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Miguel Poveda “Tierra
de Calma”
Jueves, 28 de septiembre, 2006. 2100h. Teatro Lope de Vega
Especial XIV Bienal de Flamenco de
Sevilla. Reseñas, programación, fotografías...
Texto: Estela Zatania
Cante: Miguel
Poveda. Composición, dirección y guitarra:
Juan
Carlos Romero. Colaboraciones: Eva
Yerbabuena, Diego
Carrasco, David Peña “Dorantes”,
Paco Jarana, Pepa Gamboa. Percusión: Paquito González,
Antonio Coronel. Palmas: Carlos Grilo, Luis Peña
Cantarote, Juan Cantarote.
Hace sólo cinco años, cuando el
cantaor de Badalona que ya había triunfado en 1993
en La Unión, fue a dar un recital en un pueblo cantaor
de Sevilla. Al día siguiente cuando pregunté
por ahí a los amigos aficionados “¿qué
tal Poveda anoche?”, la respuesta fue: “¿qué
es ‘poveda’?” Al teatro no había
acudido casi nadie, y eso, que no había partido de
fútbol.
Eso fue en 2001 cuando Miguel Poveda ya era figura de peso
en Madrid, otros puntos norteños de España
y el resto de Europa, además de tener sus seguidores
en Japón. El joven cantaor iba adelantado de su tiempo
y Andalucía no estaba preparado para asimilar el
concepto de que un catalán con voz suave y dulce
pudiera tener nada que ofrecer en lo que es promocionado
como “la cuna del cante”. Pero los tiempos cambian
rápidamente en el flamenco, y ahora con la popularidad
de voces líricas como las de Estrella Morente, Arcángel
o Mayte Martín entre tantas otras, se puede dar por
definida una nueva estética en el cante. Las voces
gruesas o rotas ya no se llevan, siendo José Mercé
el último coletazo de aquel sonido llamado “afillá”.
La gente nueva busca un sonido limpio, la afinación
impecable, abundante melisma y melodías bonitas –
una descripción que se acerca bastante a la moda
de la “ópera flamenca” que dominaba en
España durante décadas en la primera mitad
del siglo veinte.

Miguel Poveda tiene todas las necesarias cualidades en
abundancia, además de un gusto exquisito, inteligencia,
compás, carisma, madurez dentro de su juventud y
una afición imparable. Anoche en el Teatro Lope de
Vega por fin llegó su momento, y de ahora en adelante
es imposible que ningún seguidor andaluz del cante
ignore “qué” es Poveda. Porque la presentación
de su nuevo disco, “Tierra de Calma”, se ha
sentido como una consagración definitiva: Miguel
Poveda, a sus 33 años, es una de las estrellas más
brillantes del actual panorama de cante flamenco.
Un gusto exquisito, inteligencia,
compás, carisma y una afición imparable
Una presentación pulida y profesional en todos los
aspectos, y las colaboraciones especiales, en particular
las de Eva Yerbabuena y Diego Carrasco, redondearon una
velada de auténtico lujo. Desde el audiovisual, la
nube de humo y la luz cenital que presagian la entrada del
catalán, hasta las luces de diferente color para
cada canción, el buen sonido que permitía
apreciar los sutiles matices de voz que tan bien maneja
y su inagotable simpatía, todo estaba perfectamente
cuidado.
Se agradece la espléndida música de Juan
Carlos Romero que dirige y compone, además de acompañar
a la guitarra. La sólida formación del cantaor
le permite interpretar una amplitud de estilos, siempre
dejando la impronta de su fresca personalidad. Alegrías
y cantiñas destacables, fandango de Lucena y de Frasquito
Yerbabuena, tonás, soltura en el compás por
diversas bulerías romanceadas, tientos y tangos absolutamente
clásicos al piano con Dorantes sabiendo secundar
como pocos con este dominante instrumento…

Diego Carrasco es como un coñac viejo, a sorbitos
pequeños se aprecia mejor, y Poveda supo emplearlo
a la perfección. La simbiosis entre estas dos personalidades
tan aparentemente dispares hizo las delicias del público,
y la intervención de Yerbabuena, que pudo haber robado
demasiada atención, también quedó equilibrada
con sus bulerías a la antigua, y sus sevillanas con
abaniquito.
La insólita imagen de Carrasco y Poveda cantándose
y bailándose mutuamente por bulería, y Eva
Yerbabuena soltándose como ella solita, nos condujo,
bien despachaítos, al final de lo que ha sido probablemente
el mejor espectáculo en lo que vamos de Bienal este
año. Sólo quedaban los numerosos agradecimientos
que expresó Poveda, y un valiente bis por siguiriya
y cabal. El arte bien servido en esta “tierra de calma”
donde habita Miguel Poveda.
Más información:
Especial XIV Bienal de Flamenco. Programación,
reseñas, fotografías
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