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Carmen Grilo / Manuel Liñán
Miércoles, 20 de septiembre, 2006. 2100h. Teatro
Alameda
Especial XIV Bienal de Flamenco de
Sevilla. Reseñas, programación, fotografías...
Texto: Estela Zatania
Carmen Grilo: Guitarra, José Quevedo. Palmas,
Carlos Grilo, El Lúa. Percusión, Paco González.
Manuel
Liñán: Cante, Leo Treviño, Picúo.
Guitarra: Arcadio Marín, Fernando de la Rúa.
La tarde de miércoles, 20 de septiembre,
dos jóvenes promesas tuvieron su oportunidad en el
Teatro Alameda, el espacio escénico que está
sirviendo para una serie de recitales dedicados a los artistas
ya conocidos que siguen luchando para lograr la consagración
definitiva.
Carmen Grilo, hermana de Joaquín con el que interviene
el día 3 dentro de la Bienal, es jerezana aunque
su cante no lo delata fácilmente. Su voz es dulce
y su estilo altamente lírico y adornado, en la línea
de otros cantaores de la nueva ola. En su tierra es conocida
por sus saetas, llenas de emoción y patetismo, lo
cual posiblemente explica por qué en su cante a veces
hay cierto exceso de melisma.
Por bulerías en la línea
moderna y romanceada, es relajada y natural, genial incluso
La farruca con la que abre, cantada libre sin el compás
binario que caracteriza esta forma casi en desuso, es una
creación barroca que parece destinada a lucir el
considerable dominio técnico de la cantaora, pero
el abuso de un exagerado vibrato llega a molestar, y tienes
esa incómoda sensación de que las ansias de
impresionar superan la capacidad interpretativa, un escollo
artístico en que típicamente caen los artistas
más jóvenes.
En unas alegrías que mezclan estilos originales
con alguna tradicional, juega hábilmente y a gran
efecto con los registros aportando contrastes poco habituales.
Por siguiriyas vuelve a acudir al histrionismo con un decir
lloriqueado y forzado que contradice el carácter
oscuro de esta forma básica. Carmen canta estupendamente
bien, pero da más importancia al lucimiento que a
la interpretación, y una vez más el consejo
“menos es más” se sugiere.
Por tientos y tangos sigue la pauta de cante “atacao”,
aunque interpreta con sabiduría unos antiguos estilos
de Triana. En las bulerías con las que cierra, por
lo general en el línea moderna y romanceada, es bastante
más relajada y natural, genial incluso. Destacable
el tocaor Quevedo que aportó detalles contemporáneos
de buen gusto.
La acertada combinación
de apuntes de distintas generaciones que abarca con la soltura
de un veterano
De Granada, una tierra que ha producido bailaores de extraordinaria
calidad como Mario Maya, Manolete o Eva Yerbabuena, llega
el joven pero experimentado Manuel Liñán.
Ha colaborado con Rafaela Carrasco, Marco Flores y más
recientemente, Olga Pericet, y es una de las estrellas más
brillantes del panorama actual del baile.
En unas alegrías tituladas “1980, alegrías”,
el bailaor nacido en dicho año se permite recordar
el pasado que no ha vivido con una coreografía que
refleja algunos detalles retro, contrastando otros absolutamente
contemporáneos. La esencia del baile de este hombre
es precisamente la acertada combinación de apuntes
de distintas generaciones que abarca con la soltura de un
veterano, a la vez que aporta originalidad, un sentido del
humor y auténtica frescura.

La peculiar voz de Leo Treviño, uno de los pocos
cantaores que sale con gafas, es desorientadora a la primera,
pero empieza a involucrarte si te dejas llevar por su estilo
sincero y directo. Comparte un digno solo de tonás
con el cantaor Picúo, y vuelve Liñán
con su versión actualizada del zapateado, único
baile flamenco que carece de cante. Un original dúo
de las guitarras conduce a la soleá que es ambientada
por una voz hablada en off que lamentablemente se entiende
poco. Es una coreografía de formato libre y poco
corriente, aunque la velocidad extra súper ralentizada
deforma el cante y recuerda a la moda de los años
setenta.
Es agradable ver algo que se aparta de lo habitual. Gusten
más, gusten menos, y suelen gustar bastante, Manuel
Liñán y Carmen Grilo están buscando
sendas líneas, mirando hacia el pasado, a la vez
que valientemente reivindican el derecho de ser diferentes.
Más información:
Especial XIV Bienal de Flamenco. Programación,
reseñas, fotografías
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