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50 ANIVERSARIO DEL CORRAL DE LA MORERÍA
ENTREVISTA-HOMENAJE
A
D. MANUEL DEL REY, fundador del Corral de la Morería

por Manuel Moraga
Fotos: Corral de la Moreria
El Corral de la Morería cumple ahora cincuenta
años, un aniversario que su fundador, don Manuel
del Rey no ha podido celebrar. A primeros de 2006 fallecía
el precursor del tablao, un espacio fundamental en la historia
del flamenco, y no sólo por posibilitar el acceso
de miles y miles de personas a este arte, sino por haber
servido también de auténtica escuela para
una expresión basada en la transmisión oral
y visual. Don Manuel del Rey fundó y dirigió
durante casi cincuenta años el Corral de la Morería,
el tablao más antiguo de España y, por tanto,
del mundo. Coincidiendo con esta efeméride, reproducimos
una entrevista realizada con don Manuel del Rey en verano
de 2003. Rescatar en estos días sus palabras, su
espíritu, su humildad, su elegancia, su amabilidad
y su calidad humana es el mejor tributo que le podemos rendir
a un pionero del flamenco y, sobre todo, a una gran persona.
“Tenemos la suerte de
tener a la mejor bailaora del mundo que se llama Blanca
del Rey”
Don Manuel con Marlene Dietrich
La cita era a las seis de la tarde. Un calor sofocante,
hiriente, caía sobre Madrid. Entrar fue un alivio.
El espacio no parecía el mismo. Las sillas -volcadas
patas arriba- estaban encima de las mesas. Olía a
limpio y a fresco. Olía a verano de casa antigua.
Con sus amplias gafas oscuras, con su pantalón blanco,
con su camisa perfecta y, sobre todo, con su sonrisa, me
recibió don Manuel. ¿Qué quieres tomar?
Agua, por favor. Su hijo, Juan Manuel, dispone una mesa
para los tres. Maderas nobles, cerámicas, ese escenario,
ese cuadro reflejado en tantas fotografías y testigo
de tantos momentos…
Supongo que será difícil
acordarse de todo lo que se ha vivido entre estas paredes.
Sí, es difícil, pero según me encuentro
con gente voy recordando. Me dicen ¿te acuerdas de
fulano, o de cuando venía éste, o de aquello?
Es entonces cuando voy recordando, porque de golpe es muy
difícil tener presente todo lo que se ha vivido aquí.
Mi hijo me está animando a que escriba todo eso.
De hecho, han venido varios editores importantes a proponérmelo
y a todos les he dicho: sí, sí. Ya te llamaré.
Con Cybil Sheppard
Pero sí se acordará
de cómo fundó este templo del flamenco, allá
por 1956.
Verás, mi padre tenía un negocio en Madrid
que se llamaba Riscal. Riscal fue muy famoso en todo Madrid.
Estaba casi esquina a la Castellana. Era un restaurante
que tenía una especialidad. Un tío mío,
que llevaba la dirección del restaurante, inventó
una fórmula para hacer paellas que no se pasaban:
que pudiéramos hacer ahora una paella, por ejemplo,
y comértela mañana. El truco era que el arroz
no se pasara. Así, al inventar esa fórmula,
empezamos a exportar paellas al mundo. Nos pedían
paellas Cantinflas, Agustín Lara, María Félix,
mucha gente. Las enviábamos en una caja con una bandera
española. La poníamos en Iberia y llegaba
al día siguiente. Después, sólo tenía
que ponerse al fuego cinco minutos y listo. Fue un éxito
enorme en todo el mundo, porque el arroz no se pasaba. Yo
le ayudaba a mi tío, aunque también estaba
en la barra o haciendo relaciones públicas…
Estaba en todos lados, la verdad. Pero me cansé de
ese restaurante y le dije a mi padre: quiero un local para
montar algo mío, algo típico español.
Un día se presentó y me dijo: vente, he encontrado
un local a ver qué te parece. Me trajo a Las Vistillas
y me enseñó este sitio. Me pareció
muy bien. Era un corral: había anillas, pesebres….
Un corral. En tiempos, esta casa perteneció a los
duques de Alba. Total, que como mi hermano es anticuario,
me ayudó. Me hizo una decoración española
clásica: con ménsulas, zapatas, etc. No es
típicamente andaluza, sino española. Entonces
puse el restaurante. A otro tío mío –
mi tío Juan, también anticuario- , le gustaba
mucho el flamenco y además había sido subdirector
del Teatro Español, por lo que tenía relación
con artistas -había llevado allí a Vicente
Escudero, por ejemplo- y fue él quien me dijo ¿por
qué no pones un poco de flamenco? Yo contesté,
mira, en un restaurante, con la gente comiéndose
un filete con patatas, a lo mejor no pega poner flamenco.
