAS Y PERIPECIAS
“Estaba hecho un cachorrillo
y no tenía más remedio”
Aguantando el camino yo he llegado en el ’44 a la
feria de Sevilla, de la feria de Sevilla fui al Puerto,
en la feria del Puerto me cogía un policía
armado. En el ’44 la cosa estaba muy seria, yo me
bajé del tren con mi ticket, no tenía identificación,
no existía para mí porque era a partir de
los dieciséis años y yo tenía doce.
Me llevó a la cárcel del Ayuntamiento, “eh,
¿tú quién eres? ¿qué
haces tú aquí?” Llevaba una cédula,
no tenía foto ni na’, los nombres y los datos.
Me llevó hasta el Ayuntamiento y le costó
averiguar la verdad, que yo era de Puente Genil, parecía
mayorcillo, y estuve quince días preso, y al final
“bueno, ya te puedes ir”. Yo llegué
con lo puesto y dos pesetas. Vendí la poquita ropa
que tenía a la gente de allí por un pedazo
de pan, y fui andando por la vía del tren hasta San
Fernando. Llegué a San Fernando en Cádiz,
y allí conocí a otra gente, mayores que juegan
a las cartas, siempre a la caza del “primo”
con el dinero que nunca suelta, y el que acierta, es porque
un “gancho” que está allí...yo
me juntaba con los que podía juntarme, era muy familiar
y en seguida hacía amistad.
De San Fernando, ya ganando dinerito, me fui a Cádiz
y estuve en Cádiz casi un año, en el ’44.
Allí conocí a todo el mundo...al Niño
de la Alegría [Cádiz 1919-?], a uno que le
llamaban Antonio el Herrero [Antonio Osorio, ¿Cádiz
1888-Ceuta 1960?], a otro que se llamaba Rosillana, otro
que era el Niño de la Viña [Manuel Moreno
Iglesias, Cádiz 1931]...y yo llamaba la atención,
decían “niño, cántale a este
o al otro”. A las ventas era donde iban los hombres
con sus amigas, para que no los viera nadie, se meten en
su cuarto, pedían cantes, se divertían y luego,
se iba con ella o no se iba, ese era el ambiente, mucha
gente muy negativa, los señoritos, y había
uno que tú a lo mejor creías que era señorito,
y te tenía toda la noche, veinte horas, y a la hora
de irse decía “¿qué? he pagado
yo la cuenta, ¿no he cantado también?”.
El cante era para quien podía tener dinero, quien
se divertía... Yo recuerdo don José Hondos,
de Rota, uno que podía, llamaba a cantaores y era
un hombre que le gustaba el cante...una vez estaban cantando
por siguiriyas, y dice una de las muchachas, “oye,
¿y porqué no canta eso de ‘corcho, con
corcho’...”, y le dice “te vas
ahora mismo”...y la echó.
Allí conocí a un hombre que tenía
un bar en la calle Pimel, era muy aficionado, habiá
un guitarrista, el Niño de la Bola, y otro que se
llamaba el Niño de la Pelota, y bueno, y allí
formó un espectaculito...por Grazalema, por los pueblos
de la serranía. Yo ya había hecho eso siendo
un chiquillo, mis catorce años, luego con un guitarrista
que era el barbero como todos los guitarristas de entonces,
tocaba la guitarra y la bandurria, ese era Rafael de Antequera.
Íbamos por ejemplo a Villamartín, hablábamos
con el dueño del teatro, y nos ponían detrás
de la película, con una banqueta. Se pone la pizarra
en la plaza del pueblo, cobrábamos dos pesetas, y
no era mal dinero teniendo en cuenta lo que era el dinero,
lo que ganaba un hombre entonces por doce horas, y en razón
a la gente que iba, pues nos daba algo al final, porque
alegraba la película con la actuación fin
de fiesta.
Ya una vez en Ronda, ya solo, hay uno que organiza espectáculos,
y uno de ellos es en la plaza de toros, en el año
’45. En ese espectáculo estaba el Niño
de Linares [Linares 1911], estaba la Chata de Antequera,
y la figura era el Gitano de Bronce. Entonces, todo el mundo
era “Niño” ¡además de que
eran niños! Tenía siempre un subtítulo
donde ponía, “Gitano de Bronce, el galán
cinematográfico cantante” porque alguna vez
puso algo en una película con la Niña de Antequera,
“la de la voz no sé qué...”.
