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Juan Carlos Romero
“Suena a Romero”
Domingo, 8 de octubre, 2006. 2100h.
Teatro Central
Especial XIV Bienal de Flamenco de
Sevilla. Reseñas, programación, fotografías...
Texto: Estela Zatania
Guitarra: Juan
Carlos Romero. Guitarra 2: Paco Cruzado. Baile: Rafael
de Carmen. Cante: Rafael de Utrera. Percusión: Antonio
Coronel. Palmas: Bobote.
El tercer concertista de guitarra de esta Bienal
de Flamenco anoche ofreció su recital en el Teatro
Central. Juan Carlos Romero, onubense, pertenece a la primera
generación influenciada por Paco de Lucía,
aunque su formación tuvo lugar con Manolo Sanlúcar.
Entonces incorpora la perspectiva y conceptos de los dos
maestros de la nueva era de la guitarra flamenca.
Con la dramática evolución de las armonías
de las últimas décadas, el mercado globalizado,
las influencias recibidas de otras músicas y hasta
una nueva manera de trabajar el compás, nos encontramos
a menudo con la curiosa situación de que al aficionado
que no está familiarizado con la obra de un determinado
guitarrista, le cuesta identificar el palo, y a los no aficionados
les da igual, porque escuchan el flamenco como música
bonita sin buscar una estructura. No es que otros toquen
sin compás, sino que las composiciones de Juan Carlos
Romero muestran un deseo de crear dentro de los parámetros
establecidos, y más importante, dejarnos participar
del compás en lugar de tener que pescarlo. Por este
motivo Romero suena, no sólo “a Romero”
como dice el título del espectáculo, sino
“a flamenco”. Un flamenco refrescado a la vez
que clásico, sin instrumentos adicionales excepto
por la discreta percusión de Antonio Coronel y la
atracción añadida de dos Rafaeles, el de Utrera
en el cante, y el de Carmen en el baile.
Breves secuencias de notas que
sorprenden por su sencillez y belleza

Romero se presenta “a lo Hitchcock”, disimuladamente
cruzando el fondo del escenario de izquierda a derecha,
para luego aparecer desde el lateral derecho. Se entiende
como una manera sutil de manifestar su deseo de hacer algo
diferente pero digno. Después de la farruca, que
ostenta la novedad de sonar a farruca, Romero explica que
la taranta que tocará a continuación se llama
“Río tinto”, la zona minera de su Huelva
natal. La “soleá-bulería” (otra
etiqueta más para esta forma comodín que admite
una diversidad de cantes, tradicionales y originales) se
toca en Fa dando un aire levantino sin perder el color natural
del palo, hay que ser músico y tener conocimientos.
El fraseo de Romero es original, y sus melodías contienen
breves secuencias de notas que sorprenden por su sencillez
y belleza.
El tema “Fantasía” es una composición
en medidas de tres, en los años setenta se decía
“vals flamenco”, y Rafael de Carmen baila al
fondo. Se marchan los demás músicos dejando
a Romero con Rafael de Utrera, y una bombilla de poca potencia
colgando desde arriba es la ambientación y única
iluminación para la taranta que interpreta el cantaor.
Se despeja el aire con alegrías en postura de Mi.
Romero tiene el detalle de establecer la personalidad de
cada toque con frases y acordes conocidos antes de exponer
su creatividad en tangentes musicales – es una fórmula
que da resultado y se agradece. Baila Rafael de Carmen,
tan espectacular como siempre, pero faltándole la
tranquilidad y sobriedad propias de su generación
de bailaores.
Romero suena, no sólo
“a Romero” como dice el título del espectáculo,
sino “a flamenco”
Romero habla con gran ternura acerca del Niño Miguel,
aquel alma perdida, guitarrista genial que fuera y que ahora
deambula por Huelva pidiendo monedas. Recuerda que fue el
padre de éste que le dio las primeras clases de guitarra,
y explica que va a tocar una pieza compuesta en su honor
y que llama La sombra, “porque el Niño Miguel
ya no es ni la sombra de lo que era”. Antes de que
comience, todos los demás se han descalzado, y sólo
después de estos tientos tangos explica Romero con
voz baja que el gesto ha sido para recordar a aquel guitarrista
que “va descalzo por la calle como Cristo...es la
crudeza de Miguel hoy”. Hubiera sido fácil
caer en la sensiblería con este interludio, pero
la sinceridad de Romero logra que el momento quede como
un auténtico homenaje a su amigo.
El recital es redondeado con tanguillo y bulería,
todo bien anclado en un compás transparente, y la
rumba Isla Canela de su último disco sirve de bis.
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