Pero lo pensé mejor, me decidí a probar…
y hasta ahora.
¿Cómo fueron aquellos
primeros pasos?
En el año 1956 abrí con Pastora Imperio, Enrique
el cojo, La Chunga… Después María Albaicín,
Chocolate, Fosforito… Después Isabel Pantoja,
Lucero Tena, Antonio Gades, El Güito, Mario Maya…
Infinidad. Realmente han pasado todos. Aquí he tenido
hasta a Carmen Amaya bailando. Y también Paco de
Lucía. Todos, la verdad.
“A los tres meses estaba
sin un duro. Arruinado. Aquí no venía nadie”
¿Pero cuál fue
la respuesta del público en esos comienzos?
Muy mala. A los tres meses estaba sin un duro. Arruinado
(ríe). Aquí no venía nadie. No había
forma. Traje una bailaora muy antigua, que no recuerdo ahora
cómo se llamaba… Pero la respuesta al público
me la dio Pastora Imperio. Este tío mío la
conocía y un día me la presentó. Te
explico: Gitanillo de Triana, el torero, tenía un
bar en la calle Jardines que se llamaba “La Pañoleta”.
Ahí estaba Pastora Imperio casi todos los días.
Estaba retirada, por supuesto. Pero yo le dije ¿quiere
usted trabajar? No, no, hijo –me dijo-, yo ya no bailo
ni canto. ¡Pero si sólo va a bailar usted cuatro
minutos ante un público que la conoce, y yo le voy
a hacer mucha publicidad! Le insistí yo, aunque la
verdad es que a ella no le hacía falta la publicidad
porque la conocía todo el mundo; toda la gente importante
y toda aristocracia de la época la conocía:
Los Fierro, los Gandaria, los Urquijo, los Duques de Alba…
Bueno pues al final conseguí traerla Le puse dos
planas en ABC. Iba a estar ocho días y estuvo un
año. Así fue como el Corral comenzó
a llenarse de gente. Ahí arranco realmente el negocio.
La gente entonces no madrugaba tanto y yo me quedaba aquí
hasta las tres o las cuatro de la mañana todas las
noches.
“Me vas a dar mil
pesetas diarias, una cena a la carta y yo voy a bailar tres
minutos”

con Natalie Portman
¿Y qué hacía
Pastora Imperio?
Era muy lista. Me dijo: me vas a dar mil pesetas diarias,
una cena a la carta y yo voy a bailar tres minutos. Lo que
usted quiera, Pastora, le respondí yo. Y así
fue. Ella bailaba y cantaba. Pero como era muy lista, subía,
daba las buenas noches a todo el mundo, miraba a ver a quién
conocía y se quedaba con la copla. Después
de la actuación llamaba a quien había conocido
¡buenas noches fulanito, acércate al tablao!
Les llamaba a todos de tú, ya podía ser el
Rey. Les hacía levantarse, subir al escenario y les
decía ¡ven, ponme la mano que te voy a echar
la buenaventura! Este señor subía, ponía
la mano, Pastora le decía tres o cuatro cosas y de
pronto decía ¡un momentito, esto no sale bien
si no pones aquí un billete verde! Así que
todos tiraban de cartera, les decía cuatro cosas
y hasta otra. Así todas las noches. Se llevaba todos
los días dos o tres mil pesetas, más lo que
lo le pagaba. Nadie se negaba a subir al tablao ni a ponerle
un billetito verde. Era lista Pastora Imperio.
¿Cómo encontraban
a los artistas? ¿Les buscaban ustedes o venían
ellos?
Al principio los buscaba porque yo no tenía contactos
ni conocía a nadie. Bajaba a Andalucía a buscarlos
o me enteraba por la prensa de quiénes había,
o eran los propios artistas los que me hablaban de otros.
No tenía cantera. Ahora tengo un libro con doscientos
nombres y doscientas direcciones. Pero antes no. De Sevilla
me traje a Farruco, a la Paquera de Jerez, a Chocolate,
a Fosforito de Córdoba, a Antonio El Sevillano, a
Aznalcóllar, a Porrinas de Badajoz, etc., etc.
¿Te acuerdas cuando te
daba mil pesetas por cantar ahí, y ahora te dan ocho
millones?
Supongo que se formaría
aquí una especie de escuela, porque también
unos aprendían las cosas de los otros.