Siempre se ponía un subtítulo, los carteles
eran así, muy curiosos. Yo tenía trece años
en 1945 y debajo de mi nombre, “Antonio del Genil”
o el “Niño del Genil”, sí recuerdo
que ponía “Joven valor del cante jondo”,
lo que denota por donde me movía yo. Canté
por soleá, canté por siguiriya, por malagueña,
yo he escuchado cantar muy bien, al Cayetano de Cabra [Cayetano
Muriel, Córdoba 1870-Benamejí 1947]... Ten
en cuenta que yo estaba en el foco de donde se cantaba.
Recuerdo que cuando te llamaban a cantar, si estaban tomando
coñac, te decían “tomáte
una copita”, y había que tener mucho tacto
en tomarte lo mínimo, “no hombre, no me
encuentro bien”. Yo tenía el estómago
fatal, de que cuando tenía quince años me
tomaba la copita de coñac...fatal. Luego con Juan
Valderrama y Pepe Pinto, en algún momento de mi vida
me tomaba todo lo que habían inventado para el estómago,
lo pasé fatal, por esa niñez, porque estaba
hecho un cachorrillo y no tenía más remedio.
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Manolillo el
Herrador
(foto: Donate) |
Llegué a Ronda en el ’46 y me fui a Málaga.
Consideré que aquello de Ronda estaba agotao, habíamos
hecho todos los pueblos, entonces me fui, y llegué
con un dinerillo, no iba descalzo. Fui en una tartana que
había de Ronda a Málaga y llegué y
pregunté “¿por dónde se mueve
aquí el artisteo?”...era muy espabilao.
“Pues mira, el Bar Central es el sitio donde vienen
los artístas”... Allí conocí
al Pena padre [Sebastián Muñoz, Álora
1876-Málaga 1956] conocí a Adolfo Cuchillero
[Adolfo Carrasco, Málaga 1884-1970], a t’ol
mundo... Yo tenía entonces catorce años: “¿tú
quién eres, qué quieres?”__”mira,
yo soy cantaor, me han dicho que aquí...”__”sí,
por aquí hay, deja que te invite...¡oye Pepe,
aquí hay un cantaor!...bueno, yo con el muchacho
tendremos ocasión de hablar de eso”. Y
él me presentó a artistas que iban llegando...Pepe
de Álora [José González, Álora,
191?], Diego el Perote [Diego Beigveder, Álora 1884-Málaga
1980], Manolillo el Herrador [Manuel Soto, Málaga
1900-1980], Cañeto [padre de la Cañeta de
Málaga]...los cantaores y los guitarristas importantes
que había en esa movida. Conocí al Niño
de Almería, que era un guitarrista fenomental, una
persona extraordinaria...vivía en el Perchel en una
casa de vecinos, muy humilde ese hombre, pero a pesar de
esa humildad me decía “ven aquí,
cántame esto y lo otro”, porque le gustaba
mucho, “cántame no sé qué, cántame
no sé cuántos”. No se lo creía,
se sorprendía, que yo era un chiquillo, y era el
que más sabía de aquel entonces. Una vez me
llevó a la venta La Ola de Anita la Canosa, y allí
conocí a Agustín de las Flores [Agustín
Escalera, Málaga 1920-1984], mucho cantaor, cantaba
muy bien, con muy buena voz...
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Diego el Perote
(foto Miguel Sanabria) |
Una vez me dieron veinte duros, no era corriente, qué
va, te hablo del año ’46 o ’47. Para
darte una idea, yo pagaba pensión completa en el
corazón de Málaga, la calle Santa María,
catorce pesetas. Entonces me pregunta un gitano que cuánto
me habían dao y le digo que veinte duros, y dice
“¡mentira! ¡¿acaso tú
has cantado mejor que yo?!”__”no sé,
yo canto como canto, perdona”. ¡Me quería
pegar y to’! Porque resulta que era él que
iba todos los días, que le llamaban a él.
Entonces “¿cómo no me ha llamao a mí,
y además que te han dao veinte duros?” No es
que saliera del aficionao de llamarme, sino el propio dueño
de la venta dice “hay uno nuevo que le llaman el del
Genil que te va a encantar”, mandó un camarero
a casa de Anita la Canosa y fui y le canté allí
en la barra, una especie de prueba, tres o cuatro palos...
