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9 de febrero de 2010
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50 ANIVERSARIO DEL CORRAL DE LA MORERÍA

ENTREVISTA-HOMENAJE A
D. MANUEL DEL REY, fundador del Corral de la Morería

por Manuel Moraga
Fotos: Corral de la Moreria

El Corral de la Morería cumple ahora cincuenta años, un aniversario que su fundador, don Manuel del Rey no ha podido celebrar. A primeros de 2006 fallecía el precursor del tablao, un espacio fundamental en la historia del flamenco, y no sólo por posibilitar el acceso de miles y miles de personas a este arte, sino por haber servido también de auténtica escuela para una expresión basada en la transmisión oral y visual. Don Manuel del Rey fundó y dirigió durante casi cincuenta años el Corral de la Morería, el tablao más antiguo de España y, por tanto, del mundo. Coincidiendo con esta efeméride, reproducimos una entrevista realizada con don Manuel del Rey en verano de 2003. Rescatar en estos días sus palabras, su espíritu, su humildad, su elegancia, su amabilidad y su calidad humana es el mejor tributo que le podemos rendir a un pionero del flamenco y, sobre todo, a una gran persona.

“Tenemos la suerte de tener a la mejor bailaora del mundo que se llama Blanca del Rey”


Don Manuel con Marlene Dietrich

La cita era a las seis de la tarde. Un calor sofocante, hiriente, caía sobre Madrid. Entrar fue un alivio. El espacio no parecía el mismo. Las sillas -volcadas patas arriba- estaban encima de las mesas. Olía a limpio y a fresco. Olía a verano de casa antigua. Con sus amplias gafas oscuras, con su pantalón blanco, con su camisa perfecta y, sobre todo, con su sonrisa, me recibió don Manuel. ¿Qué quieres tomar? Agua, por favor. Su hijo, Juan Manuel, dispone una mesa para los tres. Maderas nobles, cerámicas, ese escenario, ese cuadro reflejado en tantas fotografías y testigo de tantos momentos…

Supongo que será difícil acordarse de todo lo que se ha vivido entre estas paredes.
Sí, es difícil, pero según me encuentro con gente voy recordando. Me dicen ¿te acuerdas de fulano, o de cuando venía éste, o de aquello? Es entonces cuando voy recordando, porque de golpe es muy difícil tener presente todo lo que se ha vivido aquí. Mi hijo me está animando a que escriba todo eso. De hecho, han venido varios editores importantes a proponérmelo y a todos les he dicho: sí, sí. Ya te llamaré.


Con Cybil Sheppard

Pero sí se acordará de cómo fundó este templo del flamenco, allá por 1956.
Verás, mi padre tenía un negocio en Madrid que se llamaba Riscal. Riscal fue muy famoso en todo Madrid. Estaba casi esquina a la Castellana. Era un restaurante que tenía una especialidad. Un tío mío, que llevaba la dirección del restaurante, inventó una fórmula para hacer paellas que no se pasaban: que pudiéramos hacer ahora una paella, por ejemplo, y comértela mañana. El truco era que el arroz no se pasara. Así, al inventar esa fórmula, empezamos a exportar paellas al mundo. Nos pedían paellas Cantinflas, Agustín Lara, María Félix, mucha gente. Las enviábamos en una caja con una bandera española. La poníamos en Iberia y llegaba al día siguiente. Después, sólo tenía que ponerse al fuego cinco minutos y listo. Fue un éxito enorme en todo el mundo, porque el arroz no se pasaba. Yo le ayudaba a mi tío, aunque también estaba en la barra o haciendo relaciones públicas… Estaba en todos lados, la verdad. Pero me cansé de ese restaurante y le dije a mi padre: quiero un local para montar algo mío, algo típico español. Un día se presentó y me dijo: vente, he encontrado un local a ver qué te parece. Me trajo a Las Vistillas y me enseñó este sitio. Me pareció muy bien. Era un corral: había anillas, pesebres…. Un corral. En tiempos, esta casa perteneció a los duques de Alba. Total, que como mi hermano es anticuario, me ayudó. Me hizo una decoración española clásica: con ménsulas, zapatas, etc. No es típicamente andaluza, sino española. Entonces puse el restaurante. A otro tío mío – mi tío Juan, también anticuario- , le gustaba mucho el flamenco y además había sido subdirector del Teatro Español, por lo que tenía relación con artistas -había llevado allí a Vicente Escudero, por ejemplo- y fue él quien me dijo ¿por qué no pones un poco de flamenco? Yo contesté, mira, en un restaurante, con la gente comiéndose un filete con patatas, a lo mejor no pega poner flamenco. Pero lo pensé mejor, me decidí a probar… y hasta ahora.

