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Compañía Antonio
Gades
Antología: “Carmen”
Sábado, 23 de septiembre, 2006. 2000h. Teatro Lope
de Vega
Especial XIV Bienal de Flamenco de
Sevilla. Reseñas, programación, fotografías...
Texto: Estela Zatania
No todo homenaje, por llamarse homenaje, es apto para el
consumo público, a pesar de todas las buenas intenciones
del mundo. Hace dos días la Compañía
Antonio
Gades ofreció un viaje nostálgico a través
de dos obras clásicas del bailaor y coreógrafo
que hace dos años pasó a la historia como
gran creador y renovador. Aquella noche, sólo por
los pelos, se evitó el desastre más absoluto
gracias al heroico esfuerzo de Adrián Galia, primer
solista del grupo, y un final emotivo que rozaba lo sensiblero.
Lástima que la cosa no se quedara allí con
los sinceros aplausos y gritos de admiración del
público. La aportación del hombre de Alicante
es incuestionable, pero su recuerdo no estuvo bien servido
anoche con la representación de su obra Carmen, estrenada
en París en 1983 y llevada al cine por Carlos
Saura.

La coreografía que fue
novedosa en su día, sigue válida…todos
los aplausos son para Antonio Gades
La
desfasada presentación en el sevillano Teatro Lope
de Vega olía como los restos de comida al fondo de
la nevera que te da pena tirar porque “a lo mejor
alguien lo puede aprovechar”. Pero todos sabemos que
no hay alternativas, y lo que está pasado, pasado
está. No obstante, es un gran error emplear el fracaso
de la reposición de Carmen para demostrar la necesidad
de la evolución en el baile español o el flamenco
de teatro. Viene a la mente el recuerdo de El sombrero de
tres picos y el Bolero de Ravel representados en el penúltimo
Festival de Jerez por la compañía de Antonio
Márquez. En aquella ocasión la extraordinaria
profesionalidad de los componentes y la brillantez de la
producción hicieron que temblara el Teatro Villamarta
y le valieron a Márquez el premio de la crítica
al mejor espectáculo del festival, frente a un cartel
que incluía a figuras tan actuales como Eva Yerbabuena,
María Pagés o Israel Galván.
Científicamente hablando entonces, la grandeza de
Gades sigue intacta y no tenemos más remedio que
culpar a sus herederos artísticos. El papel de Carmen
le quedó muy grande a Stella Arauzo, una bailaora
competente sin más, cuya edad y físico no
se adecuan al papel. La dirección escénica
es irregular e indigna del perfeccionista que fue Gades.
Sólo se salva la escena de la fiesta, una juerga
a la vieja usanza: los cantaores bailan, los bailaores se
disfrazan, cantan, el jolgorio es auténtico gracias
a la naturaleza de la bulería. Por lo demás,
la mezcla de elementos de la ópera clásica
con el baile es genial, y la coreografía que fue
novedosa en su día, sigue válida. Lamentablemente
la dirección artística no reúne condiciones
y todos los aplausos son para Antonio Gades.
Cante de La Unión
Sábado, 23 de septiembre, 2006. 2330h. Hotel Triana.
A la vez que se estaba intentando recuperar el
pasado en el Lope de Vega, al otro lado del río Guadalquivir,
en el Teatro Central, Ara Malikian estaba plasmando un posible
futuro con las notas de su violín en el espectáculo
“Manantial de la felicidad” con la guitarra
de José Luis Montón. Descrito en el programa
como una fusión de música española,
siria, libanesa y turca, contó con la colaboración
de la bailaora Olga
Pericet, las voces de Miguel el Picúo y María
Berasarte, el contrabajo de Miguel Rodrigáñez
y la percusión de Jorge Tejerina.
Y en el patio al aire libre del Hotel Triana, con el fresquito
de una amenaza constante de lluvia, cinco jóvenes
cantaores, anteriores ganadores de la Lámpara Minera,
máximo galardón del Festival
del Cante de Las Minas de La Unión, uno de los
festivales más longevos del país, ofrecieron
sus versiones de clásicos cantes principalmente mineros.
Teniendo en cuenta, no sólo el tiempo inestable sino
los gustos flamencos de Andalucía occidental, el
casi lleno del patio indicó el elevado interés
de los aficionados serios en escuchar cantes que para algunos
resultan ajenos o incluso exóticos.
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Gema Jiménez |
Rocio Segura (arriba) - Rubito
hijo con Antonio Carrión (abajo) |
Con la Lámpara bajo el
brazo, están buscando sendos huecos en un mercado
que tiene poco sitio para el cante tradicional.
El trofeo de la Lámpara es otorgado en La Unión
al intérprete que gana el primer premio en mineras,
y cualquier otro cante minero. De Almería, Jaén,
Osuna y La Puebla de Cazalla son, respectivamente, Rocío
Segura, Gema
Jiménez, Manuel Cuevas, Raúl Montesinos
y Rubito Hijo que llenaron la noche trianera de sonidos
levantinos.
Quizás ocurre con estos cantes como con los vinos
con denominación de origen: se aprecian mejor in
situ. Si la noche anterior el Hotel Triana fue el escenario
de otro recital clásico dedicado a la memoria y los
cantes del sevillano Carbonerillo, la noche minera no alcanzó
el nivel de la anterior. Nuevamente tenemos que culpar,
no al concepto, sino a los intérpretes. Son jóvenes
promesas que se prepararon específicamente para La
Unión con un tipo de voz dulce y lírico que
corresponde a un repertorio determinado, y que ahora, con
la Lámpara bajo el brazo, están buscando sendos
huecos en un mercado que tiene poco sitio para el cante
tradicional.
Además de las esperadas tarantas, tarantos, levanticas,
mineras y cartageneras, hubo fandangos, granaína,
siguiriya y tientos tangos con un admirable surtido de tocaores
que incluían a José Luis Postigo, Antonio
Carrión, Paco Cortés y Eduardo Rebollar.
Más información:
Especial XIV Bienal de Flamenco. Programación,
reseñas, fotografías
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