Una casa que se llamaba el Río de Oro, una calle
que pasaba por el río, antes de la Carraca, y me
meten allí el propio hermano de Gonzalo Reina que
decía “pero bueno, ¿él no
lleva comida?” En mi casa no tenían pa’
darme a mí de comer, porque no había comida
– allí no te daban nada, cada uno tenía
que apañarse. En el Puerto de Santa María
daban un guiso de nabos con pimentón, pero en Puente
Genil, no, y si no tenías qué comer, no comías,
entonces el propio Gonzalo, claro, pobrecito, dice:
“eres un cantaor, te han llamado para cantar, y no
tiene nada que ver con tu comidilla ni con ser el señorito
del pueblo”.
Con dieciséis añillos, estaba cantando en
Antequera en una casa de niñas, y decía la
muchacha que estaba acompañando al individuo, “¡ole
qué guapo, te como la boca!”, esas cosas
que se dicen, y me dice el otro “¡tú
que eres un chulo, te voy a echar ahora mismo!”,
y me echó a la calle, muy buenas... Me ha pasado
de todo, porque dentro de las fiestas había gente
que te quitaba el sentido, y gente que tenía un mal
vino, y tú eres lo más frágil, lo más
indefenso...¿cómo te defiendes de eso?...de
ninguna manera. Había momentos, algunas veces, que
tenía que cantar con la cabeza agachá. Las
muchachas son muchachas, es gente joven, alegre, estaban
donde estaban...
Yo me quedé en Málaga en ese plan hasta que
me fui a la mili. El Central era digamos el centro de reunión
de allí de las ventas, cogíamos un taxi en
Málaga, o andando. Había otro sitio, la Viña
Chica, o la Silla Eléctrica...eran puntos determinados
donde la gente iba a escuchar cantar o a buscar a un cantaor.
Me llego a la Ola de nuevo, me escriben una carta, y la
carta me llega a mí tarde, claro, yo estoy en el
Central, y dice Pepe “oye, aquí hay una
carta pa’ ti...jo, esto tiene una pinta”...
Y efectivamente, una carta militar, era para que me incorporara
en Lucena, que es donde corresponde toda la provincia. Y
llego yo, me voy en tren...me iba y venía a Puente
Genil.
EL ACCIDENTE
“Cuando me hablan a
mí de fatigas, digo ¿qué me van a contar?”
Yo tendría diecisiete años cuando había
una despedida de soltero y uno de los que iba invitao me
llamaba a cantar, me conocía, yo siempre he sido
cantaor del pueblo porque desde chiquitillo me conocen,
por eso siempre he presumido de ser profeta en mi pueblo.
Entonces me llaman a eso, a la despedida de soltero a cinco
kilómetros de Puente Genil, y en un coche de estos
Citroen que tenía unos estribos...el que cogía
el coche no era suyo, sino que era de un primo. Fuimos a
la estación a tomar una copa, se pone el muchacho
en el estribo y bajando la cuesta Bombolino un carro que
viene p’arriba, el que conduce se cree que le va a
dar, mete la mano, dobla el carro y lo mató, y yo
estuve tres o cuatro meses preso, otra vez. Cuando me hablan
a mí de fatigas, digo ¿qué me van a
contar?
SERVICIO MILITAR
Entonces la vida flamenca era así, las ventas, las
tabernas...yo he pasao lo mío, de todo. De pronto
me llaman a Cádiz, porque mi quinta ya estaba allí,
en el ’52, y de Cádiz me mandan a Camposoto
de San Fernando. Vuelvo a Cádiz, la mujer del capitán
era de Huelva, se enteran de que yo soy cantaor y tuve la
oportunidad inmediatamente de hacer un cursillo de cabo.
Entonces si era el día de la señora del capitán,
que era el comandante, le cantaba, le hacía croquetas...
Bueno, a los dos meses yo tenía permiso para salir
a Cádiz a buscarme la vida en las ventas. Yo cantaba
en Cádiz en la venta Bellavista, y en el Pay-Pay,
el Trocadero, pues ganaba dinero...