Exactamente. Y también los artistas me decían,
mire, don Manuel, que yo tengo un niño que baila,
o yo tengo un sobrino que canta. Así íbamos
también sacando gente, de modo que el Corral de la
Morería ha sido también un trampolín
para muchos. Por aquí empezaron Mario Maya, Antonio
Gades, Los del Río, La Pantoja,.. Hace unos días
estuvo La Pantoja aquí conmigo y le decía
¿te acuerdas cuando te daba mil pesetas por cantar
ahí, y ahora te dan ocho millones? ¡No me voy
a acordar! ¡Y con una nostalgia y un cariño
enorme! Me decía ella. Yo tenía también
aquí a su padre Chiquetete y a su primo Chiquetete,
que entonces tenía un grupo que se llamaban Los Gaditanos.
Y fue su padre quien me dijo una noche, don Manuel, voy
a traer a mi niña de Sevilla, que tiene dieciséis
años, para que usted la vea y la escuche a ver qué
le parece. Me la trajo una noche, nos sentamos aquí
en esta misma mesa donde estamos ahora y me estuvo cantando
dos o tres cositas. Al día siguiente la subí
arriba. Era muy guapa, muy jovencita y cantaba las cosas
de Concha Piquer, de Rocío Jurado…
¿Qué noches recuerda
con un arte especial?
Muchas. El flamenco es muy espontáneo. Un artista
puede cantar hoy fenomenal y al día siguiente –si
es buen profesional- cantar bien, pero no fenomenal. Esa
noche puede tener los biorritmos a tope o está a
gusto… O todo lo contrario, porque hay artistas que
me han dicho, don Manuel, hoy estoy mal, voy a tomarme una
aspirina porque no voy a poder. Y, en cambio, ese día
ha armado el taco. Es que ahí arriba el artista se
va a otra dimensión, se olvida de todo lo que tiene.
Cuando bajan les vuelve a doler todo, pero arriba les ha
pasado de todo. Eso le pasa al artista que es artista.
¿Pero alguna noche se le
ha puesto realmente la carne de gallina?
Por supuesto. Yo muchas noches tengo que levantarme y dar
un ¡olé! Y eso es muy difícil para mí,
porque en el fondo soy tímido. Pero algunos artistas
me han hecho levantarme.
¿Por ejemplo?
Mira, anoche mismo me levanté y le pegué dos
olés a la Manuela, la hermana del Juli, que es bailaora.
Todo vino porque otra chica, Raquel, me dice ¡dígale
usted a la Manuela que cante! Se lo dije y ella ¡Yo
no, yo no canto! Pero todo el mundo empezó ya a pedir
que Manuela cantara. Se levantó ¡y cantó
una cosita! Así que yo también me tuve que
levantar y darle un olé. No tiene mucha voz ¡pero
tiene un gusto y un compás! Porque además,
aquí no hay micrófonos ni nada. Esto es directo
de verdad. Mira, yo he escuchado a todos durante muchas
horas. Muchísimos de los cantaores y cantaoras de
hoy no podrían cantar aquí porque no hay sonido.
Yo he visto cantar a Conche Piquer, a Raquel Meyer y a muchas
otras cantar sin micrófono en los teatros. Claro,
yo veo ahora a la gente con la alcachofa aquí y quito
la tele.
“Los artistas no son
trabajadores: son artistas”
Hoy el flamenco se aprende mucho
en casa con discos y vídeos, pero supongo que el
tablao habrá enseñado mucho, entre otras cosas
a saber cantar para baile, a saber estar encima de un escenario,
a actuar viendo las caras del público, palpando sus
reacciones…
Hombre, ahora tienen más facilidades para aprender.
Hay mucha escuela de baile, pero hay muy pocas escuelas
de cante. Claro, los discos facilitan mucho. Algunos amigos
míos cantaores que vienen por aquí, como Gabriel
Moreno o Fosforito, tienen colecciones enormes de discos
de pizarra. De ahí han ido sacando los cantes. Hay
otros cantaores, sin embargo, que cantan bien pero no pasan
de un nivel porque no estudian, no aprenden, no escuchan..
Y, efectivamente, cuando no había tantos discos,
el tablao ha sido una forma de que los artistas se conocieran
unos a otros, se vieran bailar, se escucharan cantar y tocar…
El tablao ha sido una escuela.
Los artistas que han pasado y
que siguen pasando por el Corral de la Morería destacan
el cariño con el que se les trata aquí.
Esa es una parte muy importante porque se refleja arriba.
Si tienen un empresario que les trata con una vara, no es
bueno. Los artistas no son trabajadores: son artistas. La
mayoría de los artistas son distintos, tienen una
sensibilidad diferente, tienes que coger una muleta con
la izquierda y otra con la derecha para tenerlos contentos
y que se refleje ahí, que canten, toquen y bailen
y lo pasan bien… ¡El otro día se formó
un taco! … El cuadro hizo un popurrí y la gente
se puso en pie. Pero, además, algunos de ellos me
habían traído a otros artistas, dos bailaores
y dos bailaoras, concretamente. Les invité a una
cerveza y les dije ¡ahora vais arriba! (ríe)
Y arriba se juntaron catorce personas bailando por bulerías…
Una fiesta impresionante. Eso no se hace en otros tablaos.
