| 
Esperanza Fernández
“Cuatro guitarras y una voz”
Diego el Cigala / Salif Keita “M’Bemba”
Sábado, 30 de septiembre, 2006. 2100h. Teatro Lope
de Vega, 2330h Auditorio de La Cartuja
Especial XIV Bienal de Flamenco de
Sevilla. Reseñas, programación, fotografías...
Texto: Estela Zatania
Esperanza
Fernández. Guitarra clásica: María
Esther Guzmán. Guitarra flamenca: Miguel
Ángel Cortés, Paco
Fernández. Percusión y palmas: Tete Peña.
Palmas: Miguel Vargas, José Manuel Ramos. Colaboración
especial: José Antonio Rodríguez
Con el mayor placer y expectación acudimos
al Teatro Lope de Vega para la presentación “Cuatro
guitarras y una voz”. En una Bienal dedicada al baile,
con la práctica ausencia de cante, por fin íbamos
a revolcarnos en una velada de cante con una voz flamenca
y el sonido de, no una guitarra, sino cuatro. Esperanza
Fernández procede de una auténtica familia
flamenca con raíces profundas por toda la ruta del
bajo Guadalquivir, y siempre hemos aceptado la inquietud
propia de su generación porque el flamenco está
en ella y lo entrega con compás, cariño y
conocimientos.

Se habían agotado los programas, pero la señorita
repartiría más, escasos momentos antes de quedar
en la oscuridad. Mejor. El flamenco no es para leer, sino
para escuchar y ver y sentir. Sale la guitarrista, y la imagen
de una mujer a la sonanta es tan sorprendente como agradable.
Una salve a la Virgen de la Macarena, y vemos que es una guitarrista
de música clásica. Esperanza, envuelta en uno
de sus magníficos mantones de Manila, de pie, con el
atril delante, se esfuerza para refrenar y disimular la flamencura
de su voz, que por naturaleza queda grande para estos menesteres.
Sigue una serie de canciones clásicas basadas en el
rico folclore andaluz, delicadas exquisiteces acompañadas
por las dulces notas apenas punteadas de la guitarra. Miras
el reloj. Sigue el recital de canción lírica,
se retira la cantaora y su compañera toca “Asturias”
de Albéniz, que se hace muy largo a pesar de la destreza
de la señora. Supones que cuando vuelva Esperanza será
para adoptar su legítima voz y repertorio, y requerir
la presencia de los duendes que están esperando pacientemente
entre bambalinas. Pero no. Más canciones populares.
Momentáneamente la del “paño moruno”
hace que suene en tu cabeza la soleá de “Al paño
fino en la tienda…”...y además, ¿dónde
están los tocaores y los palmeros? El ritmo de seguidilla,
y más canción popular. Y otra. Y el minutero
de tu reloj parece que ha empezado a girar en la dirección
opuesta.
La imagen de una mujer a la
sonanta es tan sorprendente como agradable
Cuando mi reloj pone que son las diez, y sin rastro de
‘ange’, llego a la conclusión de que
el mundo está demasiado lleno de flamenco, y la vida,
demasiado corta para seguir sentada en la butaca número
5 de la fila 7 del Teatro Lope de Vega, y abandono el recinto
para dirigirme al Auditorio de la Cartuja para el concierto
compartido de Diego el Cigala y Salif Keita. Más
tarde los compañeros cuentan que había una
segunda parte al recital de Esperanza que iba de cante,
pero una hora de mi vida se ha consumido de manera irrevocable.
En el Teatro Alameda están actuando el guitarrista
José Manuel León, y el bailaor jerezano Andrés
Peña, pero es materialmente imposible acudir debido
a los horarios.
Diego
el Cigala. Piano: Yumitus. Guitarra: Diego del Morao.
Contrabajo: Yelsy Heredia. Percusión: Sabu.
El Auditorio al aire libre de la Cartuja es como el Hollywood
Bowl en pequeño. Con una capacidad para unas cinco
mil personas, el extraordinario poder de convocatoria de
Diego Ramón Jiménez Salazar, “Dieguito
el Cigala”, logró un buen aforo, que se acercaba
a completo. Impresiona ver tantas personas reunidas para
escuchar al que fuera niño precoz en el Rastro de
Madrid, admirador de Camarón y gran triunfador, gracias,
principalmente, a su grabación de una colección
de boleros interpretados con su decir flamenco, “Lágrimas
Negras”, que gozó de un éxito popular
sin precedentes para un “simple” cantaor. Las
dimensiones de su popularidad ahora requieren estos lugares
gigantescos, y es destacable la diversidad de los rostros
del público.

Hace pocos años Cigala habló de su intención
de grabar una antología de cante flamenco. Ahora
esa meta parece tan distante como innecesaria. El cantaor
ha trascendido la incómoda barrera del flamenco y
pertenece al mundo. La noche de sábado, último
día de septiembre, se presentó con la jerezana
guitarra de Diego del Morao, además de pianista,
contrabajo y percusión, para interpretar temas de
sus dos últimas grabaciones.
El extraordinario poder de convocatoria
de Diego el Cigala
Para el aficionado de a pie destacaría el solo de
guitarra por bulerías de Diego del Morao y la selección
de cantes por soleá, no tanto por la calidad de los
mismos, sino por haber podido contemplar a tantas personas
ajenas al flamenco comportándose y aplaudiendo educadamente
este cante básico en versión Cigala. El excelente
sonido permite que el cantaor hable en voz baja con sus
fans, como en una reunión de amigos en el salón
de su casa, hay que ver lo que soportamos en tantos festivales…
Una taranta conduce a cante minero por bulerías
a piano y guitarra, y la versión en bolero de “Corazón
loco” recuerda, inevitablemente, a la versión
flamenca de Bambino de la misma. “Dos gardenias”
de Machín por bulerías y finalmente “La
bien pagá” es desarrollada y estribillada hasta
sus últimas consecuencias jazzísticas. Entonces
sólo queda la bulería tradicional antes de
la presentación de Salif Keita que con su conjunto
ofrece un tipo de música que no es de la competencia
de esta cronista que vuelve a casa lamentando la limitada
cosecha flamenca en esta décimo octava noche de la
Bienal de “Flamenco”.
Más información:
Especial XIV Bienal de Flamenco. Programación,
reseñas, fotografías
|