Pero no me podían tocar, como organizaba fiestas...con
el Carnicerito de Cádiz, el Niño de la Viña
[Manuel Moreno, Cádiz 1931], Antonio de la Rosa [Cádiz,
s.XIX-s.XX], artistas amigos míos, se formaban unas
fiestas y el capitán se reía con nosotros.
Mira lo que te cuento, yo no había hecho guardia
en mi vida y me dicen “oye, a quién le
toque, le toca...me he enterao que te llegaste de madrugada”
y digo “yo llegué a las diez de la mañana”.
La puerta de guardia estaba abierta y por una ventana sin
reja entraba y le digo “perdone usted mi teniente,
es que me acaba de llamar el capitán”.
¡No me había llamao, ni mucho menos!, pero
habla con él, muy serio, y dice el capitán,
“mira, tiene mi permiso”. Después
a lo mejor me veía con el pelo larguillo y ni se
atrevía a decirme nada....no lo pasé mal,
la verdad....
GRABACIÓN
“Me decían de
Paco de Lucía, ‘¿cómo puedes
cantar con ese, si pica más que un pollo?’
”
Entonces me proponen presentarme a un hombre que había
sido director artístico de Belter [casa discográfica
de entonces], y éste me propone hacer un disco con
una casa nueva que había en Barcelona, Magnamusic,
y entonces, de acuerdo, pero no puedo ir más que
los fines de semana, en avión desde Málaga,
sábado y domingo, claro, todo cerrado, sin apenas
dónde comer, pues decidimos ir a Málaga a
grabar. Se busca un estudio, todo esto generando gastos...
La grabación, habiá cosas, una belleza....tenía
libertad para hacer cosas que aportan. Pero luego entre
los socios, uno de ellos le demanda al otro, que me entero
por la televisión, la casa se deshace, yo en seguida
parado, el que tiene el estudio lleva la cuenta, quiere
cobrar su dinero y yo no tengo manera de recuperar la grabación.
Había hecho una carátula, que la tengo yo,
a Pineda Novo le habían pedido un poema, y todo pendiente
del máster y repetir el disco. Eso se va al garete,
claro, se extingue el contrato y no teníamos para
cubrir la grabación.
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Fosforito con Paco de Lucía
(foto: Flamencomanía) |
Entonces le digo al que me metió en eso, “Manuel,
yo tengo un amigo que podría hacerme un disco..”
Me decían de Paco de Lucía, “¿cómo
puedes cantar con ese, si pica más que un pollo?”
Estaban acostumbrados a que tocaran a cuerda pelá.
Me dice “Antonio, allí hay algo recuperable
y mucho”. Entonces es la idea de respetar la
mayoría, o la mitad, o el 60% de aquella grabación,
me dice “Antonio, esto en dos días se puede
hacer”. Cuando se graba, canto a tope, porque
si no...así no hay sensación de estudio, o
das el alma o no vale. Y meto una petenera a ritmo que no
tiene nada que ver con la petenera esta, pero a compás,
porque es para bailarse, se la cantaba a Manuela Vargas,
y le tengo un cariño, porque además, la letra,
yo hice letras nuevas porque la ampliamos, y es una belleza.
ENFERMEDAD
“En un pleno del Ayuntamiento, acuerdan comprarme
una guitarra”
Cuando termino la mili me voy a mi pueblo porque me tienen
que operar del estómago. Yo seguí cantando
en Cádiz, claro, estaba en una pensión, recién
operado todavía curándome. Ya no tenía
la cama del ejército, entonces tenía que seguir
cantando. Claro, con aquel mal comer...comí algunas
veces en casa de Félix de Utrera, o una pensión
un día, o no tenía ganas porque no estaba
bien, físicamente no me encontraba bien... Yo trabajaba
en el Trocadero, cantaba para bailar a una, tengo un cartel
del año ’54 del Teatro de Falla, yo seguí
cantando allí todavía. Me fui a Puente Genil
en el ’55 y yo llevaba allí poquito tiempo
cuando fui a cantar al Patrocinio, a una bailaora que se
llamaba Encarnita Silva, de Cádiz...era figura y
su padre era el que pagaba el espectáculo aquel,
por aquellos pueblos, por Conil, por Barbate... Llega un
momento en que ya físicamente voy deteriorando, y
con sangre me voy al hospital. Entonces no era como ahora...sin
anestesia y sin na’, y me cortaban con las tijeras,
y se cerró como Dios quiso. La cuestión es
que ya dejé de cantar y tenía lo mínimo
para volver a casa. Ya no podía mandar dinero a mi
casa, y como no podía trabajar tampoco, pues me fui,
esto en el año 55. Ese año intento trabajar,
y estaba yo sin voz.
