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Compañía Antonio
Gades
Antología: “Bodas de Sangre”, “Suite
Flamenco”
Jueves, 21 de septiembre, 2006. 2100h. Teatro Lope de Vega
Especial XIV Bienal de Flamenco de
Sevilla. Reseñas, programación, fotografías...
Texto: Estela Zatania
Coreografía e iluminación: Antonio Gades.
Solistas: Adrián Galia, Stella Arauzo, Joaquín
Mulero, Antonio Hidalgo, Marina Claudio, Cristina Carnero,
Cristina Villaplana, Carolina Pozuelo, Maite Chico. Cuerpo
de baile: Lola Guzmán, Marita Martínez-Rey,
Ana Oca, Loli Sabariego, Miguel Lara, Cristian Martín,
Elías Morales, Antonio Mulero, Antonio Ortega, Jairo
Rodríguez. Cante: Gómez de Jerez, Enrique
Pantoja, Manuel Chacón, Juañares. Guitarra:
Antonio Solera, Jesús Heredia.
La antología de obras de Antonio Gades cuya
primera parte fue presentada anoche en el Teatro Lope de
Vega rinde homenaje a uno de los grandes de la historia
del baile español y el flamenco.
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| Stella Arauzo |
Adrian Galia |
A diferencia del cante flamenco que tiene raíces
profundas, el baile se reinventa cada equis tiempo, y la
estética de turno siempre corre el riesgo de quedar
desfasada. Como Israel Galván en el nuevo milenio,
Antonio Gades en su día amplió espectacularmente
el vocabulario del baile, y también contribuyó,
junto con Antonio Ruiz Soler y Mario Maya, a restar lo que
quedaba del factor “pandereta y lunares” del
concepto del flamenco como espectáculo teatral. Si
ahora “Bodas de Sangre” parece un desfile de
lugares comunes, es sólo porque las ideas del maestro
alicantino han generado un sinfín de copias y versiones.
Fue como el huevo de Colón: una vez abiertas las
puertas de la creatividad, toda una generación pasó
por ellas dejando atrás al formato que había
dominado hasta entonces y que había llegado a una
especie de tope psicológico en la persona de Carmen
Amaya. De hecho, en la película Los Tarantos (1963),
protagonizada por la mítica catalana que estaba a
punto de desaparecer, la inolvidable farruca que baila Gades
hace historia y marca el claro comienzo de una nueva era.
Las ideas del maestro alicantino
han generado un sinfín de copias y versiones
Es necesario asimilar todo el peso de este trasfondo para
ubicar el trabajo de Antonio Gades y comprender lo que se
pretende en este merecido homenaje que refleja la evolución
de la estética del flamenco del último medio
siglo, porque no sólo es baile, sino también
cante y guitarra de época. Algunos detalles han soportado
el paso del tiempo mejor que otros. La escena de la boda
es un clásico, y la de la pelea a cámara lenta
que parece un ejercicio de tai-chi, cuando el silencio del
público es tal que hasta el sonido de un boli apuntando
impresiones parece romperlo, no deja de fascinar.

La segunda parte, “Suite Flamenco”, es una
serie de bailes sin guión. Aquí sí
en algunos momentos se nota cierto desfase que incluso roza
lo bochornoso, y casi casi se pierde la complicidad del
público. Dos hombres bailando en pareja por soleá
se ve poco hoy en día. Un número basado en
“Sal que te quiero ver bailar” del Lebrijano
emite un fuerte aroma a los años setenta. Seis hombres
poco coordinados entre sí (culpa de la dirección
artística, no de Gades) provocan la vergüenza
ajena y aplausos que no pasan de educados. Pero el baile
sólido del poco apreciado Adrián Galia pone
las cosas en su sitio. Este buen profesional, aparte de
recordar físicamente a Gades, luce su línea
gracias a una preparación temprana recibida en su
adolescencia de su padre, el bailaor Jorge Luis Caviglia.
La aprobación incondicional
del público…pura nostalgia, historia viva…
Se recrea el tango del Piyayo que Gades elaboró
y popularizó junto a su pareja Curra Jiménez
antes de que ésta formara compañía
propia dejando el puesto a una joven Cristina Hoyos que
estaba destinada a hacer historia con el bailaor. Y como
había sido la moda durante tantos años, el
fin de fiesta no es por bulería sino por rumba, aunque
un bis por bulerías actualiza el ambiente rápidamente.
Hay gritos de “¡viva Antonio Gades!”,
“¡viva el maestro!”, y la famosa falseta
ralentizada con la que Gades empezaba y terminaba las bulerías,
es el colofón auditivo mientras un colectivo gesto
hacia el cielo por fin se merece la aprobación incondicional
del público. Pura nostalgia, historia viva.
Más información:
Especial XIV Bienal de Flamenco. Programación,
reseñas, fotografías
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