| 
Fernando Terremoto “Calendario”
Lunes, 2 de octubre, 2006. 2100h. Teatro Lope de Vega
Especial XIV Bienal de Flamenco de
Sevilla. Reseñas, programación, fotografías...
Texto: Estela Zatania
Cante: Fernando
Terremoto. Coordinación musical y guitarra: Alfredo
Lagos. Guitarra: Antonio Higuero. Cajón y batería:
Luis Amador. Contrabajo: Miguel Vargas. Viola: Rafael Fernández.
Palmas: Manuel Salado. Coros y palmas: Encarni Benítez,
Mibe Vargas. Colaboración especial en el fin de fiesta:
Luisa de Terremoto, María Márquez, La Yoya,
La Currita. Artista invitado: Manuel Moreno Junquera “Moraíto”.
Si
la noche anterior en el Teatro Central habíamos asistido
a la actuación de Tomás de Perrate, esta vez
ha sido Fernando Terremoto, hijos los dos de sus respectivos
padres míticos, Perrate de Utrera y Terremoto de
Jerez. Sin ser del mismo pueblo, ambos hombres han exhibido
intenciones y planteamientos básicamente similares.
Por un lado el sincero deseo de presentar una imagen de
respeto por la herencia con cantes clásicos interpretados
con conocimiento de causa y gran cariño. Siguiriyas
y tonás no han faltado, y los dos espectáculos
terminaron con una improvisada fiesta familiar por bulerías.
Por lo demás, cada hombre ha resuelto a su manera
particular el dilema de torear pasado y presente, flamenco
de raíz y flamenco para el gran público, obligaciones
culturales e inquietudes personales.
Fernando Terremoto se arropó con tres guitarristas
sólidos de su pueblo: Antonio Higuero, Alfredo Lagos
y el que más encarna el espíritu jerezano,
un hombre que figura en la lista corta de favoritos de casi
todo el mundo, Moraíto. El cantaor también
llevó el típico coro de voces y palmas, además
de contrabajo, viola y la inevitable percusión. El
recital abre con el grupo al completo, y la aparición
de Fernando provoca una calurosa ovación que refleja
y reitera el peso de las expectativas. Cuando hace exactamente
veinticinco años desde la desaparición de
su padre, llega el hijo a reivindicar su propia visión.
“Calendario” se llama el espectáculo,
y el simbolismo parece obvio.
Inmediatamente la enorme voz del cantaor empapa cada rincón
del Lope de Vega y las personas allí congregadas.
Bulería por soleá, “bulería pa’
escuchar” como dicen los jerezanos, brevemente sin
guitarra recordando como estos cantes, que ni son bulerías
ralentizadas ni soleares aceleradas, se solían cantar.
Empiezan las guitarras de Higuero y Lagos en estéreo,
un tocaor en cada lado del cantaor, recreando el estereotípico
aire de Jerez, con compás como un camión.
El dilema de cómo torear
pasado y presente, flamenco de raíz y flamenco para
el gran público, obligaciones culturales e inquietudes
personales
A continuación Fernando recuerda y versiona una
creación de Camarón de hace treinta años.
“Canastera”, en ritmo ternario con vocación
de tangos lentos, fue muy popular en su día, en cierto
modo la primera pista de la renovación en el cante
que llegaría pocos años después con
La Leyenda del Tiempo. Fernando canta letras propias, pero
cuando el ritmo se acelera “Ha de ser mi compañera…”
trae recuerdos poderosos de toda una época.
Y dale con la percusión por siguiriyas, bueno, serranas
en este caso, a paso ligero pero tradicionales y bien cantadas.
Solo de guitarra por tangos de Higuero, seco y contemporáneo
en la medida justa. Cuando acaba hay un largo bache antes
de que aparezca Fernando con su guitarra. Sabemos que fue
guitarrista en su juventud, pero cuesta asimilar su imagen
de “cantautor”. Nos esforzamos para asimilar
y apoyar el riesgo asumido. Su canción original por
bulería lenta es cortita, y se agradece el esfuerzo
por hacer cosas nuevas y atrevidas, pero preferimos Fernando
cantaor.

Con viola y guitarra, la de Alfredo Lagos, el cantaor interpreta
malagueñas, seguidas de la curiosidad que viene en
el programa como “Seguiriya por soleá”.
El solo de guitarra de Lagos es nada menos que impresionante
– aparte de la música en si y el dominio técnico,
saca un bellísimo sonido de su instrumento.
Vuelve Terremoto con la voz seriamente rozada, pero sigue
valientemente, presentando a “mi primo genial, Morao”,
que aparece con menos pelo y más ange, si cabe. Tientos
clásicos al tres por medio que terminan como antiguamente,
sin la tanda de tangos, y Fernando, con la voz peligrosamente
ronca, no da tregua y se pone al borde de la pista para
ofrecer sus tonás sin amplificación, ni falta
que le hace. La voz disminuida llega a ser su mayor aliada,
aportando un motivo de lucha y matices normalmente ausentes
– un auténtico artista.
Vuelve el conjunto al completo y con la bulería
moderna en tono mayor te preguntas si realmente llegarán
a Santiago, pero el final del trayecto está garantizado
con la participación de las mujeres mayores, sus
volantes y lunares, sus bailecitos y su compás del
barrio.
Más información:
Especial XIV Bienal de Flamenco. Programación,
reseñas, fotografías
|