Allí en mi casa...mi padre era pintor de brocha
gorda, que cantaba muy bien y si ganaba dos pesetas, peseta
y media la gastaba en la barra invitando a todo el mundo.
En fin, me seguía llamando la gente que me habían
llamado siempre, don José de los caramelos, Francisco
Reina, gente que había allí, y me seguían
llamando para ir a cantar y les decía que no, que
tenía ese problema, que no podía, entonces
estos llegan al Ayuntamiento de mi pueblo y todos “ay,
el niño Fosforito...vaya, se ha quedado sin voz,
ya no puede cantar...”, y en un pleno del Ayuntamiento
acuerdan comprarme una guitarra, “hay que echarle
un cable”, y me compran una que les cuesta dos
mil pesetas, que era un dineral, de Santos Hernández,
y ahora, al nieto que la tiene, se la he querido comprar
y no me la da.
Entonces me compran la guitarra, me la dan y comprometen
a un guitarrista, que era Manolo Santos, a darme clases.
Tenía un bar y tocaba más clásico que
flamenco, y el hombre no podía atenderme, entonces
cerraba el bar a las tres de la noche, con una copita de
vino y algo de picar o lo que sea, nos metimos en un cuartillo
hacia el fondo de un patio y allí me daba clases.
Me ponía un poquito por soleá y estas cositas...yo
tenía 22 años. Manolo Santos, buenísimo
hombre, muy discreto, y me decía “a ti
te tengo yo que ver con un coche que no cabe en la calle”.
Tocando en mi casa, por instinto tarareas...empiezo a ponerme
mayor, empiezo a sonar en los tonos básicos de la
cadencia andaluza, después de los primeros cuatro
o cinco meses, me sonaba a algo...
CONCURSO DEL ‘56
“Hacía tantísima falta ganar lo que
fuera, entonces me presento”
Anteriormente estos concursos los organizaban los aficionados,
no había peñas, un puñao de aficionados
con el apoyo del Ayuntamiento naturalmente, si no, eso era
imposible, te hablo de los años cuarenta y pico,
cuando yo cantaba a la salida del Nazareno...no había
peñas. Cuando me llamaban para cantar la saeta, había
uno que era el hermano mayor del Nazareno, que le llamaban
Camisitos de Lucena, y yo cantaba en los balcones, hacía
el seguimiento y lo cantaba veinte veces, pero yo podía
con esa edad, compitiendo con la Niña de la Alfalfa
[Rocío Vega, Santiponce 1895-Sevilla 1975], con Manuel
Vallejo [Manuel Jiménez Martínez de Pinillo,
Sevilla 1891-1960], cantaores saeteros puros, cantaores
hechos... Antes que eso, había habido muchísimos
concursos de saeta en Puente Genil mismo – yo fui
a un concurso de saeta con catorce o quince años,
después a Santa María, después a Cádiz,
después a Ronda...
Entonces cuando aparece lo del concurso nacional a primeros
de año, del ’55 al ’56, leo en el periódico
lo que piden y digo “¡esto lo sé
yo!”. No estaba yo en mi voz, pero sí
en mis conocimientos. Cuando hablan de polo, soleá,
soleá apolá, caña y serranas, pues
esto lo conozco yo. Ese concurso era de más responsabilidad
de lo que había hecho antes, no es lo mismo un concurso
con quinientas pesetas, que un concurso ya con carácter
nacional, con otro orden de cosas. Yo tenía 23 años,
casi 24, ya llevaba quince años de cantaor y había
recorrido mucho.
Yo ya sonaba, no era mi voz de siempre, pero sonaba, y
hacía tantísima falta ganar lo que fuera,
entonces me presento. Llegaba allí y conocía
a mucha gente, entre ellos Ricardo Molina, que no lo conocía.