Eso se consigue teniendo amistades, tratando bien a los
artistas, invitar a otros artistas a que suban, procurar
que los de aquí estén contentos trabajando.
Ahí arriba han subido muchos famosos.
“Muchas noches tengo
que levantarme y dar un ¡olé!”

Mario Maya fotografía a D. Manuel
del Rey
¿Por ejemplo?
Por ejemplo grandes bailarines del mundo, no sólo
bailaores: Maya Plisetskaya, Rudolf Nureyev, Mikhail Baryshnikov,
Arancha Argüelles, Trinidad Sevillano… Todos
han pasado por aquí y a casi todos les he hecho subir
ahí y dar una vuelta. Alguno me ha costado más
trabajo, por ejemplo, a Nureyev, pero a los dos o tres días
de venir hice amistad con él y se subió. Hizo
un remolino y se marchó. Pero subió.
También el Corral lleva
a gala la cantidad de personajes ilustres que han venido
a conocer el flamenco
Por aquí han pasado todos los artistas de Hollywood:
Ava Gadner, Sofía Loren, Gary Cooper… Y, por
supuesto, todo el mundo del flamenco, aunque no hayan trabajado
aquí sí que han venido al corral como clientes:
desde los artistas a loa managers y productores. Ahora mismo
están pasando por aquí todos los artistas
porque se corre el rumor de que en el Corral es donde se
ve flamenco y donde se ve espectáculo de verdad.
“El tablao ha sido una
escuela”
¿Qué le pide a
un artista para que trabaje en el Corral de la Morería?
No le pido nada. No le digo ni que haya que ser formal,
ni que haya que cantar bien, ni que tenga que ser respetuoso…
No les digo nada: eso lo dan ellos, sus formas de ser y
la relación que se tenga entre ambas partes. El flamenco
es una cosa espontánea, dentro de una medida, pero
es espontánea. El flamenco no se parece a nada. Como
mucho, al jazz, en el sentido de que tú pones a cuatro
músicos que no se conozcan de nada y a los tres minutos
están sincronizados: tocando lo que les apetece,
pero sincronizados. Y lo mismo pasa con el flamenco. Tú
traes a una bailaora, a un guitarrista y a un cantaor que
no se conozcan y les dices que salgan por soleá y
se sincronizan en el momento perfectamente. No tienen una
partitura, no tienen un papel, no tienen una cuadratura
como una sinfónica o un ballet donde todo está
dirigido de forma matemática. No. Esto es libre,
espontáneo. Es anárquico pero, ojo, con un
compás y una medida. Por eso un buen cantaor, un
buen guitarrista y un buen bailaor o bailaora pueden hacer
lo que quieran. Aquí vienen directores de orquesta
y se vuelven locos porque hay compases que en ellos no entran.
¿Qué diferencia
hay entre ver el flamenco en un teatro y verlo en un tablao?
En un teatro el público tiene que estar callado y,
de una forma u otra, por educación, tiene que aplaudir.
Aquí están cenando o tomando una copa. Si
el artista no te engancha, la gente sigue hablando y no
la puedes callar. Pero aquí se produce por las noches
un silencio que parece la catedral de La Almudena. Ese es
un mérito del artista y también del tablao.
Mi hijo ahora ha conseguido traer a grandes artistas que
no conocían el tablao y que estos locales eran para
ellos un poco tabú porque estaban acostumbrados a
grandes teatros. Por ejemplo, ha traído a una artista
que llevaba veinte años siendo la primera figura
del ballet nacional de España, Lola Greco, que nunca
había trabajado aquí. También a José
Greco… Es difícil porque están acostumbrados
a actuar en grandes teatros y a ganar más dinero
que en un tablao, porque aquí no se puede pagar a
un artista tanto, ya que no tenemos aforo suficiente. Aquí
podemos tener a ciento treinta o ciento cuarenta personas
como mucho. El esfuerzo de que este tipo de artistas venga
es muy grande. Pero cuando un artista logra que se haga
el silencio en un ambiente como este todo resulta maravilloso.
Hemos hablado de los personajes
y los artistas que han pasado por el tablao, pero antes
de finalizar esta entrevista no podemos dejar de mencionar
a alguien que forma parte del Corral y es toda una institución
artística en el mundo del flamenco.
Bueno, yo no podría hablar, pero tenemos la suerte
de tener a la mejor bailaora del mundo, que no se la puede
ver más que en un gran teatro del mundo o aquí,
que se llama Blanca del Rey.
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