¿Cómo fueron aquellos primeros pasos?
En el año 1956 abrí con Pastora Imperio, Enrique el cojo, La Chunga… Después María Albaicín, Chocolate, Fosforito… Después Isabel Pantoja, Lucero Tena, Antonio Gades, El Güito, Mario Maya… Infinidad. Realmente han pasado todos. Aquí he tenido hasta a Carmen Amaya bailando. Y también Paco de Lucía. Todos, la verdad.

“A los tres meses estaba sin un duro. Arruinado. Aquí no venía nadie”

¿Pero cuál fue la respuesta del público en esos comienzos?
Muy mala. A los tres meses estaba sin un duro. Arruinado (ríe). Aquí no venía nadie. No había forma. Traje una bailaora muy antigua, que no recuerdo ahora cómo se llamaba… Pero la respuesta al público me la dio Pastora Imperio. Este tío mío la conocía y un día me la presentó. Te explico: Gitanillo de Triana, el torero, tenía un bar en la calle Jardines que se llamaba “La Pañoleta”. Ahí estaba Pastora Imperio casi todos los días. Estaba retirada, por supuesto. Pero yo le dije ¿quiere usted trabajar? No, no, hijo –me dijo-, yo ya no bailo ni canto. ¡Pero si sólo va a bailar usted cuatro minutos ante un público que la conoce, y yo le voy a hacer mucha publicidad! Le insistí yo, aunque la verdad es que a ella no le hacía falta la publicidad porque la conocía todo el mundo; toda la gente importante y toda aristocracia de la época la conocía: Los Fierro, los Gandaria, los Urquijo, los Duques de Alba… Bueno pues al final conseguí traerla Le puse dos planas en ABC. Iba a estar ocho días y estuvo un año. Así fue como el Corral comenzó a llenarse de gente. Ahí arranco realmente el negocio. La gente entonces no madrugaba tanto y yo me quedaba aquí hasta las tres o las cuatro de la mañana todas las noches.


“Me vas a dar mil pesetas diarias, una cena a la carta y yo voy a bailar tres minutos”


con Natalie Portman

¿Y qué hacía Pastora Imperio?
Era muy lista. Me dijo: me vas a dar mil pesetas diarias, una cena a la carta y yo voy a bailar tres minutos. Lo que usted quiera, Pastora, le respondí yo. Y así fue. Ella bailaba y cantaba. Pero como era muy lista, subía, daba las buenas noches a todo el mundo, miraba a ver a quién conocía y se quedaba con la copla. Después de la actuación llamaba a quien había conocido ¡buenas noches fulanito, acércate al tablao! Les llamaba a todos de tú, ya podía ser el Rey. Les hacía levantarse, subir al escenario y les decía ¡ven, ponme la mano que te voy a echar la buenaventura! Este señor subía, ponía la mano, Pastora le decía tres o cuatro cosas y de pronto decía ¡un momentito, esto no sale bien si no pones aquí un billete verde! Así que todos tiraban de cartera, les decía cuatro cosas y hasta otra. Así todas las noches. Se llevaba todos los días dos o tres mil pesetas, más lo que lo le pagaba. Nadie se negaba a subir al tablao ni a ponerle un billetito verde. Era lista Pastora Imperio.

¿Cómo encontraban a los artistas? ¿Les buscaban ustedes o venían ellos?
Al principio los buscaba porque yo no tenía contactos ni conocía a nadie. Bajaba a Andalucía a buscarlos o me enteraba por la prensa de quiénes había, o eran los propios artistas los que me hablaban de otros. No tenía cantera. Ahora tengo un libro con doscientos nombres y doscientas direcciones. Pero antes no. De Sevilla me traje a Farruco, a la Paquera de Jerez, a Chocolate, a Fosforito de Córdoba, a Antonio El Sevillano, a Aznalcóllar, a Porrinas de Badajoz, etc., etc.

¿Te acuerdas cuando te daba mil pesetas por cantar ahí, y ahora te dan ocho millones?