LA CONCESIÓN DE LA LLAVE DE ORO DEL CANTE A ANTONIO
MAIRENA EN 1962
“El gran público
pensaba que aquello era un concurso donde nos estábamos
partiendo la cara”
Cuando Ricardo Molina y yo nos sentamos en La Tropical
en Sevilla a hablar de quién podría ir [para
la presentación de la Llave a Antonio Mairena], quién
podría cantar esos cantes, cuántos y quiénes
eran, entonces no había tanta gente que podrían
cantar tres cantes por siguiriyas, tres cantes por tonás,
tres cantes por soleá... entonces pensando quién
y cómo. Había quien decía “yo
no”, y el otro “no no”,
entonces había que encontrar la gente adecuada. Yo
no puse precio a eso, era cuestión del Ayuntamiento.
Pero yo tengo que hablar desde mi visión de admirador,
de amigo íntimo de Antonio, desde mi cariño
hacia la persona, y vuelvo a decir, repito, que se hizo
acreedor a la Llave con méritos, sobrao, porque hizo
una obra extraordinaria a raíz de la Llave, el creó
toda la obra inmensa de Antonio, la hizo posterior a la
Llave.
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Homenaje a
Pastora Pavón, 14 de mayo 1961 |
A ver, Antonio Mairena canta con Carmen Amaya en la película
del ’36, María de la O, donde lo que canta
son cuplé, fíjate lo que te digo, con Paco
Aguilera, un cante por soleá de Alcalá, que
fue un modelo, grabó una malagueña del Mellizo,
por fandango y ‘Camino de Jerez’, una bulería.
Nosotros sabíamos que estaba allí, to’
los aficionados, pero Mairena, el gran público no
sabía quién era, no lo conocía, entonces
cuando yo presento a Ricardo, le hablo de Antonio Mairena
y hay una ocasión que lo presentamos, actuamos y
trabajamos con Paco Isidro que trae a Juan Talega y se forma...
Hubo con Antonio como un flechazo, y la capacidad literaria
de Ricardo, vio la gran riqueza y la historia que tenía
en sus espaldas Antonio Mairena, y ya empezó a maquinar,
empezó a pensar lo que se podría hacer para
llevar esa sabiduría de Antonio. En el año
’61 ya estaba esto pensándose, y ese mismo
año se le da un homenaje a Pastora porque la escuela,
la casa de los Pavones pesaba mucho en el ánimo del
flamenco, y esto se hizo en Córdoba, en el Palacio
de la Merced, pesaba mucho en el ánimo de Antonio
Mairena, el respeto que tenía hacia Pastora y la
casa de los Pavones. Entonces él promueve ese homenaje,
Ricardo estaba de acuerdo, y se le da a Pastora un homenaje
nacional, que no se le había dado nunca en el palacio
grande, donde participan Antonio Mairena, Juan Talega y
yo, María Vargas, Terremoto y Pepe Pinto. El maestro
de ceremonias era Amos Rodríguez, además de
Ricardo Molina y Salcedo Hierro. Fue una preciosidad, una
noche mágica. Pastora cantó, no tenía
por qué, el homenaje era a ella, pero cantó,
y cantó como ella sabía cantar. Increíble...irrepetible.
Entonces eso tenía su justificación. Era
el homenaje a Pastora, y a continuación, la Llave.
La Llave había que rescatarla. Ya sabes la historia,
de mil ochocientos sesenta y algo, en el Café Sin
Techo de Málaga, donde general Mira no sé
qué, no sé cuánto, está el Nitri
en una fiesta y hacen así: “¡tú
eres el mejó del mundo, tú tienes el cetro,
la Llave del Cante!” La Llave del Cante, no se
hablaba de oro, y le dieron la llave de la plaza de toros,
que fue el modelo de una llave que luego hicieron. Al Nitri,
vamos, le nombran entre un puñao de amigos en una
fiesta, no pasó más, la historia es esa. Qué
ocurre luego, que en un concurso también para lanzar
a un cantaor como Vallejo se promueve una Llave que se la
entrega. Está de testigo Manuel Torre, está
de testigo Chacón, en el escenario le hacen entrega
de la Llave en el año ’25, y treinta y seis
años después, se piensa que la Llave tiene
por que entregarla otra vez.
