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Isabel Bayón “La
puerta abierta”
Martes, 19 de septiembre, 2006. 2100h. Teatro Central
Especial XIV Bienal de Flamenco de
Sevilla. Reseñas, programación, fotografías...
Texto: Estela Zatania
Baile y coreografía: Isabel Bayón. Guitarra:
Jesús Torres. Percusión: Antonio Coronel.
Colaboración: Miguel Poveda. Puesta en escena: Pepa
Gamboa.
Otra producción de la Agencia Andaluza para
el Desarrollo del Flamenco fue ofrecida en el Teatro Central
la noche de martes en la XIV Bienal de Sevilla.
En la década de los noventa, las ansias de los bailaores
de hacer algo novedoso en un mercado que se estaba expandiendo
exponencialmente, hizo popular la vanidad intelectual de
aplicar el baile flamenco a rebuscadas premisas, desde las
tragedias griegas o clásicos internacionales, guiones
originales o Lorca que no falte – no se salvaba nadie
ni nada, y demasiado a menudo el buen baile quedó
supeditado al buen teatro. O peor todavía, un baile
mediocre quedó disfrazado de importancia a través
de elementos teatrales incoherentes. “La puerta abierta”
tiene momentos interesantes, pero padece los efectos de
aquella movida cansina y seudo intelectual.
La precisión bailaora
de la que fuera niña prodigio del baile
Si la directora Pepa Gamboa nos trajo su puerta giratoria
en otra producción de la Agencia Andaluza, “El
eterno retorno”, ahora es una puerta “abierta”
al fondo del escenario que sirve de foco visual a lo largo
de la obra. Otros ingredientes incluyen las voces grabadas
de los cantaores clásicos Periñaca y Agujetas
(no vayan a decir por ahí que ignoramos las raíces)
o la repetida y gratuita provocación de la bailaora
que se cambia de ropa entre números directamente
en el escenario (¿quién se da cuenta de que
el guitarrista está tocando un solo?).
La precisión bailaora de Isabel Bayón, niña
prodigio que fuera, en lugar de enriquecer, impide que rompa,
que se arriesgue, que emocione. Un baile de martinete y
otro de las Variaciones Goldberg pasan como ejercicios de
ensayo, pero cuando entra Miguel Poveda por soleá,
el flamencómetro se dispara. Por el triángulo
dorado del cante y de la gitanería que es demarcado
por las provincias de Sevilla y Cádiz (a pesar del
espectáculo inaugural de la Bienal donde se olvidó
de incluir la escuela gaditana), dirán que Poveda
no lo hace como aquí abajo, y cierto es. El catalán
se ha inventado una identidad flamenca absolutamente relevante
y viable, ha madurado maravillosamente, ya no imita los
cantes del bajo Guadalquivir sino que los hace a través
de su propia visión, sirviéndose de los cánones
para plasmar una perspectiva personal, siempre con el mayor
respeto hacia los elementos fundamentales. La Bayón
baila al fondo del escenario como una nota al pie, mientras
Poveda canta en la parte delantera, una curiosidad popularizada
por Andrés Marín que sabe que en el flamenco,
el cante siempre protagoniza.
El cantaor de Badalona está
en su mejor momento
En la milonga, Poveda vuelve a robar toda la atención
incluso cuando la bailaora luce un elegante vestido negro
y guantes largos. Después de una transición
sin costura, y un cambio público (pero decente) de
vestido, suenan alegrías y baila Isabel al cante
sabroso de Poveda, uno de los pocos cantaores no gaditanos
que logra captar algo de ese sabor particular. Irrumpe de
pronto la voz de Agujetas, pero el simbolismo no acaba de
cuajarse, y las alegrías siguen su marcha.
Quizás el momento más destacable, si hay
que elegir “the best”, llega, no a través
del flamenco, sino en el pasodoble que canta Miguel a la
Bayón. De repente bailan “agarrao” un
clásico pasodoble, y el Central rebosa de la euforia
del público ante tan bella imagen. El carisma del
catalán parece derretir el hielo de la sevillana
y por unos instantes se vislumbra lo que hubiera podido
ser “La puerta abierta”.
Nuevamente suenan la Periñaca y Agujetas por tonás,
y de pronto los artistas están saludando - un final
brusco y poco elaborado que hace que se retrasen los aplausos.
En el fin de fiesta a palo seco Poveda vuelve a demostrar
que la noche es suya. Su cante por bulerías es auténtico
y multidimensional, cortesía de Jerez donde el joven
ha tenido el buen gusto de mamar, y en su pataíta
abundan las sutilezas y el buen humor. No cabe duda, el
cantaor de Badalona está en su mejor momento, y ole
por no rechazar la oportunidad de cantar para baile como
hacen otros cuando llegan a figura.
Más información:
Especial XIV Bienal de Flamenco. Programación,
reseñas, fotografías
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