Supongo que se formaría aquí una especie de escuela, porque también unos aprendían las cosas de los otros.
Exactamente. Y también los artistas me decían, mire, don Manuel, que yo tengo un niño que baila, o yo tengo un sobrino que canta. Así íbamos también sacando gente, de modo que el Corral de la Morería ha sido también un trampolín para muchos. Por aquí empezaron Mario Maya, Antonio Gades, Los del Río, La Pantoja,.. Hace unos días estuvo La Pantoja aquí conmigo y le decía ¿te acuerdas cuando te daba mil pesetas por cantar ahí, y ahora te dan ocho millones? ¡No me voy a acordar! ¡Y con una nostalgia y un cariño enorme! Me decía ella. Yo tenía también aquí a su padre Chiquetete y a su primo Chiquetete, que entonces tenía un grupo que se llamaban Los Gaditanos. Y fue su padre quien me dijo una noche, don Manuel, voy a traer a mi niña de Sevilla, que tiene dieciséis años, para que usted la vea y la escuche a ver qué le parece. Me la trajo una noche, nos sentamos aquí en esta misma mesa donde estamos ahora y me estuvo cantando dos o tres cositas. Al día siguiente la subí arriba. Era muy guapa, muy jovencita y cantaba las cosas de Concha Piquer, de Rocío Jurado…

¿Qué noches recuerda con un arte especial?
Muchas. El flamenco es muy espontáneo. Un artista puede cantar hoy fenomenal y al día siguiente –si es buen profesional- cantar bien, pero no fenomenal. Esa noche puede tener los biorritmos a tope o está a gusto… O todo lo contrario, porque hay artistas que me han dicho, don Manuel, hoy estoy mal, voy a tomarme una aspirina porque no voy a poder. Y, en cambio, ese día ha armado el taco. Es que ahí arriba el artista se va a otra dimensión, se olvida de todo lo que tiene. Cuando bajan les vuelve a doler todo, pero arriba les ha pasado de todo. Eso le pasa al artista que es artista.

¿Pero alguna noche se le ha puesto realmente la carne de gallina?
Por supuesto. Yo muchas noches tengo que levantarme y dar un ¡olé! Y eso es muy difícil para mí, porque en el fondo soy tímido. Pero algunos artistas me han hecho levantarme.

¿Por ejemplo?
Mira, anoche mismo me levanté y le pegué dos olés a la Manuela, la hermana del Juli, que es bailaora. Todo vino porque otra chica, Raquel, me dice ¡dígale usted a la Manuela que cante! Se lo dije y ella ¡Yo no, yo no canto! Pero todo el mundo empezó ya a pedir que Manuela cantara. Se levantó ¡y cantó una cosita! Así que yo también me tuve que levantar y darle un olé. No tiene mucha voz ¡pero tiene un gusto y un compás! Porque además, aquí no hay micrófonos ni nada. Esto es directo de verdad. Mira, yo he escuchado a todos durante muchas horas. Muchísimos de los cantaores y cantaoras de hoy no podrían cantar aquí porque no hay sonido. Yo he visto cantar a Conche Piquer, a Raquel Meyer y a muchas otras cantar sin micrófono en los teatros. Claro, yo veo ahora a la gente con la alcachofa aquí y quito la tele.

“Los artistas no son trabajadores: son artistas”

Hoy el flamenco se aprende mucho en casa con discos y vídeos, pero supongo que el tablao habrá enseñado mucho, entre otras cosas a saber cantar para baile, a saber estar encima de un escenario, a actuar viendo las caras del público, palpando sus reacciones…
Hombre, ahora tienen más facilidades para aprender. Hay mucha escuela de baile, pero hay muy pocas escuelas de cante. Claro, los discos facilitan mucho. Algunos amigos míos cantaores que vienen por aquí, como Gabriel Moreno o Fosforito, tienen colecciones enormes de discos de pizarra. De ahí han ido sacando los cantes. Hay otros cantaores, sin embargo, que cantan bien pero no pasan de un nivel porque no estudian, no aprenden, no escuchan.. Y, efectivamente, cuando no había tantos discos, el tablao ha sido una forma de que los artistas se conocieran unos a otros, se vieran bailar, se escucharan cantar y tocar… El tablao ha sido una escuela.

Los artistas que han pasado y que siguen pasando por el Corral de la Morería destacan el cariño con el que se les trata aquí.
Esa es una parte muy importante porque se refleja arriba. Si tienen un empresario que les trata con una vara, no es bueno. Los artistas no son trabajadores: son artistas. La mayoría de los artistas son distintos, tienen una sensibilidad diferente, tienes que coger una muleta con la izquierda y otra con la derecha para tenerlos contentos y que se refleje ahí, que canten, toquen y bailen y lo pasan bien… ¡El otro día se formó un taco! … El cuadro hizo un popurrí y la gente se puso en pie. Pero, además, algunos de ellos me habían traído a otros artistas, dos bailaores y dos bailaoras, concretamente. Les invité a una cerveza y les dije ¡ahora vais arriba! (ríe) Y arriba se juntaron catorce personas bailando por bulerías… Una fiesta impresionante. Eso no se hace en otros tablaos. Eso se consigue teniendo amistades, tratando bien a los artistas, invitar a otros artistas a que suban, procurar que los de aquí estén contentos trabajando. Ahí arriba han subido muchos famosos.