En aquel momento yo soy Premio Nacional absoluto. Pastora
Pavón, Pepe Pinto y Juan Talega están por
encima del bien y del mal, entonces Antonio, que era un
pedazo de cantaor, un grandioso cantaor, un monumental cantaor
que no tenía ningún punto de apoyo, fíjate
lo que te digo, entonces ¿qué mejor que rescatar
el símbolo de la Llave de Oro? Se rescata ese símbolo,
se dota de un dinero que era muy grande para aquel tiempo,
se busca a unos cantaores, se les paga veinticinco mil pesetas
a cada uno, no había nada que dilucidar, ese dinero
de cada uno lo había cobrado ese mismo día
a las once de la mañana, allí están
los recibos, y claro, porque el día siguiente era
domingo, fiesta, y lo que hacía era pagar ese día
mucho antes de que se celebrara aquello, y se concede la
Llave a Antonio. El gran público, pensaba que aquello
era un concurso donde nos estábamos partiendo la
cara, pero no era cierto...todo el mundo intentaba cantar
lo mejor que sabía. Y había esa condición,
que era tres cantes por tonás, tres cantes por siguiriya,
tres cantes por soleá y un cante libre. Dos guitarristas,
que eran Melchor de Marchena y el Morao, y naturalmente
a Antonio, con todo el mérito, se le otorga la Llave
de Oro del Cante. A partir de allí, inmediatamente
sale el libro que ya estaba esperando, porque no es lo mismo,
tú vas a hacer un libro “Mundo y Formas del
Cante Flamenco” como Antonio Cruz García, que
Antonio Cruz García, Llave de Oro del Cante –
es un apoyo de otra calidad, el cantaor era el mismo, pero
el título era distinto. Y aparece Mundo y Formas
en el ’62 o el ’63, a partir de allí
Antonio hace una obra inmensa por el flamenco y se hace
acreedor a la Llave sobradamente.
INFLUENCIAS
“Yo nunca fui discípulo
de Antonio Mairena”
Génesis García:
Ya en los años setenta, muchísimos nuevos
aficionados jóvenes, que entran con entusiasmo, y
te conocen a ti, se acercan a Fosforito, se aficionan a
Fosforito y Menese...me meto en unos años en que
ya Menese y tú, resulta que estáis abriendo
una puerta a gente que no conocía a Antonio Mairena.
Mucha gente que ahora tienen 50 años más o
menos, a mí me ha dicho “yo empecé
con Fosforito, y a través de él, me enteré
de quién era Mairena”. Con esto quiero
decir, que todavía años después, fuisteis
los discípulos.....
Fosforito:
Yo nunca fui discípulo de Antonio Mairena...
Génesis García:
Como discípulo de entrar en el mundo del flamenco...
Fosforito:
No no no no no... No, porque yo tenía otro camino
distinto, paralelo al de Antonio. Éramos amigos,
pero jamás he sonao a algo que hubiera cantao Mairena...ni
en la forma...las formas son las que aportamos, entonces
yo nunca he rozao en las formas de Antonio, he tenido mi
forma propia, entonces no. Hubo gente, que te la puedo contar,
incluido Mercé, que el primer cante que graba, es
un tango mío, y el Lebrijano mismo, que primero fueron
fosforeros y luego fueron maireneros. Yo nunca fui discípulo
de Antonio Mairena. Yo ya hablaba de Antonio Mairena cuando
a Mairena no lo conocía la gente. Mi admiración
y mi afecto por Antonio está clara.
* * *
En la década de los sesenta,
después de la concesión de la Llave de Oro
a Antonio Mairena, la tuerca del cante se gira varias veces.
Mientras Fosforito sigue su camino y graba con Paco de Lucía
a partir de 1968 la "Selección
antológica del cante flamenco", se difunde
el libro “Mundo
y formas del cante flamenco” despertando el interés
de los aficionados, proliferan las peñas flamencas
y los festivales de cante y Mairena saca su importante antología
"La gran historia del cante gitano andaluz". La
época de la ‘ópera flamenca’ ya
prácticamente es historia y el cante adquiere la
dignidad que le había sido negada desde siempre.
Todo está dispuesto para la aparición de un
joven de la Isla de San Fernando que llegaría para
deleitar a toda una nueva generación de aficionados
y recibiría póstumamente, en el año
2000, la cuarta Llave de Oro del Cante.
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Fosforito (reedición) - Antonio Fernández
Fosforito
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'Los Tronos del Cante' - Antonio Fernández
'Fosforito' - Archivos RTVE (DVD)
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Fosforito con Paco de Lucía
Selección Antológica del Cante
Flamenco
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