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8 de septiembre de 2008
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XIV BIENAL DE FLAMENCO DE SEVILLA



Fosforito / Milagros Mengíbar
Martes, 26 de septiembre, 2006. 2100h. Teatro Lope de Vega

 

 

Especial XIV Bienal de Flamenco de Sevilla. Reseñas, programación, fotografías...

Texto: Estela Zatania

Fosforito

Qué complicado tener que reseñar lo no reseñable. Un cantaor monumental, universal y totalmente imprescindible para este arte, se acomoda en su asiento en medio del escenario del Teatro Lope de Vega. Le acompañan dos de los mejores guitarristas del panorama actual, Manuel Silveria y Antonio Soto. Un hermoso teatro, un aforo completísimo y un público totalmente entregado.

El viejo maestro ansía expresar los vastos conocimientos de un arte que lleva dentro desde pequeño y que ha engrandecido de mil maneras, y cómo no, su corazón enterito. A estas alturas no vamos a descubrir la clase de cantaor que ha sido Fosforito, merecidísimo poseedor de la última Llave de Oro del Cante, y gran inspiración para toda una generación de cantaores.

Por soleá apolá, cantiñas, peteneras, tarantos y bulerías con breves destellos de la grandeza anterior. Suprimió los tientos y las malagueñas que venían anunciadas en el programa porque sintió lo que nadie ha podido ignorar, que la voz le iba fallando por segundos y no tenía caso insistir.

Sólo nos queda decir “gracias maestro”

Otros compañeros escribirán que no debería de cantar ya, y tendrán razón. Yo le doy las gracias a Antonio Díaz Fernández por dejarnos participar de esa batalla interna que libra todo cantaor, todo bailaor o guitarrista, de hecho, cualquier artista en cualquiera de las ramas del arte, sea musical, visual u otra, por expresar aquello que lleva dentro, y hacerlo hasta los límites de sus posibilidades personales. Fosforito alcanzó sus límites físicos hace muchos años en incontables actuaciones en los festivales de verano, donde siempre encabezaba los carteles, y nunca escatimó arte, nunca se reservó, en cientos de recitales y en las mejores compañías de baile, especialmente la de Manuela Vargas, donde, en colaboración con la bailaora y los magníficos guitarristas que llevaba, hizo auténticas obras de arte por palos hasta entonces poco desarrollados en el atrás.

Sólo nos queda decir “gracias maestro”.


Milagros Mengíbar
Baile: Milagros Mengíbar, Luisa Palicio. Cante: Manolo Sevilla, Emilio Cabello. Guitarra: Rafael Rodríguez, Pedro Sánchez.

Milagros Mengíbar tiene más explicaciones que dar que el pontanés en este recital nostálgico compartido. No nos importa su obvia madurez. Al contrario, es a las personas como ella que tenemos que mirar y admirar. Como los vinos nobles, el mejor flamenco, cuando envejece, puede encontrar su mejor momento, y el baile de algunas personas mucho mayores que ella, con cuatro pellizcos que den, está desbordado de arte de lo más auténtico, la “levadura” de la que siempre hablaba Antonio Mairena.

Entonces, con mayor respeto y dignidad todavía, la bailaora está obligada a adueñarse de tan venerable escenario dentro de tan prestigioso festival. Milagros es la más fiel y experta exponente de la esencia de la “escuela sevillana”, prácticamente obra personal de Matilde Coral, que tiene su continuidad en esta bailaora que sigue vendiéndola con autoridad y credibilidad, incluso cuando el baile actual ha tomado un rumbo fuertemente vanguardista.

La “escuela sevillana” que tiene su continuidad en esta bailaora que sigue vendiéndola con autoridad y credibilidad

Una especie de lúgubre popurrí de zambra al estilo de Caracol con la que empezó, fue impresentable e imperdonable. Los dos cantaores caracoleros, uno de ellos que desafinaba hasta en el respirar, tuvieron parte de la culpa. Otra parte la tenía el extraño vestido de alas que lucía la bailaora y que le favorecía poco. Pero el peso del fracaso lo tiene que asumir Milagros Mengíbar, por haberse apartado de lo que es lo suyo: de sus bailes clásicos de compás de toda la vida, de su bata de cola sin la que es como Sansón sin su melena, y de la exquisitez de su magnífica estampa de mujer andaluza garbosa.

Llega Luisa Palicio, joven promesa, discípula de Milagros y competente bailaora. Sin ser nada fuera de este mundo, limpia el aire con su clásico baile por soleá, recibiendo aplausos y gritos de aprobación que tenían que haber sido para su maestra. Luce la primera bata de cola de la noche, recrea el efecto “cámara lenta” de Eva Yerbabuena y representa la estética sevillana con cariño y respeto.

La Mengíbar por fin asume su verdadera personalidad bailaora, elegante y fascinante por alegrías, esta vez con su pareja de baile, la bata de cola. Termina con una larga serie de bulerías de Cádiz, y los cantaores rematan cantando juntos en voces armonizadas. Destacable es Rafael Rodríguez a la guitarra que incorpora hilos de melodías conocidas y temitas insinuados, como hacen a veces los músicos de jazz, sin perder el color del palo.

Más información:

Especial XIV Bienal de Flamenco. Programación, reseñas, fotografías

 

 
 

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