“Muchas noches tengo que levantarme y dar un ¡olé!”


Mario Maya fotografía a D. Manuel del Rey

¿Por ejemplo?
Por ejemplo grandes bailarines del mundo, no sólo bailaores: Maya Plisetskaya, Rudolf Nureyev, Mikhail Baryshnikov, Arancha Argüelles, Trinidad Sevillano… Todos han pasado por aquí y a casi todos les he hecho subir ahí y dar una vuelta. Alguno me ha costado más trabajo, por ejemplo, a Nureyev, pero a los dos o tres días de venir hice amistad con él y se subió. Hizo un remolino y se marchó. Pero subió.

También el Corral lleva a gala la cantidad de personajes ilustres que han venido a conocer el flamenco
Por aquí han pasado todos los artistas de Hollywood: Ava Gadner, Sofía Loren, Gary Cooper… Y, por supuesto, todo el mundo del flamenco, aunque no hayan trabajado aquí sí que han venido al corral como clientes: desde los artistas a loa managers y productores. Ahora mismo están pasando por aquí todos los artistas porque se corre el rumor de que en el Corral es donde se ve flamenco y donde se ve espectáculo de verdad.

“El tablao ha sido una escuela”

¿Qué le pide a un artista para que trabaje en el Corral de la Morería?
No le pido nada. No le digo ni que haya que ser formal, ni que haya que cantar bien, ni que tenga que ser respetuoso… No les digo nada: eso lo dan ellos, sus formas de ser y la relación que se tenga entre ambas partes. El flamenco es una cosa espontánea, dentro de una medida, pero es espontánea. El flamenco no se parece a nada. Como mucho, al jazz, en el sentido de que tú pones a cuatro músicos que no se conozcan de nada y a los tres minutos están sincronizados: tocando lo que les apetece, pero sincronizados. Y lo mismo pasa con el flamenco. Tú traes a una bailaora, a un guitarrista y a un cantaor que no se conozcan y les dices que salgan por soleá y se sincronizan en el momento perfectamente. No tienen una partitura, no tienen un papel, no tienen una cuadratura como una sinfónica o un ballet donde todo está dirigido de forma matemática. No. Esto es libre, espontáneo. Es anárquico pero, ojo, con un compás y una medida. Por eso un buen cantaor, un buen guitarrista y un buen bailaor o bailaora pueden hacer lo que quieran. Aquí vienen directores de orquesta y se vuelven locos porque hay compases que en ellos no entran.

¿Qué diferencia hay entre ver el flamenco en un teatro y verlo en un tablao?
En un teatro el público tiene que estar callado y, de una forma u otra, por educación, tiene que aplaudir. Aquí están cenando o tomando una copa. Si el artista no te engancha, la gente sigue hablando y no la puedes callar. Pero aquí se produce por las noches un silencio que parece la catedral de La Almudena. Ese es un mérito del artista y también del tablao. Mi hijo ahora ha conseguido traer a grandes artistas que no conocían el tablao y que estos locales eran para ellos un poco tabú porque estaban acostumbrados a grandes teatros. Por ejemplo, ha traído a una artista que llevaba veinte años siendo la primera figura del ballet nacional de España, Lola Greco, que nunca había trabajado aquí. También a José Greco… Es difícil porque están acostumbrados a actuar en grandes teatros y a ganar más dinero que en un tablao, porque aquí no se puede pagar a un artista tanto, ya que no tenemos aforo suficiente. Aquí podemos tener a ciento treinta o ciento cuarenta personas como mucho. El esfuerzo de que este tipo de artistas venga es muy grande. Pero cuando un artista logra que se haga el silencio en un ambiente como este todo resulta maravilloso.

Hemos hablado de los personajes y los artistas que han pasado por el tablao, pero antes de finalizar esta entrevista no podemos dejar de mencionar a alguien que forma parte del Corral y es toda una institución artística en el mundo del flamenco.
Bueno, yo no podría hablar, pero tenemos la suerte de tener a la mejor bailaora del mundo, que no se la puede ver más que en un gran teatro del mundo o aquí, que se llama Blanca del Rey.

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