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8 de septiembre de 2008
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XIV BIENAL DE FLAMENCO DE SEVILLA



Andrés Marín “Vanguardia Jonda”
Sábado, 7 de octubre, 2006. 20.00.
Teatro Central

 

 

Especial XIV Bienal de Flamenco de Sevilla. Reseñas, programación, fotografías...

Texto: Estela Zatania

Baile: Andrés Marín. Colaboración especial al cante: Segundo Falcón, José Valencia. Guitarra: Salvador Gutiérrez. Piano: Pablo Suárez. Percusión: Antonio Coronel.
Dirección artística: Andrés Marín. Dirección musical: Andrés Marín, Salvador Gutiérrez. Guión y dramaturgia: Andrés Marín, Salud López. Coreografía: Andrés Marín. Audiovisuales: Iván Schreck.

En esta ocasión, ni una obra sobrecargada de pretensiones intelectuales, ni audiovisuales sin sentido, ni un libreto rebuscado hasta rozar lo cómico pudieron empañar la genial actuación del bailaor Andrés Marín anoche en el Teatro Central.

El curioso guión titulado “El alba del último día. Vanguardia jonda”, podía haberse llamado “Mad Max en Andalucía”. Con frases de la guionista en el programa de mano como “El bailaor (Itur) está destinado a exorcizar la enfermedad de la idealidad, viejo monstruo de la impotencia heredera del romanticismo del absoluto”, da idea de que el largo berrinche de la actual generación en contra del flamenco clásico no da tregua.

La antítesis del baile como atracción de circo, y las fatiguitas son interiores

Hay una estética austera que recuerda la película Metrópolis de 1927, y si cometemos la imprudencia de seguir leyendo el programa, descubrimos que la obra va de tres cafés cantantes históricos: el Kursaal, Café de Chinitas y el Café Suizo. También se alude por escrito a Lorca o Falla, y la coincidencia en 1936 del cierre del último café cantante con el comienzo de la guerra civil española. Muy interesante, pero el poder desnudo de la música, la voz humana y el baile de Marín hacen que las palabras queden pequeñas y todo argumento filosófico se desvanezca. Si una imagen vale por mil palabras, la hora y tres cuartos que Marín expone su perspectiva, es la más elocuente declaración de la intemporalidad del flamenco y su permanente relevancia.

Diez minutos antes del comienzo, suena música de los años treinta por si alguien no hubiera leído el programa, pero el mismo baile de Marín parece ser la mayor inspiración y razón de ser de la obra. Su línea limpia, la barba de 36 horas, la mirada plácida, el pelo corto, el pantalón de pitillo, los movimientos escuetos y el cuello forzado hacia delante es un conjunto visual intrínsecamente futurista que proclama la necesidad de ser “actual”, incluso sabiendo que, por definición, lo más nuevo deja de serlo en el momento que se manifieste.

La atractiva capacidad de no parecer “bailaor”, sino “hombre normal que baila”.

Otros bailaores, queriendo ser modernos, pretenden reducir o incluso eliminar el engorroso elemento del cante, pero Marín conoce su importancia, y sus espectáculos siempre incluyen buenas voces y una abundancia de cante. José Valencia y Segundo Falcón manejan asombrosamente bien la difícil tarea de interpretar cantes clásicos – trilla y martinete, soleá de Triana, siguiriya, fandango abandolao, caña, malagueña, cartagenera, soleá por bulería, tangos de Triana – adaptándose al vanguardismo que pide la obra, y ofreciendo un camino digno hacia el futuro del flamenco que es ahora.

Muchos comparan a Marín con Israel Galván, pero sólo se parecen en el sentido más general: ninguno de los dos se conforma con lo establecido, y ambos exploran con inteligencia y respeto las fronteras del baile flamenco. Andrés posee la atractiva capacidad de no parecer “bailaor”, sino “hombre normal que baila”. Su estilo es sobrio y serio, pero no falta un sutil sentido del humor. No es un baile que hace gala de la fuerza física ni de los alardes técnicos en el sentido convencional. La fuerza es cerebral, mucho más potente y menos limitada que la física, y el resultado, más digno de ser observado – es la antítesis del baile como atracción de circo, y las fatiguitas son interiores.

En el apartado técnico, resultó molesta la sobreamplificación de la superficie del escenario que hizo que el más mínimo roce de un zapato sonara “importante”. Admirable el trato del cante minero, libre de compás, que baila Marín con credibilidad y sin los gestos histriónicos que suele producir la ausencia de compás. Un simpático mano a mano por malagueña entre Falcón y Valencia donde alternan tercios y sobreponen voces, es genial. El percusionista Antonio Coronel es un auténtico artista y creador, haciendo milagros con botellas y agua, tocando un discreto pandero para la siguiriya o una batería pachanguera en los tangos de Triana.

Al final, ni rastro de los cafés cantantes, y a la mitad has abandonado la búsqueda de referencias citadas en el programa. Sólo queda la fuerte impresión del intemporal baile de Andrés Marín y una “Vanguardia Jonda” que es precisamente eso.

 

SON DE LA FRONTERA
"Cal" estreno mundial

7 de octubre, 2006. 23.30h.
Hotel Triana

En busca de la pura emoción

Son de la Frontera. Tres cubano y guitarra: Raúl Rodríguez. Guitarra: Paco de Amparo. Baile y compás: Pepe Torres. Cante y compás: Moi de Morón. Compás y baile: Manuel Flores. Lugar: Hotel Triana. Fecha: madrugada del sábado 7 al domingo 8 de octubre.

JUAN VERGILLOS

Son de la Frontera es un grupo flamenco firmemente asentado en la estética musical de Morón. De ahí el título de su nueva propuesta, presentada en la madrugada del sábado al domingo en el sevillano Hotel Triana, dentro de la XIV Bienal de Flamenco. La cal es uno de los elementos característicos del paisaje urbano del pueblo de la provincia de Sevilla desde el que el gran Diego del Gastor ejerció su magisterio e influencia en la guitarra de los años sesenta y setenta, con propuestas muy a contracorriente de la guitarra flamenca de la época. Diego huía de los juegos de manos de la armonía, para centrarse en la melodía a cuerda pelá del bordón y el ritmo, en la pura emoción. Los jóvenes intérpretes de Son de la Frontera han actualizado este repertorio de toques, disperso en grabaciones caseras en su mayor parte. Si en su primera entrega fueron bulerías, seguiriyas y soleares los estilos estrella, en esta nueva propuesta, Cal, aparecen también otros sones como alegrías o malagueñas. Los arreglos, muy sencillos, siguen por la misma línea de emotividad a flor de piel, y marcados por el timbre metálico, sensual, caribeño, del tres cubano en las manos de Raúl Rodríguez. Eso sí, la nueva propuesta es más seria, más enjuta, más solemne.

Todos los miembros del grupo brillaron a gran altura. Los instrumentistas poblando la noche de variaciones, con algunas intervenciones a dúo ciertamente íntimas. El cante poderoso de Moi de Morón, cante de campiña. Y la voz afilada y mate de El Galli. Pepe Torres tuvo una gran noche, con un baile por soleares solemne, dolorido y muy centrado. Es el baile de hombre más viril que se puede hoy ver en los escenarios. Y Manuel Flores, seguro compás de atrás, que se pegó su buena pataíta en el fin de fiesta, sin microfonía, ‘a capella’. Un nuevo paso adelante en la trayectoria de este joven grupo sevillano.

Más información:

 

 
 

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